LOS TENTÁCULOS DEL REINO DE ESPAÑA LLEGABAN HASTA ESTAS TIERRAS

El Camino de Santiago en Gante y Amberes, dos ciudades de España en el siglo XVI

El Camino de Santiago en Gante y Amberes, dos ciudades de España en el siglo XVI

De origen celta, Gante y Amberes son bellas ciudades que en el Medievo se vieron favorecidas por el esplendor de un puerto con gran movimiento, y el centro de fabricación de tejidos más importante de Europa. Conocer la historia facilita que el viajero se encuentre casi como en casa. Los tentáculos del reino de España llegaban hasta esas tierras, y los Tercios de Flandes fueron muy temidos por su disciplina y preparación para la guerra, a pesar de las enfermedades, la escasa alimentación y la ausencia de ideales propios.

La lluvia había lavado los adoquines que brillaban al sol reflejando las fachadas coloreadas de las casas típicas de Gante, a media hora en tren desde Bruselas. El nombre tiene su origen en la palabra ganda que alude al espacio situado en la confluencia de los ríos Escalda y Lys.

En el siglo XIV era, después de París, la ciudad mayor de Europa al norte de los Alpes. En la actualidad cuenta con numerosos edificios históricos y una intensa vida cultural. Es una urbe ideal para rebuscar en las librerías de segunda mano. Hay una gran variedad de tiendas, museos, restaurantes, y bares donde se puede escuchar jazz mientras se toma una copa.

Son muy agradables los paseos por los canales en sus barcazas blancas, y el recorrido por las callejuelas del casco antiguo de atractivo colorido. El paseo a pie pone al alcance de los sentidos todos los antojos: de comer, de beber y de comprar. Las pequeñas tiendas son una delicia.

Hacer el Camino suponía una predisposición al encuentro de algo que, sin conocer bien su esencia, atraía hasta los confines del Océano Tenebroso a peregrinos de todo origen, condición y creencia.

En uno de los salones del hotel, tapizado en verde musgo y oro, las chicas señalaban en el plano de Amberes los lugares que iban a visitar, mientras tomaban unas tazas de té rojo con sabor a frutas. Esta vez iban a prescindir del viaje organizado. Las ciudades de Flandes estaban muy bien comunicadas y el tren era cómodo y rápido.

Los canales son el alma de Amberes y su origen está unido a ellos. Cuenta la leyenda que un gigante llamado Drupoon Antigoon vivía al lado del río Escalda y cobraba peaje a los barcos. Cuando alguno se negaba al pago, el coloso le cortaba la mano al capitán y la arrojaba al río. Un día, el centurión romano, Silvio Brabo, cansado de las acciones del titán, le cortó la mano y la lanzó al río, como él hacía con sus víctimas. Una estatua en la Plaza Mayor recuerda esta leyenda. El lugar es de gran belleza, sobre todo, los domingos, por el mercado de las flores bajo la fuente de Brabo.

Amberes fue un gran centro comercial. Los ingresos de la Corona española por el puerto eran similares a los que entraban por las minas de plata de Potosí. En la actualidad continúa siendo uno de los puertos más importantes de Europa.

Una de sus industrias relevantes es el tallado de diamantes, que atrae a muchos turistas a visitar sus talleres. Los judíos sefardíes son los grandes magnates de esta industria.

Los edificios catalogados por su historia y arquitectura constituyen una gran riqueza. La mayoría están concentrados en el barrio Zurenborg, donde hay más de ciento setenta.

Los viajeros ambientan las calles. Abundan las tiendas, los restaurantes y los bares donde se degusta la cerveza típica De Koninck, de la que existe una gran variedad con diferentes matices de sabor. Como en el resto de las ciudades del Benelux, es típico beber vino caliente con azúcar.

Rubens es uno de los símbolos de la ciudad y está presente en muchos rincones. Aunque no es amberino, vivió y desarrolló su obra allí. La Casa-Museo de Rubens alberga obras del autor y objetos personales. Sus restos descansan en un sepulcro en la iglesia de Santiago.

Amberes es también una ciudad importante en la Ruta Jacobea. La iglesia de Santiago (Sint-Jacobskerk) es gótica del siglo XV. Inicialmente fue hospital de peregrinos. El interior aloja mármoles, pinturas, y además del sepulcro del citado pintor hay otro que exaltó el patriotismo de nuestros protagonistas: el del español Francisco Marcos de Velasco y Alvear, gobernador de la ciudad durante catorce años en el siglo XVII. Se acercaron con curiosidad a leer su lápida en castellano. Aquello había sido suelo español y se sentían orgullosos. Sabían que los Tercios de Flandes eran temidos por su bravura, y que a los niños belgas, cuando se portan mal, en lugar de amenazarlos con el coco, les dicen «que viene el duque de Alba». Pero los hechos hay que analizarlos en su contexto histórico.

Estando tan lejos de Santiago de Compostela, les hizo ilusión ver la vieira incrustada en la pared y entrar a sellar la credencial. Faltaba mucho recorrido para llegar ante el Apóstol. Vivencias inesperadas aguardaban turno para instalarse en sus vidas para siempre.

Sergio había comprado casi una docena de libros de segunda mano, uno para mí sobre plantas medicinales y alucinógenas, repleto de anotaciones en francés. En el interior había una carta dentro de un sobre azul. Seguro que procedía de una venta de la biblioteca de un muerto cuyos herederos ni se habían preocupado por preservar la privacidad de su contenido. En los puestos de libros viejos de los mercadillos, me gusta pararme y abrirlos. Muchas veces encuentro recordatorios de primera comunión o mortuorios que me hacen reflexionar y preguntarme quién heredará mi biblioteca; quién venderá mis libros en mesas improvisadas en las ferias, y si alguien se preguntará a quién pertenece el nombre de la postal que señala una página que un día me interesó. Quizá por eso tengo la costumbre de dejar pequeños recuerdos en los libros, en forma de billetes de metro, facturas de tintorería y estampas de todo tipo, aparte de los marca páginas clásicos. Es una especie de juego, un guiño a futuros jugadores que ni siquiera existen todavía.

(De mi novela El Códice de Clara Rosemberg).

 

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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