El análisis espectroscópico realizado en las cuatro vacunas comercializadas demostró que se trataba de óxido de grafeno reducido

El informe de Campra Madrid sobre el grafeno en los viales, motivo suficiente para interrumpir la vacunación

El informe de Campra Madrid sobre el grafeno en los viales, motivo suficiente para interrumpir la vacunación

A los artículos que publicamos en junio de este año, titulados  “Las vacunas llevan nanopartículas de grafeno, según los análisis del vial” y “Grafeno en las vacunas. ¿Quién es Pablo Campra Madrid, el científico que dirige la investigación?”, hay que añadir las novedades que presenta el informe definitivo, el documento más relevante de los últimos tiempos, quizá el más trascendente. Si la corrupción a todos los niveles no se hubiese enseñoreado de nuestra sociedad, esta investigación sería más que suficiente para interrumpir sine die la vacunación. Es urgente que los científicos honrados, los sanitarios honrados y los políticos honrados dejen a un lado sus presiones, sus miedos y pongan fin al mayor problema que nos acucia, que no es la pandemia, sino la mentira institucionalizada que nubla códigos deontológicos y pisotea la moral. Reconocemos que es pedir un imposible, pero, a veces, los deseos se cumplen.

La constatación de que las vacunas contienen óxido de grafeno significó un antes y un después en la historia de este experimento génico al que la población está siendo sometida. El informe preliminar de junio creó esperanza y controversia a la vez. A la oficialidad –a través de sus alguaciles de turno, muy bien remunerados por mentir—, le faltó tiempo para tildar la investigación de bulo y enseguida empezaron a brotar enemigos por todas partes. Lo más doloroso –y es mi opinión personal— fue la férrea oposición de una parte de la disidencia, que criticó el informe incluso sin haberlo leído, sin haberlo entendido y sin haber realizado ninguna investigación. Fue y sigue siendo una actitud fanática, una reacción de negacionismo visceral, solo porque no les encajaba con sus conclusiones apriorísticas. Los biólogos conocen su campo, es cierto, y han hecho importantes aportaciones al principio de la epidemia, pero en esta crisis geopolítica, de control global, hay que analizar otros flecos y situarse en otros puntos que proporcionen perspectivas más amplias. Creo que su inmovilismo ha puesto punto final a su investigación. Por tanto, lo mejor que pueden hacer es no desprestigiar y entorpecer otras líneas de investigación, que van mucho más allá de la biología clásica.

La conclusión del primer informe fue que había indicios razonables de la existencia de óxido de grafeno en el contenido del vial examinado. Al microscopio óptico y electrónico una vacuna no puede dar ninguna señal y, sin embargo, “se veía material que era contaminación de algo que se sospechaba que era grafeno y que el doctor Campra comprobó, comparando los patrones ópticos con los catálogos de las empresas que trabajan con grafeno”. No obstante, el científico declaró que era necesario realizar más investigaciones y lanzó una invitación a la clase científica y médica.

A pesar de nuestra mente curtida y desprovista de ingenuidades, creímos que otros científicos se unirían al doctor Campra en la investigación. ¡Qué puede haber más honroso para un científico que hacer avanzar la ciencia y, en este caso, intentar aportar luz sobre este experimento llamado vacuna que nos afecta a todos! ¡Y qué decir de las instituciones! Estos estudios deberían ser motivo de orgullo para cualquier universidad o institución científica. Pero me equivoqué. Cero ayudas. ¡Qué oportunidad ha perdido la Universidad de Almería para significarse ante el mundo! Tras la publicación del informe preliminar de junio, ya hubo presiones y movimientos extraños, como aquel comunicado sin firma, en el que la universidad se desmarcaba de la investigación. El doctor Campra Madrid estuvo completamente solo en su búsqueda de la verdad, y lo sigue estando.

No fue nada fácil concluir este estudio. El científico expresa con pesar su decepción por la actitud de sus colegas. Se negaron a prestarle ayuda cuando se enteraban de que investigaba sobre las vacunas. Nadie se atreve con este tema y el “sistema científico está de perfil”, según sus palabras. Existe una especie de omertá, un síndrome de “no te metas en esto”. Fueron muchos los inconvenientes que tuvo que sortear para sacar adelante la investigación y reconoce que algo que se podría haber hecho en una semana –si le hubiesen proporcionado medios— se prolongó durante más de cuatro meses. ¡Qué mal ejemplo para la ciencia!

Pero pesar de los obstáculos, el trabajo salió adelante y hace unos días, La Quinta Columna TV, que dirige el valiente e intuitivo investigador y bioestadístico Ricardo Delgado, presentó el estudio definitivo. Le acompañó en esta ocasión el ya habitual doctor José Luis Sevillano –médico valiente donde los haya, con una humanidad que traspasa la pantalla— y el citado Pablo Campra Madrid, doctor en Ciencias Químicas, licenciado en Ciencias Biológicas y profesor titular de universidad, quien dejó claro que en ciencia no se puede decir que algo es definitivo, ni siquiera la teoría de la relatividad o la cuántica. Como se esperaba, el análisis espectroscópico realizado en las cuatro vacunas comercializadas demostró que, en efecto, se trataba de óxido de grafeno reducido.

Este es el resumen del trabajo, que extraemos del informe, que se adjunta completo en PDF al final del artículo:

“El objetivo del siguiente trabajo ha sido realizar un muestreo de señales espectrales de vibración RAMAN que, asociadas a imágenes de microscopia óptica, acoplada a los espectros, permita determinar la presencia de derivados de grafeno en muestras de vacunas COVID-19 comercializadas bajo cuatro marcas diferentes.

Se han analizado más de 110 objetos visibles al microscopio óptico con apariencia compatible con estructuras de grafeno, de los cuales se han seleccionado para el presente informe un total de 28 objetos por su compatibilidad con la presencia de grafeno o derivados en las muestras, teniendo en cuenta la correspondencia entre sus imágenes y señales espectrales con los obtenidos de una muestra patrón y de la literatura científica.

De estos 28 objetos, en 8 de ellos la identidad del material con óxido de grafeno es concluyente por la elevada correlación espectral con el patrón.

Los restantes 20 objetos presentan una compatibilidad  muy elevada con estructuras de grafeno, teniendo en cuenta, conjuntamente, tanto sus espectros como su imagen óptica.

La investigación continúa abierta y se pone a disposición de la comunidad científica para su discusión y replicación y optimización”.

Conclusiones sobre el trabajo realizado:

“Se ha realizado un muestreo aleatorio de viales de vacunas COVID-19 mediante técnica acoplada micro-RAMAN para caracterizar objetos microscópicos con apariencia grafénica mediante señales espectroscópicas características de la estructura molecular.

La técnica micro-RAMAN permite reforzar el nivel de confianza en la identificación del material mediante el acoplamiento de imágenes y análisis espectral como evidencias observacionales que deben considerarse conjuntamente.

Se han detectado objetos cuyas señales RAMAN por similitud con el patrón inequívocamente corresponden con ÓXIDO DE GRAFENO REDUCIDO.

Otro grupo de objetos presentan señales espectrales variables compatibles con derivados de grafeno, por la presencia mayoritaria de señales RAMAN específicas (banda G) asignado a la estructura aromática de dicho material, en conjunción con su apariencia visible.

La investigación sigue abierta para su continuación, contraste y replicación. Ulteriores análisis con la técnica descrita u otras complementarias basadas en muestreos significativos permitirán evaluar con significación estadística adecuada, el nivel de presencia de materiales grafénicos en estos fármacos, así como su caracterización química y estructural detallada”.

En nuestro caso particular, conocedores de las investigaciones que desde hace décadas realizan determinados grupos dentro de la CIA, el Pentágono, el DARPA, la ONI, la NSA, el Tavistock, o el MIT sobre la conducta humana, el hecho de la existencia de un componente extraño, como el grafeno, en un vial de uso masivo, innecesario, casi obligatorio y que no inmuniza, nos hizo encajar algunas piezas. Fue la constatación de algo que sospechábamos o sabíamos, y –acertados o equivocados—nos hizo relacionarlo con la vacuna de “puntos cuánticos” que había anunciado Bill Gates, para tener a toda la población censada/controlada/estabulada. Que nos inoculen grafeno es muy preocupante, pero que este sea susceptible de organizarse dentro de nuestro organismo, e incluso ser estimulado desde el exterior, es realmente terrorífico.

Con toda seguridad, este Expediente X encierra uno de los planes más siniestros contra la humanidad: convertir al ser humano y su esencia espiritual y trascendente en un transhumano robotizado, al servicio de la inteligencia artificial y desprovisto de su tendencia natural a lo sagrado. Las piezas de este puzle las tenemos sobre la mesa, en forma de información y evidencias; solo hay que dejar a un lado las múltiples distracciones inútiles que nos brindan al estilo del “pan y circo” romano, apagar el televisor, revisar información no oficialista y dedicar tiempo al intelecto para que vayan encajando.

Esperamos que con este informe en la mano, podamos defendernos ante la justicia. Hay que recordar que ninguna de las 110 denuncias presentadas a raíz del informe preliminar, fue admitida. ¿Tendremos más suerte ahora? Jueces y fiscales deberían estar más al tanto de las investigaciones. Hay indicios más que suficientes para asegurar que el tóxico llamado grafeno de las vacunas es el responsable de ictus, infartos, trombos, miocarditis, neumonías, trastornos mentales y otros síntomas, todos ellos asociados al espectro COVID.

Nos preguntamos cómo es posible que algo de tal trascendencia pueda quedar reducido al conocimiento de una minoría exigua, preocupada por saber, difundir y salvar a la humanidad de una catástrofe irreversible en los ámbitos físico, mental y espiritual. Esto debe ser de dominio público. Vuelvo a dirigirme a los científicos, médicos, jueces, fiscales y políticos de bien. ¿Hay alguien ahí?


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gcomunicacion@laregladeoroediciones.com

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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