OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «Un poco de Memoria histórica…”

Pedro Manuel Hernández López: "Un poco de Memoria histórica…”

Lo que no se cuenta, no existe”. En un mundo globalizado y supeditado a las modernas y poderosas herramientas de la comunicación, la realidad y veracidad de un hecho acaecido, carecen de cualquier valor si este suceso no se cuenta, se dice o se publica. Este básico y elemental principio ha sido siempre muy conocido y usado, desde la noche de los tiempos, por las astutas izquierdas. Su importancia se ha hecho muy notable en los últimos gobiernos socialistas de Zapatero y Sánchez, donde más y mejor lo siguen aplicando. De ahí, las antidemocráticas y pseudoprogresistas leyes de la “Memoria Histórica y Democrática”. Ya decía Lenin que aunque “la confianza es buena, el control es mucho mejor”, por eso omiten y no nos cuentan todo lo que no beneficia a sus partidistas y autárquicos intereses ideológicos.

No viene mal que de vez en cuando –para escarnio y befa de los inventores de estas vengativas y sectarias leyes—recordemos y relatemos las grandes y altruistas gestas que realizó, por España y sus gentes, ese “ídolo de barro” venerado e idolatrado, casi con arrebatamiento, por el Ejecutivo de Pedro Sánchez y sus socios de la extrema izquierda. Hazañas y acontecimientos que no nos cuentan y, que, cuando lo hacen, adulteran toda su indiscutible realidad, mintiéndonos. A ese 63,2% de los españoles que se consideran de centro y extrema izquierda —y que seguramente, desconocen, han olvidado o no quieren admitir ciertos hechos de nuestra historia— quiero decirles que me estoy refiriendo al nefastamente inolvidable e histórico sindicalista, ex ministro marxista de Defensa de España y presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República (septiembre de 1936 y mayo de 1937), el madrileño del castizo barrio de Chamberí, Don Francisco Largo Caballero, sanguinario socialista y defensor a ultranza de la dictadura del proletariado, incluso, con la lucha armada, que soñaba con convertir España en un “soviet” dependiente de Rusia y máximo responsable del asesinato de miles y miles de españoles durante el 1936.

Ochenta y seis años después de estos crímenes, supuestamente calificados y mal llamados “de guerra”, resulta tremendamente vergonzoso, execrable, e incluso inmoral, el tener que recordarles — especialmente a Pedro Sánchez y a su facción más extrema en el Gobierno, la comunista, a saber : a la galleguilla melosa y celosa ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (la Yoli, para “os seus amigos”, cuando aún no era rubia ni lucía modelitos de alto standing); a la riosellana Adriana Lastra (la demócrata y campechana vicesecretaria del partido sanchista) y, cómo no, al ministro de Comercio, Carlos Alberto Garzón Espinosa ( ojo, no confundir con “de los Monteros”, pues toda comparación es odiosa y, en este caso, muchísimo más), el de nombre de telenovela y desaparecido habitualmente de la vida política activa y, no precisamente, en combate— el pasado criminal de su líder y nunca bien ponderado Largo Caballero, conocido como el “Lenin español”, por haber sido, en realidad el hombre de confianza y la mano derecha de otro de los más grandes genocidas y violentos bolcheviques de la historia universal del comunismo, Joseph Stalin.

Aunque la memoria histórica sanchista no lo recoja, no lo recuerde, ni lo reconozca –por aquello de que “lo que no te cuentan, ni se transmite, ni ha existido, ni existe y, mucho menos, se recuerda— más de 2.500 personas fueron masacradas en la matanza de Paracuellos del Jarama (más conocida como las “sacas de Paracuellos”). Estos asesinatos colectivos han pasado a la historia y a la memoria de la España “fascista” –como a ellos le gusta llamar a todos los que no comulgan con sus ideológicas y progresistas ruedas de molino– gracias a los historiadores de la más variopinta ideología y a las memorias escritas de uno de sus principales responsables, el “culú muyaú” (gentilicio de Oviedo) Don Santiago Carrillo Solares, en su ensayo “Mi testamento político” (2012).

En su libro afirma que “el Gobierno presidido por Largo Caballero y el presidente de la República, Manuel Azaña no ignoraba tales “desmanes”. La finalidad de sus explicaciones —pese a ser el máximo responsable directo del Orden Público en Madrid— estaban encaminadas a auto-exculparse de aquellos asesinatos y a que la historia así lo reconociese. No obstante, le guste o no, su nombre ha pasado a la historia contemporánea unido e inseparable al de las numerosas y sumarísimas muertes de Paracuellos, como una auténtica e irrefutable leyenda negra guerra civilista.
Un poco de memoria histórica no les vendría mal a los fieles y devotos seguidores “caballeristas” –sanchistas, comunistas y marxistas— para que recordaran la emblemática fundación dedicada a Largo Caballero –en su honor, gloria y recuerdo— en España, para no olvidar y ensalzar sus bondades, desvelos y servicios prestados a la democracia y a la Patria. La “Fundación Largo Caballero” lleva su nombre y apellidos en reconocimiento a lo que su figura representó para todos los trabajadores españoles y, muy especialmente, para el movimiento sindical ugetista en nuestro país.
Deberían recordar y no olvidar que fue la iniciativa de este democrático y liberal sindicato, la UGT, la que dio lugar a su constitución, en 1978, en la noble y leal ciudad de Alcalá de Henares, cuna del no menos famoso Cervantes, apodado “el manco de Lepanto”. Entre sus principales objetivos fundacionales figuran: el fomento, la promoción, el apoyo y difusión de la Cultura y el pensamiento sindical en todas sus manifestaciones, especialmente proyectadas hacia la recuperación de esa “selectiva” memoria histórica de la UGT y el reconocimiento, divulgación y recuerdo de la loable figura y fastuosa labor del sanguinario Largo Caballero. (Si en vez de un artículo fuese un guion de cine o de una obra de teatro, se podría leer: ¡Ovaciones varias y muchos Aplausos!)

Deberían recordar y no olvidar que fue tal el sectario fanatismo del jefe del Gobierno de la República durante la Guerra Civil que hasta el propio Stalin tuvo que pedirle por carta “moderación” y , a la vez, sugerirle que abandonase la vía de la violencia (armada) y que usara la del diálogo parlamentario. Ni la retórica meliflua, ni la recalcitrante y la partidista memoria histórica, e incluso, ni el pijoprogre lenguaje inclusivo de las ministras comunistas del actual Gobierno sanchista pueden disimular la sed de sangre del sanguinario estalinista: “Habrá soviet en España en cuanto caiga Azaña”, llegó a afirmar, en una entrevista al diario La Prensa de Nueva York, en febrero de 1936.
Deberían recordar y no olvidar que Largo Caballero —responsable de la bolchevización del PSOE y de la UGT— dejó afirmaciones en las que demostraba que su única aspiración era aniquilar, a toda costa, a la derecha, sacrificando a la República, si hiciera falta: “El socialismo exige ahora una dictadura proletaria y, antes de cinco años, España será soviética”. En 1933, ya sentía en sus carnes la voluptuosidad de la sangre cuando afirmaba que “si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución, tendremos que conquistarlo de otra manera”.
Deberían recordar y no olvidar que Largo Caballero ha sido uno de los grandes culpables de nuestra Guerra Civil y responsable directo del “Terror Rojo” del Madrid republicano, al haber sido el encargado inmediato de la entrega de armas a los militantes de los partidos y sindicatos de izquierdas, así como de la conversión ilegal de esos militantes en cuerpos de policía que propició los numerosos crímenes en la zona republicana. “La democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución armada”, llegaría a decir, un 20 de enero de 1936, en un mitin celebrado en Linares.

Deberían recordar y no olvidar que Largo Caballero ha sido el mayor y mejor representante del régimen totalitario por su furibundo ataque a la libertad, el progreso y al fundamento de nuestro sistema: la democracia. Así mismo, no deberían olvidar que, hace casi dos años, el mismo presidente Pedro Sánchez nos presentaba a Largo Caballero y a Prieto como defensores de la libertad y la justicia social por haber usado el valor de la palabra y sus ideas en un sistema elegido por el pueblo. No la fuerza ni las armas. Vuelve a mentirnos y se queda tan pancho. Jamás hemos visto un cinismo mayor. ¿A caso la amnésica memoria histórica socialista les impide recordar que bajo su mandato se crearon numerosas chekas socialistas, comunistas y anarquistas, auténticos centros de detención, tortura y asesinatos contra muchas personas por el mero hecho de ser católicas, de derechas o incluso por su posición social.

Deberían recordar y no olvidar que Largo Caballero era un miembro destacado del sector más izquierdista del PSOE y del gobierno republicano que perpetró el mayor robo de la historia de España: el robo del oro del banco de España, enviado a Moscú y del que nunca más se supo. Que tipos de esta calaña tengan una Fundación y calles dedicadas a su nombre, e, incluso sendos monumentos en Madrid, no solo es un escándalo históricamente vergonzoso sino una inmoralidad social y política que no debemos consentir.

Deberían recordar y no olvidar que Largo Caballero, Prieto y sus conmilitones republicanos a los que el PSOE ensalzó y sigue ensalzando ni eran demócratas ni fueron pacíficos sino que fueron los organizadores de un sangriento golpe de Estado contra un gobierno democrático y los máximos responsables de execrables e injustificables crímenes políticos. También deberían reconocer la evidente falsedad y contradicción de su “memoria histórica y democrática”. ¿Cómo pretende prohibir la apología del franquismo alegando que Franco dio un golpe de estado contra la República y acusarle de diversos crímenes si al mismo tiempo no tiene reparos en ensalzar a dos golpistas y criminales como Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto?

El afán del PSOE sanchista de imponernos sus manipulaciones históricas le ha acabado por estallar en las manos —salvando otras nobles partes– al darnos la oportunidad de recordar la historia y comprobar el oscuro e irrefutable pasado autárquico y dictatorial de este partido que, día a día, se autoproclama a bombo y platillo, como liberal, progresista y democrático. ¡Qué poco se equivocan los viejos refranes populares! Ya saben: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces! Esto en psicología se conoce como “formación reactiva”. Se trata , ni más ni menos, de un concepto del psicoanálisis que alude a una formación del inconsciente que interviene en la formación de síntomas que se manifiestan como un comportamiento, actitud o hábito que marcha en la dirección opuesta a la de un deseo reprimido. Termino con otros dos viejos y conocidos aforismos populares que nos dicen: “De tal palo, tal astilla” y “Al (lector) inteligente pocas cosas”.¡ Pues eso, sin comentarios.!
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, periodista y ex senador por Murcia.

Yoli, la vicepresidenta segunda del Gobierno y actual lideresa de los podemitas —frente al liderazgo del todopoderoso Sánchez— no da más de sí. Cuando uno se empeña en hacer el ridículo, a fe que casi siempre suele conseguirlo. La comunista desde su más tierna infancia –gracias a la bendición y, besada de manos incluida, de D. Santiago Carrillo, en su Fe natal de la Ría de Arousa—reivindicó, una vez más, las ventajosas bondades del comunismo, reiterando que su familia le enseñó—incluso, casi antes de aprender a falar galego– que “el comunismo es, ante todo, democracia, libertad, justicia e igualdad”.

Aquel día nos advirtió severamente que con estos conceptos, bromas las justas, ya que España no está por la labor y , además, “muchas gentes de su país”, no del nuestro– porque los que no comulgamos con esa verdades y bondades comunistas y neo marxistas no cabemos en él, ni somos heroicos, sino simplemente fachas, franquistas y fascistas—“se han dejado la piel y la vida en las cárceles españolas( que ya no son, ni se llaman “checas”) luchando a favor del comunismo y en contra del fascismo capitalista”.

Una vez más, la des-memoria histórica les ha vuelto a jugar una mala pasada y se han olvidado (conscientemente) de esos 120 millones de muertos que el comunismo ha dejado a su paso a lo largo de la historia. Casi con toda seguridad y por esa misma “amnesia histórica”, me atrevo a decir que se creen, a ojos cerrados, que Corea del Norte, Cuba, China, Bolivia y Venezuela son auténticos ejemplos de democracia e igualdad, paraísos de libertad y justicia, e incluso, verdaderos oasis de paz y prosperidad social para sus ciudadanos.

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