OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: » La tómbola»

Victor Entrialgo De Castro: " La tómbola"

Claro que hay que tratar de hacer una Nación donde quepa todo el mundo.  Pero es harto más difícil cuando, en el afán de mandar, se han ocupado de eliminar cualquier autoridad, organizando una tómbola en la que el que menos quiere lo quiere todo.

El maniquí del escaparate del corte inglés, para conseguir y retener el poder, organiza todos los años una rifa en la que entrega las llaves del piso a los que han tratado de forzar la puerta, los planos de la sucursal del pueblo a los que han tratado de violentar el orden constitucional para hacerse con el Banco de España y lo que sobra lo reparten entre los chicos que recogen las nueces del terror.

El maniquí del bamboleo silba y mira hacia otro lado ante el desafío de incumplimiento con doble tirabuzón inconstitucional, con la lengua universal y las resoluciones del Tribunal Supremo en Cataluña, tratando de convertir las fablas en Babel, como en Asturias, con la iletrada comisaria Lastra al frente.

Y como cesta de Navidad, a cambio de cuatro miserables votos, pretenden entregar la denominación Rioja alavesa a los que, como Aitor Esteban, uno de los diputados más ñoños y pedantes del Congreso, chantajean a un presidente «peligroso por débil», adjetivos acentuados «ad nauseam» por el enamoramiento que el maniquí bamboleante tiene de sí mismo;  y a los que, como el presbítero Odón Elorza, gritan desde el púlpito, como cuando entonces, que ETA terminó el día que se cansaron y dijeron ya, -con los cadáveres calientes, el terror inoculado y setecientos asesinatos sin resolver-, mientras los muy coherentes recogen todos los meses lo que pillan en la rapiña de los billetes y las nueces del Estado que odian, mientras tenemos que escuchar las lecciones de la acreditada e interesada ambigüedad del presbítero en un Parlamento que no existiría si por sus amigos y socios fuera.

Claro que hay que hacer una Nación donde quepa todo el mundo. Pero no la tómbola en que ha convertido este felón a  la Nación, con quienes se reafirman en su condición de enemigos de la misma y su permanente voluntad de participar en la rapiña.

Y sobre todo, a los que  siguen organizando la tómbola mientras desorganizan España para permanecer en el poder. O para recuperarlo comunistamente con la Ley de seguridad ciudadana que  pretenden, cuando lo pierdan. Como acaban de hacer en Nicaragua, Ortega y su mujer.

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