OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «¿Nuclear…? ¡Sí, gracias! Par (II Parte)»

Pedro Manuel Hernández López: "¿Nuclear…? ¡Sí, gracias! Par (II Parte)"

Pese a lo mal acostumbrados que nos tiene Sánchez y su gobierno –pues nos mienten en todo y por todo–, ya saben lo que nos aconseja el refranero popular y, este — que no suele mentir, ni fallar, ni mucho menos equivocarse– nos recuerda hoy más que nunca, que: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Por si acaso, no estaría de más que, pese a las tranquilizadoras palabras de nuestra ministra, el Gobierno se fuese planteando, muy seriamente, alargar los años de vida de nuestras agonizantes y actuales centrales nucleares y, al mismo tiempo proyecte y diseñe a medio plazo, la construcción de nuevas centrales de “generación III” y, a largo plazo las de “IV generación” (de15 a 25 años), cuyos diseños no estén exclusivamente orientados a la producción de energía eléctrica, sino que tengan otras aplicaciones, como la generación de hidrógeno, grandes sistemas de transportes o, simplemente generación de calor.

Y ante todo esto ¿dónde quedan y cuál es el papel de las energías renovables tan cacareadamente defendidas, saludables y ecológicas defendidas por los gobiernos socialista y apoyado por los extremistas y radicales ecologistas de siempre? ¿Por qué nos acordamos ahora –como si de Santa Bárbara se tratase y estuviera tronando y relampagueando—de las peligrosísimas y desdeñadas energías nucleares de antaño? Llanamente porque nos hallamos inmersos en una importante crisis energética y a punto de un importante “apagón energético” (con destacadas repercusiones económicas), tanto por el cambio climático –supuestamente producido por la quema del carbón, petróleo o gas natural, como por el precio de los carburantes domésticos y de la locomoción—carburantes, que la Química, hoy por hoy, está aún muy lejos de producirlos de manera abundante y competitiva. Lo mismo podemos decir de la producción de la energía eólica y de la fotovoltaica, ya que esta depende de las variables y caprichosas condiciones meteorológicas y, por desgracia, no todos los días hace viento ni el sol calienta igual.

Si el gobierno de Felipe González no hubiera paralizado con su “moratoria nuclear” los proyectos nucleares, ahora nos vendrían muy bien y no tendríamos que estar quemando gas, cuyo precio está alcanzando orbitas siderales. El detonante fueron tres excepcionales accidentes nucleares: Harrisburg (1979), Chernobyl (1986) y Fukushima (2011). El primero –debido a un error humano que no se ha vuelto a repetir en Occidente, porque obligó a muchos cambios—fue el más grave de la historia nuclear de los EE UU. El segundo, a la combinación de un mal diseño del reactor, a la falta de un recinto de contención, y a una cadena de despropósitos en el marco de un régimen soviético en franca decadencia, sin agencia de seguridad independiente. Por último, Fukushima nada tiene que ver con lo anterior. La central japonesa se construyó en una zona sísmica y hubo un tsunami. El material radioactivo no salió al exterior porque había “vasija nuclear”(recipiente principal que contiene el núcleo del reactor con su refrigerante/moderador a presión) y se activaron todos los protocolos. A pesar de aquellos graves accidentes, actualmente hay 442 centrales nucleares que funcionan correctamente y que suministran el 11% de toda la energía mundial,

Resulta altamente curioso y digno de estudio, que González –el que fuera presidente del “grupo de reflexión europeo” y ex presidente español—ahora defienda, a capa y espada, el uso de la “energía nuclear”, sí o sí, en contra de la tesis de su líder de partido– que no amigo– y expresidente del Gobierno, Zapatero. Ahora opina, cree y afirma que “la nuclear es mucho más razonable y conveniente que las otras y, que es un catastrófico error que no se quiera debatir su uso” (sic). Sr. González, hoy yo no le digo aquella “aznarense” frase de ¡Márchese, Sr. González, márchese!, porque ya no está Ud. en el Gobierno, pero lo que sí le digo es que: ¡Con más centrales nucleares no estaríamos como estamos! Aplíquese Ud. el cuento, Sr. González, vístase de saco, cúbrase de ceniza y entone un “mea culpa” –en señal de remordimiento “moratorio nuclear” y pida perdón públicamente a todos los españoles– aunque aún no estemos en Cuaresma.

Junto al liderazgo en generación de electricidad y en horas de funcionamiento, es muy relevante destacar que la producción eléctrica nuclear supone entre un 30% y el 40 % de la electricidad total libre de emisiones, generada en España, evitando así, cada año la emisión a la atmósfera de unos 30 millones de toneladas de CO2. En la última década, la energía nuclear viene aportando una quinta parte de la electricidad que consumimos de manera constante, sin intermitencias y libre de CO2. Parar las centrales nucleares, con una nueva “moratoria nuclear”, pondría en riesgo más del 23% de la producción eléctrica total en España.

Estas son, entre otras, las principales razones a favor del uso de la energía nuclear: es, hoy por hoy, la única alternativa “libre de carbono” operativa frente a los combustibles fósiles y por tanto al calentamiento global; la energía producida en las centrales nucleares y la cadena de producción del uranio son las más ajenas y menos sensibles a las especulaciones económicas, debido al alto y concienzudo control ejercido por los estados; sus residuos se almacenan y vitrifican impidiendo su libre dispersión a la atmósfera; buena parte de ellos se puede tratar para volver actuar como combustión; en la actualidad, se trabaja y se investiga en la creación de futuras máquinas destructoras de los residuos de larga duración (transuránicos); supone, para toda la UE, la única oportunidad para librarse de la dependencia energética, al estar geográficamente alejada de las zonas planetarias ricas en carbón barato, petróleo y gas natural; las nuevas centrales han evolucionado hasta el punto en que, detienen solo la reacción en cadena, si se produce algún fallo en los circuitos de refrigeración de los reactores nucleares.

Del mismo modo, representa la opción más lógica para deshacerse de todo el plutonio de uso bélico acumulado por las potencias nucleares (China, Rusia, Japón, Corea del Norte, EE.UU…) durante los años de proliferación y usarlo como combustible en las centrales nucleares y, por último, ecologistas históricos, como James Lovelock, el “gurú de los verdes”, o políticos, como Felipe González, que antes impulsaron y decretaron la moratoria nuclear, se plantean ahora abrir el debate para recomendarla y usarla de nuevo.

Ambos coinciden en afirmar que la energía nuclear es la única manera de detener el calentamiento global y que ya no hay tiempo para desarrollar e implementar otras fuentes de energías renovables.
Europa –que llevaba años renegando de la energía nuclear y que no la consideraba verde– ahora, en plena crisis energética, vuelve a aferrarse ella como la única tabla de salvación válida, eficaz y eficiente para abordar la actual crisis mundial energética. Las energías “verdes”, las renovables (eólicas y fotovoltaicas) dependientes del clima no están funcionando como deberían por su escasez, altos costes y porque el problema es complejo, aunque tampoco las nucleares son la única solución. Debemos hacer un “mix de energías bajas en emisiones de “efecto invernadero”. Estamos ante un cambio climático: hay grandes emisiones de CO2 al espacio, la polución aumenta cada día, el calentamiento global está derritiendo los casquetes polares, el nivel del mar sube cada año y según la OMS mueren 7 millones de personas al año por la contaminación atmosférica, el quemar gas se ha multiplicado por 5 en un año y esto repercute en el precio de la electricidad, ya que al quemar más gas tenemos que pagar más por los derechos de emisiones.

Ante este panorama desolador, apocalíptico y casi distópico, la única solución posible no es otra que la creación de un “mix de energías renovables y nucleares” que sea equilibrado, garantice el suministro eléctrico y no dispare las emisiones y el precio. Hay 37 países en el mundo que tienen previsto construir nuevas centrales nucleares de “generación IV” y, ya hay más de 30 que las tienen – y entre estos, que yo sepa, no se encuentra España–.Por eso, mientras esos países dicen: “¿Nucleares? ¡Siíííí, Gracias!”; nosotros, los de la España, social progresista de Pedro Sánchez y de sus socios comunistas, separatistas e independentista, seguimos anclados al ya vetusto y casi prehistórico slogan de: “¿Nucleares? ¡No, gracias!”, o, al menos eso parece.

Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado y periodista.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído