OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «El Gobierno de Sánchez: ¿la nueva Torre de Babel?»

Torre de babel

Antes de desgranar el título de este artículo y explicar el porqué del mismo, no vendría mal –aunque este pasaje bíblico es recordado y conocido por casi todo el mundo— evocar someramente la historia bíblica de la “Torre de Babel” tal y como nos la enseñaron en la escuela, cuando éramos pequeños y en aquella asignatura que a casi todos nos gustaba, llamada “Historia Sagrada”..

Babel, mencionada en la Biblia (del hebreo “balbál”, que significa “confundir”), es la denominación bíblica de Babilonia y fue una antigua ciudad de la región de la Baja Mesopotamia (actual Irak), sita entre los ríos Tigris y Éufrates –de ahí su nombre en griego de “mésos”, en medio de y de “potamós”, rio y, todo junto: “ciudad en medio de ríos–. Según relata el Libro del Génesis, fue fundada por Nimrod (1480-1450 a. C.) un poderoso tirano bisnieto de Noé y considerado como el primer rey de la Historia que se oponía a Yahveh. La ciudad ha pasado por la tradición oral, a la historia y al “imaginario”, como una inmensa y descomunal torre, para aquel tiempo, que pretendía alcanzar el cielo: la “Torre de Babel” (la Torre de la Confusión).

Su historia está orientada a explicar por qué los pueblos del mundo hablaron y siguen hablando diferentes lenguas. Según el relato bíblico—atribuido a Moisés– la humanidad quedó casi extinta después del “Diluvio Universal”. Fue gracias al Arca construida por Noé y su familia –por mandato divino– en la que él y siete integrantes de su familia sobrevivieron a la catástrofe diluviana. Los descendientes de Noé, como únicos seres humanos vivos del planeta, se desplazaron hasta la llanura de Senaar unos 300 metros del río Éufrates. Todos hablaban un solo idioma, el “khoisan” (el lenguaje más antiguo de la historia de la humanidad) y no tenían problemas para comunicarse y entenderse, pero llevados de su orgullo, ambición, prepotencia, y, sobretodo, cegados por el deseo de venganza contra Yahveh por las muertes de los que perecieron en el Diluvio decidieron construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo y desafiara el poder de Yahveh y, en caso de un nuevo diluvio poder subirse a ella y salvarse..

Algunos eruditos modernos–como Stephen L. Harris y el experto asiriólogo Samuel Noah Kramer– afirman que la historia bíblica de la Torre de Babel fue probablemente influenciada e inspirada por el “Etermenanki” –el zigurat de Marduk— un edificio descomunal ligado al templo y usado como observatorio astronómico que fue construido durante el cautiverio babilónico de los hebreos, ya que presenta muchas similitudes con el pasaje bíblico, y en él se menciona una explicación de la famosa “confusión de lenguas” de Babel.
El Gobierno de Sánchez presenta muchas más coincidencias–con lo que ocurrió y porqué ocurrió en la Torre de Babel– que las sugeridas por los eruditos historiadores y asiriólogos mencionados. A diferencia de ellos –todos y cada uno de los 22 ministros más el presidente a la cabeza—imbuidos de un desorbitado orgullo, de una desaforada prepotencia, de una ilimitada ambición, de una laxa ética y de una doble y rastrera moral acompañada de una incontrolada tendencia a mentir siempre y a falsear la realidad, sí o sí, en su propio beneficio y nunca en favor del pueblo, todos sin excepción alguna, no han sido , de momento, castigados con ninguna confusión de lenguas y nos siguen gobernando desde el “camarote de los hermanos Marx”, pero en su peor versión.

.El desorden entre los distintos ministerios, el embrollo de sus ministros con tantas mentiras y contradicciones, la confusión que provocan por doquier con sus decisiones, los follones que montan con sus continuos rifi-rafes en los debates parlamentarios y el invariable “ponerse de perfil” ante los graves problemas sociales, sanitarios y económicos que nos acucian –para encubrir sus miserias, sus ineptitudes y su falta de responsabilidad ética y política– les hacen merecedores de los siguientes títulos: el Gobierno de la “Torre de Babel”, el de la “diarrea mental” o el del “camarote de los Hermanos Marx”. Se puede elegir el que prefiera cada uno—según su filia o fobia—o los tres al mismo tiempo… ¿por qué no? Este galardón—y no precisamente cinematográfico– se lo han ganado todos a pulso, sin apenas esfuerzo ni por castigo divino, desde el mismo presidente, Pedro Sánchez, hasta el último de sus ministrillos.

Por estar últimamente en el candelero de todas las noticias, nombraré hoy, al comunista y ministrillo Garzón, ese que se supone que es y debe velar por el bienestar de los ciudadanos y, sin embargo, está “desaparecido”– y no en combate, como debería ser—contemplando impertérrito desde su platea ministerial , cómo el recibo de la luz sube, sube y sube hasta llegar, como hoy, a pagarse a 152,32 euros el MWh. ¿Dónde están esas múltiples cabezas pensantes del Gobierno para afrontar este problema? ¿A qué instancias–de capacidad y voluntad política superiores– hay que recurrir para aprobar y ejecutar todas esas medidas urgentes y necesarias? ¿Acaso no es el titular –por obra y gracia del omnipotente y megalómano Sánchez– de un ministerio llamado Consumo, cuyo objetivo principal es la protección y defensa de los derechos de todos los consumidores españoles…? ¿Pretende montarles, como acostumbra, una manifestación callejera a sus compañeros de gabinete como ya lo intentó con su excompañero el ex ministro Illa?

Está visto que los faroleros dirigentes del PC y de Unidas Podemos no terminan nunca de aprender ni de asumir que en política—con mayúsculas– no se puede tener un pie– el izquierdo– en el poder y el otro—el derecho– en la oposición. ¡O leche o pan…pero sopas, no, por favor! ¡Ver para creer! ¡Tirar piedras contra su propio tejado…no se le ocurre ni al que asó la manteca! ¿Entienden ahora lo de la diarrea mental y política de nuestro Ejecutivo? No se trata solo de la confusión de lenguas, que también podría ser –pues con tanto dialecto catalán, gallego, vascuence, valenciano, bable asturiano y mallorquín, aquí ya no se entiende ni la madre que nos parió– sino simple y llanamente de una “diarrea mental política y colectiva” de todo el Gobierno que “enmierda” todo lo que dice, hace y hasta lo que planea.

La izquierda, esa que congeló las pensiones y que por poco se las carga, ahora, revestida con la coraza del Cid Campeador, se lanza ufana a la calle a defender no sé qué… Y mientras tanto vengan impuestos y más impuestos, ora en forma de subida de la luz, ora en forma del IVA, ora en las tasas Google, ora en las bebidas azucaradas, ora en los carburantes, ora en los seguros y, ora en los disparates y desvaríos que se les ocurra al último tonto, “tonta o tonte” de turno que llega, y que a diferencia de las “meigas”, “hay los”,” hay las”, “hay les” y, además “se ven”. ¿Cómo es posible que no se pueda estudiar ni pasar consulta médica en español en una gran parte de España? ¿Cómo se explica que en Galicia, desde los tiempos de Fraga, no haya un cartel en español y qué en la Pitiusas—las de los aguerridos honderos—y en el reino de Valencia y condados catalanes ruge cada vez más fuerte la “marabunta” del independentismo, del separatismo y del odio a España? ¿No les parece de una supina incongruencia rayando en el esperpento que el “Govern balear”, presidido por la tal Armengol, despida a médicos españoles porque no hablan la “universal lengua catalana” y para sustituirle estén contratando a médicos latinos, que en algunos casos, no tienen el título homologado? Claro, sin duda se debe a que estos profesionales ya vienen de sus respectivos países con el B1 de catalán bajo el brazo para que “Endavant”—esa organización independentista y pancatalanista de ultraizquierda no les denuncie. Si no es así, que alguien me lo explique, por favor. Y mientras todo este batiburrillo coexiste y nos confunde –como si de una nueva Torre de Babel se tratara– aparece y acude –cual “mosca cojonera a un panal de rica miel”—el orfeón de las feminiácrátas vociferando y exigiendo –casi hasta llegar al clímax— la castración colectiva de los varones como única solución al machismo cavernícola que nos invade (¿?) y la igualdad a través de una lengua sin género o “lenguaje inclusivo” como les gusta denominarlo a las postmodernas feminazis a pesar de que la RAE lo rechaza.

¡Ah! y se anulan todas las memorias históricas provinciales, comunitarias y nacionales, salvo las oficiales, sí las de ellos, de un plumazo y por ley. Y por la misma ley de “dame y toma”, elevan la Segunda República a los altares y descienden al último círculo del infierno de Dante y del olvido todo lo que pasó realmente en el 36. Una y otra vez, ¡a la mierda Franco y sus secuaces fascistas! mientras Largo Caballero –uno de los máximos responsables de la Guerra Civil y de los miles de españoles ajusticiados con el tiro de gracia en las “checas”– se luce ostentosamente en la madrileña Castellana.

¿Y qué no decir que la “Ada”—y no la madrina de Cenicienta, que era buena, noble y generosa—sino la “Colau” de turno, haya dado la orden de quitar del callejero la Avenida de los Reyes Católicos? Esto sería casi insuperable, si no fuera por su altruista labor a favor de la “okupación” de viviendas, entre otras de sus manifiestas bondades. Y por si faltaba algo – y aunque en esta ocasión ni éramos pocos ni parió la abuela—¿qué decir del diario bombardeo con las múltiples e inútiles encuestas blanqueadas que nos sumen en la más absurda perplejidad e idiocia? La vergonzosa impunidad de los ERE, la reapertura de casos de desaparecidos, de las violaciones grupales homofóbicas –un día sí y el otro también—de la vergonzosa huida hacia a tras de nuestro presidente, veraneando de palacete en palacete y poniéndose de perfil sin dar la cara –hasta bien pasados cinco días– ante la toma de Kabul por las milicias talibán. Desde su particular torre de “babel” (el diccionario de la RAE define la palabra “babel” en minúscula, como sinónimo de “caos” y “desorden”) Sánchez y su Gobierno nos siguen informando de cosas, de muchas cosas, sí, de todas ellas, menos cómo ordenar todo este galimatías por orden de relevancia y valor. Cuando esto no se puede hacer –sea por lo que sea– es que sin duda estamos en una fase aguda de “diarrea mental política”.

¿Cree alguien que es posible remendar la actual y difícil convivencia nacional desde esta extremadísima desintegración cerebral que nos afecta? Nuestra España necesita –yo así lo creo— de hombres “buenos, justos y demócratas” o de un bipartidismo real, serio y constitucional–fundado en la libertad, en la justicia y en la libertad– para que nos curen de este gravísimo mal diarreico. De no hacer nada, esto puede llevarnos a la tumba y a la destrucción total. Cuando esto no se puede hacer –sea por lo que sea– es que sin duda estamos en una fase aguda de “diarrea mental política” en la que los tratamientos usados carecen de resultados. A propósito de todo este caos ideológico y de esta amoral anarquía, me viene a la memoria una frase que nos repetía mi catedrático de Psiquiatría en quinto de Medicina en Granada:

“Hace unos días un paciente ingresado en nuestro Servicio del Hospital Clínico de San Cecilio, me decía: Dr. Rojas, páreme el mundo que quiero apearme de él”. “Y Eso que estaba loco”, terminaba apostillando nuestro catedrático Hoy habría cambiado el “mundo” por “España”.

No obstante, quiero terminar este artículo con unos versos –ligeramente modificados- del inmortal Pedro Muñoz Seca en su maravillosa, irónica e hilarante comedia, la “Venganza de Don Mendo”, cuando decía:

“Señor presidente Sánchez, cesad en vuestra aventura, porque aventura es aquesta que dura, porque perdura el bodoque en mi ballesta…” Y a una señal solo mía, dispararán a porfía mis certeros ballesteros, y acertarán de tal guisa, que rodarán por el suelo el gabinete completo, ministros y secretarios y hasta el último cerbero” “Para asaltar democracias, abolir autonomías y desmantelar España, vuestros Quiñones son pocos y hacen falta más Quiñones!”.

Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado y periodista.

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