OPINIÓN

Efrén Díaz Casal: «La prelatura española no tiene sitio en la Iglesia ni entre gente civilizada»

Efrén Díaz Casal: "La prelatura española no tiene sitio en la Iglesia ni entre gente civilizada"

Prelados de la Iglesia Española:

Tratando de defender a la Iglesia de vetos municipales a sus actos religiosos en la vía pública como ha ocurrido con mi parroquia castrense al tiempo que respetar la ley, durante más de los 3 últimos años he enviado a ustedes la correspondiente información documental relativa a la realización de actos religiosos en la vía pública, solicitándoles hasta la saciedad su tramitación según lo dispuesto por la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión.

Las escasas respuestas que he recibido se caracterizan por sus palmarias evasivas, hoscas falacias, incoherentes desatinos y estériles circunloquios, tan ajenos a mis planteamientos como huérfanos de solución o conclusión alguna ni esperanza de alcanzarla.

Durante más de los 3 últimos su conducta al respecto se traduce en una contumaz vulneración de la precitada Ley Orgánica 9/1983 sin una sola respuesta racional, deferente y ajustada a derecho que evite toda crítica, en tanto que ustedes persisten en la vulneración de la citada Ley Orgánica 9/1983 y en la falta de respeto al prójimo que trata de defenderla e impedir que la Iglesia Española se mancille con su reprobable ejecutoria.

Ustedes infringen la doctrina de Jesucristo contenida en el Evangelio de San Marcos 12,13-17, cuando dijo a sus discípulos “Dad a Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios, es decir que todas las personas, por haber nacido en un Estado determinado, tienen la obligación de respetar a sus conciudadanos, a las leyes, a sus gobiernos, a su historia, a  sus valores y símbolos patrios, aportando cuanto esté a su alcance para contribuir a la prosperidad del Estado al que pertenecen, a lo que se suma la máxima apostólica: Ser buenos cristianos para Dios y buenos ciudadanos para el mundo”.

Ustedes quebrantan la Epístola de San Pablo a los Romanos 13:1–7, “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad que no provenga de Dios; y las que hay, por Dios han sido constituidas. Así que, el que se opone a la autoridad, se opone a lo constituido por Dios; y los que se oponen recibirán condenación para sí mismos. Porque los gobernantes no están para infundir el terror al que hace lo bueno, sino al que hace lo malo. ¿Quieres no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás su alabanza; porque es un servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no lleva en vano la espada; pues es un servidor de Dios, un vengador para castigo del que hace lo malo. Por lo cual, es necesario que estéis sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por motivos de conciencia. Porque por esto pagáis también los impuestos, pues los gobernantes son ministros de Dios que atienden a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

El cenit de sus despropósitos, que supera los límites de lo demencial, es que en el Manual para la gestión policial de la diversidad religiosa [GESTIÓN POLICIAL DE LA DIVERSIDAD RELIGIOSA (esmadrid.com)], editado en diciembre de 2018 por el Área de Gobierno de Salud, Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid y elaborado por la Unidad de Gestión de la Diversidad de la Policía Municipal de Madrid con la colaboración de entidades de distintas confesiones religiosas, entre ellas el Arzobispado de Madrid, en cuyas páginas 47 y 48 figura:

3.2.1 Reunión de personas por celebración religiosa.

El uso de la vía pública por comunidades religiosas puede deberse a la celebración del culto al aire libre o a la celebración de festividades que en ocasiones requieren la realización de un itinerario determinado.

Las entidades religiosas que deseen reunirse o manifestarse deberán cumplir con los requisitos dispuestos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, entendiéndose por reunión la concurrencia concertada y temporal de más de 20 personas, con finalidad determinada.

Es decir que ustedes y el Cardenal arzobispo de Madrid, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, abjuran de lo que ustedes mismos dicen. Así ¿quién les va a creer si ustedes no cumplen lo que dicen?

En las claves de las orientaciones pastorales del documento titulado “Fieles al envío misionero”, aprobado por ustedes en la Asamblea Plenaria del pasado mes de abril para los cuatro próximos cursos pastorales, figura “en los últimos años se ha dado un gran cambio social que ha generado una sociedad desvinculada, desordenada e insegura en la que crece la desconfianza y el enfrentamiento”, con lo que demuestran ser unos auténticos hipócritas que tratan de camuflar su reprobable ejecutoria, o pobres ignorantes que no se enteran de lo que ocurre a dos palmos de sus narices ya que, sin pretenderlo, se acusan a sí  mismos del cambio social que deploran.

Les creía más inteligentes: ¿cómo no va a crecer la desconfianza y el enfrentamiento en la sociedad si ustedes son los primeros que lo fomentan vulnerando nada menos que una Ley Orgánica y ofendiendo la dignidad del prójimo sin responder a sus misivas en las que les solicita su acatamiento?

Resulta tan inexplicable como tristemente sarcástico que, tratando de defender a la Iglesia, me dispensen un trato diametralmente opuesto al que otorgan a los enemigos de España que induce a dudar que ustedes sean españoles y profesen la fe de Cristo que, por tantos motivos como los de ustedes, expulsó a los mercaderes del templo a latigazos. Si tienen alguna razón que justifique su detestable proceder, expónganla o rectifiquen públicamente defendiendo la fe y respetando la ley y al prójimo; lo contrario sería una evidente confesión de culpabilidad.

El comportamiento descrito, transgresor de leyes divinas y humanas, que incita más a la aversión que a la adhesión, revela un insuperable nivel de degradación moral que, dadas las circunstancias, les incapacita para representar a la Iglesia de Cristo.

Su proceder, impropio de pretendidas dignidades eclesiásticas, subordina la ley a sus intereses a fin de evitar cargas fiscales infringiendo los principales objetivos eclesiales de contribuir a la paz y fraternidad entre los hombres e inculcarles el sentido de responsabilidad personal, cívica y social.

Están ustedes herrados (sic), su lugar no es la Iglesia Católica cuya imagen y prestigio mancillan reiteradamente a pesar de mis numerosos requerimientos para impedirlo, en evidente pugilato de infamias con un tal Javier Novell Gomá, exobispo de Solsona, y los eclesiásticos condenados por delitos sexuales u otros, ni entre cuantos tratamos de defender a la Iglesia y a la ley soportando sus injustificadas ofensas a nuestra dignidad en tantas cuantas ocasiones se les presentan.

La cosecha, más bien rechazo que su labor pastoral merece, está recogida en la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas del pasado mes de julio: el 40% de españoles son ateos o no creyentes, la cifra más alta hasta ahora, mayor incluso que durante el gobierno de su encarnizado enemigo el gobierno del Frente Popular en la II República, triple que la de hace pocos años, con una minoría del 16,7%  de practicantes. ¿No se les cae la cara de vergüenza?, ¿no van a rectificar?.

Si aún les queda algo de decoro tienen la inexcusable obligación de desaparecer, no solo del escenario eclesiástico sino del mundo civilizado: será un gesto que la Iglesia y los católicos españoles agradeceremos.

Además, parece conveniente que hagan una visita al psiquiatra.

Efrén Díaz Casal

Coronel de Infantería (R)

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