OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «Sánchez, el presidente “felón” que pretende “irse de “rositas”

Pedro Manuel Hernández López: "Sánchez, el presidente “felón” que pretende “irse de “rositas”

Posiblemente el término «felón» nunca estuvo tan en boga como en esta semana. La palabra «felón» se erige como la más destacada del mencionado torrente de opiniones. Pero, ¿a qué hace referencia ese término? ¿Cuál es su origen? Aunque su origen es francés, el término «felonía» es sinónimo de «deslealtad, traición, acción fea». Se trata, por tanto, de una palabra en la línea conductual del comportamiento y actitud de Pedro Sánchez, y es un calificativo con mucha historia y enjundia en nuestro país. Ya desde la alta Edad Media el delito de felonía se castigaba severamente pues era una grave traición o acto de suma deslealtad hacia el señor feudal, rey o la patria.

A lo largo de la historia de la humanidad – desde la Antigüedad clásica, pasando por las rebeliones tribales de Gran Bretaña hasta el lejano Oeste– muchos han sido los personajes históricos que han merecido ser llamados “felones” por haberse ganado a pulso el título de “traidores”. Como la lista sería interminable, solo nombraré a algunos de los más importantes con independencia del momento histórico social en que desarrollaron tal digna actividad:

Judas Iscariote, el gran traidor por excelencia, dada la importancia de su felonía; Efialtes de Tesalia, el que traicionó a Leónidas y sus “300 espartanos” en el mítico desfiladero de las Termópilas; Bruto, el asesino de Julio Cesar en el Campo de Marte; pasando por Ditalco, Audax y Minuro, el trio de capitanes lusitanos que asesinaron a Viriato por encargo de Roma y cuya traición dio origen a la no menos famosa frase de: “Roma no paga a traidores”; hasta Vellido Dolfos, el de “las cuatro traiciones ha hecho y con esta serán cinco”, quien según la leyenda asesinó por la espalda al rey Sancho II de Castilla, en el cerco de Zamora (1072).

Si hay una figura histórica en España—dejando, aparte y de momento, a Sánchez– que esté directamente relacionada con la expresión «felón», esa es la del rey Fernando VII –un rey deseado y detestado a la vez por todos los españoles—ya que el monarca responde a las características de «golpista, autoritario y represor de las libertades», particularidades que hacen justicia a su histórico mote de «El Rey Felón». Tras derogar la Constitución de 1812 y reinstaurar el absolutismo, fue cuando estalló la desesperanza del pueblo –al comprobar sus verdaderas ideas e intenciones de dejar que Napoleón invadiera España– y pasaron a llamarle «El Rey Felón» en lugar de “El Deseado” .Ya nos imaginamos de dónde le viene a Sánchez su magna felonía, su aviesa traición a todo lo que se mueve, su enconado absolutismo y su avidez por la autarquía.

La expresión “irse de rositas” significa que una persona sale libre de culpa aun siendo responsable de lo que ha hecho mal o del bien que debería haber hecho y no lo hizo. Sin embargo, como en los antiguos discos de vinilo, también existe otra cara con las traiciones, las cobardías y las alcahueteadas más ilustres. En este sentido ha habido y hay majestuosos e impunes actos de traición entre colegas de toda la vida, compañeros de armas y, en la actualidad, de partidos políticos, muchos de los cuales “se marcharon de rositas” tal y como llegaron. Si alguien lo duda puede preguntarle a Sánchez, pues aunque intentará “irse de rositas” a presidir la UE– por esa puerta giratoria que tanto aborrece y critica cuando la usan los otros que no son de su cuerda—antes deberá pagar por todas y cada una de las altas traiciones que a lo largo de su mandado ha infligido a troche y moche a España. Lo que nadie podrá arrebatarle nunca es el título a perpetuidad con el que ya ha pasado a la historia universal como Pedro Sánchez el “Efialtes monclovita” y como el presidente más “felón”, más “histriónico”, más “aranero” y “detestado” de toda la historia de España.

Aunque la confianza y la lealtad son valores –tan altos como escasos—y el acto más eficaz para pulverizarlas es la traición en sus múltiples formas, muchas veces, lo que un sector—bien sea una familia, una empresa, un partido político o un gobierno—define como traidor o felón, este se convierte automáticamente en héroe para el otro. A semejanza del “Rey Felón”, Sánchez, el “Efialtes monclovita”, ya dejó ver lo que llevaba dentro, en octubre de 2016, cuando fu desalojado por sus propios conmilitones de la secretaria general de la calle Ferraz. En aquella etapa ya intentó, entre bambalinas, cometer su primera felonía y marrullería oficial y dar un pucherazo a la desesperada.

Su felonía no le salió bien y fue condenado al ostracismo político y, aunque al año siguiente retornó como Sánchez “el fuerte” y la recuperó, ya había cruzado el Rubicón y “alea sua iacta erat” (su suerte estaba echada): lo ocurrido en esa fecha dejó al descubierto una entretela ética y moral muy preocupante y, que a día de hoy –con el inmoral cese de Paz Esteban, directora general del CNI, tras 39 años consecutivos de recto y fiel trabajo en los servicios de inteligencia—no ha dejado de aflorar, porque en lo esencial, en el honor –como patrimonio del alma, tan bien defendido por Pedro Crespo– solo es de Dios. En esto –en el concepto del honor, de la moralidad, de la legalidad, de la justicia, de la verdad, de la libertad y de la democracia– las personas normales y eutímicas no cambian nunca, a diferencia de los hipertímicos crónicos –como es el caso de Sánchez—que suele comportarse como una auténtica veleta que gira al viento que mejor le sopla.

Pero de tonto tiene lo justo., que en este caso es nada. Sin su naturaleza maquiavélica, en sentido despectivo, ya no sería presidente –a lo sumo y en el mejor de los casos– sería gobernador de la ínsula de Barataria. La relación de victimas decapitadas desde ese fatídico año aún no ha terminado. Cada día crece y crece según las necesidades y frustraciones personales de su particular “sanchismo”. Para dejar constancia que no ha dejado títere con cabeza basta revisar brevemente algunas de sus traiciones, felonías, infamias, fechorías y maldades o como quieran llamarlas:

Traicionó a sus propios votantes, cuando les prometió en 2019 que traería de vuelta a España a Puigdemont, que jamás pactaría con Podemos y que haría caer todo el peso de la Ley sobre los separatistas y golpistas del 1-O, pero luego hizo todo lo contrario, los indultó y los excarceló, a pesar que ellos –Oriol Junqueras y los “doce del patíbulo”– abandonaron la cárcel comprometidos con la idea de seguir trabajando para conseguir una amnistía y culminar la independencia de Catalunya…

Traicionó a la Constitución, por aplicar abusiva y absolutamente el estado de alarma intrapandémico y, a pesar de haber sido condenado dos veces por el Tribunal Constitucional, en vez de dimitir e irse a casa –como haría en cualquier democracia normal un presidente normal y demócrata—sigue aferrado al poder y a los pingues beneficios que le reporta…

Traicionó al círculo de íntimos amigos y compañeros de partido que le llevó a la okupación de la Moncloa y cooperó en la oscura trama para pactar con los separatistas y así, a lomos de una moción de censura poder echar a Rajoy del Gobierno. Como una vulgar “reina de corazones”, de Lewis Carroll, mandó –con voz suave y sin temblarle el pulso– “que les corten la cabeza” a Carmen Calvo, Ábalos y a Iván Redondo, como quien tira una colilla al suelo y luego la pisotea, porque consideró que ya no le eran útiles a sus particulares y mezquinas aspiraciones de poder…

Traicionó a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), firmando un acuerdo con Bildu en el que le prometió –a cambio de su apoyo– la excarcelación de todos los etarras de las cárceles y el acercamiento a “Euskal Herria”, la patria vasca. Y ha vuelto a traicionarles, al votar una gran mayoría del arco parlamentario en contra de una Proposición de Ley presentada por el PP y destinada a evitar los homenajes a etarras y a fortalecer la participación de las víctimas en la ejecución penal…

Traicionó a los ciudadanos, culpando a la guerra de Ucrania de los problemas económicos que viene arrastrando el Gobierno desde que, en 2021, aprobó unos presupuestos, de alucine, con un crecimiento estimado del PIB en España del 7%, cuando todos los organismos –públicos y privados, nacionales y europeos– daban cifras sensiblemente muy inferiores: el 5,8% el Fondo Monetario Internacional y, el 5,4% el Banco de España. Lo sabía entonces, lo ha sabido después, antes de la guerra, y lo sabe ahora…

Traicionó a la Corona al fomentar deliberadamente una cicatera y durísima campaña contra el ex Rey Juan Carlos I, generando una grave amenaza para el prestigio de nuestra monarquía parlamentaria al reducir casi a la nada y a mero protocolo la agenda del rey Felipe VI y, permitiendo impunemente, que al mismo tiempo que las “juventudes sanchistas” demandan abiertamente la República, haya ministros del Gobierno de España –que pese haber jurado fidelidad al Rey y a la Constitución—sigan adornando sus cuentas de Twitter con los colores rojo, amarillo y morado de la bandera de la República, como Garzón, ese ministro que se pasa de listo al “arrojar piedras sobre su propio tejado” organizando huelgas incluso a sus propios compañeros del Gobierno.

Traicionó al Parlamento al gobernar a fuerza de decretazos, y por apenas comparecer para informar de los asuntos graves de Estado al país y, cuando lo ha hecho, por hacerlo a través de ese periódico que todos conocemos…

Traicionó recientemente los acuerdos de la Conferencia de Presidentes, al afirmar que aceptaba la propuesta del nuevo presidente del PP nacional, Alberto Núñez Feijóo, de bajar los impuestos, para acto seguido negarlo—como ya viene siendo costumbre—y “donde dije digo, digo Diego” y “a otra cosa, mariposa”…

Y por traicionar, hasta ha traicionado a sus propios socios separatistas y a su tocayo Pere Aragonés, al prometerles una importante y fructífera mesa de dialogo (taula de diàleg) que ni ha arrancado ni acabará por arrancar, ya que de lo contrario incurriría en un grave delito penal, pues las pretensiones y exigencias “d´els nois de Aragones” quedan fuera de nuestra legalidad. Aunque sabiendo cuáles son sus principios y que si no nos gustan, tiene otros, no sería nada extraño…Por eso, no nos debe sorprender lo más mínimo que en las reuniones con sus aliados–de la Unión Europea, de Washington y de la OTAN– sobre la actual guerra ruso-ucraniana, no quieran verlo y oírlo ni por videoconferencia. Esto es lo que tenemos. Y así nos va…

Me apunto y comparto las palabras que el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, pronunció ayer , al afirmar que lo que sí está demostrando Sánchez con toda su tolerancia frente a los enemigos de España, es que “quien manda aquí es el independentismo catalán, ese que quiere fracturar el Estado de Derecho”. A su modo de ver, Pedro Sánchez es “una caricatura esperpéntica de presidente.

La diferencia de talante, la bonhomía y el sentido de estado de Feijóo y Sánchez es abismal y diametralmente opuesto. Hoy lo ha vuelto a demostrar apoyando y votando a favor de la Ley de Seguridad Nacional. Mientras uno, Feijóo, lleva impreso en su ADN la nobleza política y su preocupación por España, el otro, Sánchez, lo único que lleva impreso– como el escorpión de la fábula de Esopo—es su egolatría y su felonía, ya que España ni le importa ni le preocupa lo más mínimo.

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, periodista y ex senador por Murcia.

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