OPINIÓN

Pablo Delgado Escolar: «¿Sin salida?»

Pablo Delgado Escolar: "¿Sin salida?"

En una sociedad avanzada, sus componentes suelen disfrutar, en mayor o menor grado, de un satisfactorio estado de bienestar. He ahí la situación que hemos gozado en nuestro País, gracias al buen hacer de nuestros antepasados. En la medida que nos invaden politicuchos demagogos, el nivel de confort decae, la sociedad retrocede en su progreso y disminuye el bienestar de los ciudadanos. En Europa han aumentado un 70% el número de personas que duermen en la calle en el periodo de los 10 últimos años. Este es el horizonte que oteamos con la obsesión por gobernar de unos irresponsables taimados.

Pero es otra la intención que tengo con este escrito, relacionado con la sociedad del bienestar, y es la exclusión de la misma de algunas personas por circunstancias muy diversas; es como si en ella existiera una fisura por dónde se escapan algunos moradores. ¿Hay alguna razón legal o ética para que esto ocurra así? A veces nos encontramos alguien que mora en la calle y no lo hace por placer, más bien porque no tiene otro lugar dónde hacerlo; afortunadamente son muy pocos, pero aunque fuera uno solo, ya es una injusticia. Con ello se incumple el artículo 47 de nuestra Constitución y los poderes públicos tienen la obligación ineludible de poner fin a esa situación. Recordemos que nuestro gobierno sostiene 23 ministerios, la mitad de los cuales no sirven para nada; también 1.252 asesores, nombrados a dedo, el 85% sobrante, con un costo de 7,1 millones de euros. ¿Cuántas viviendas dignas podrían subvencionar con ese importe? Podríamos examinar las Comunidades Autónomas con la misma vara de medir y nos daría resultados semejantes. Recordemos que en España hay unas 40.000 personas sin hogar y sin posibilidad de trabajar, pues si no aportan un domicilio, no les dan trabajo. Se encuentran en una extrema emergencia humanitaria. Hay que tener presente que poseer una vivienda nos es sólo refugiarse del frío y la lluvia, es también crear y proteger a una familia, tan vilipendiada en estos tiempos, es tener un HOGAR.

Las actuaciones públicas deben dirigirse hacia una irrenunciable protección social y ocuparse en conocer las necesidades del más vulnerable, sin pensar en política, sin fijarse exclusivamente en las próximas elecciones; es decir pensar en personas y no en votos.

Pero una vez dicho esto, hay que fijarse en algunos “sin hogar” que a veces se escudan y amparan en los verdadero vulnerables para delinquir y con una clara (ahora sí) protección administrativa a esa fechoría. Me refiero a los okupas que no les importa poner en la calle a los verdaderos propietarios de una vivienda para meterse ellos. Estos ensucian el comportamiento de los honestos. A estos les defienden algunos mandatarios irresponsables que permiten mantener en la vivienda a este delincuente y no le agarra de la oreja para ponerle de patitas en la calle. Ayuda y protección social SI, pero ayudarle a transgredir NO.

Pablo D. Escolar

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