OPINIÓN

Manuel del Rosal: «La España del esperpento»

Desde el minuto uno en el que Sánchez se hizo con el gobierno de España, esta ha perdido la categoría de país para alcanzar la categoría de esperpento.

El esperpento presenta la realidad, al igual que los espejos convexos y cóncavos, acentuando sus rasgos grotescos y absurdos y también degradando la de los personajes que se asoman a ellos.

Valle Inclán inventó el esperpento literario. La idea se le ocurrió mientras se miraba en los espejos convexos y cóncavos que un comerciante instaló en su comercio de la calle Álvarez Gato de Madrid. A partir de entonces Valle Inclán se refirió a España como un país deformado que vivía en el permanente esperpento de su sociedad, sus gobiernos y sus costumbres. Eso sucedía en el año 1920. Y tras haber pasado un siglo España vuelve al esperpento gubernamental, social y de costumbres. Si Valle Inclán viviera en nuestros días encontraría infinitos motivos para hablar y escribir sobre el esperpento actual en que se ha convertido España por mor de un gobierno esperpéntico.

Yo invito a Pedro Sánchez y sus 23 ministros a que se pasen por la calle Álvarez Gato y se miren en los espejos cóncavos y convexos para que ante ellos se les muestre lo que son sus verdaderas figuras grotescas, absurdas; surrealistas figuras verán reflejadas en los espejos y son esas las figuras esperpénticas de la realidad de lo que son, no de lo que aparentan ante cámaras y micrófonos. Para desgracia de este esperpéntico país, ese es el gobierno esperpéntico que nos gobierna, ese que los espejos reflejan, no el que virtualmente aparece en el Congreso.

El camino recorrido por este gobierno es un camino jalonado de esperpentos. El último esperpento salido de la factoría esperpéntica de la Moncloa ha sido el esperpento de los impuestos. Días después de haber demonizado las propuestas de Feijóo, las hace suyas y, al hacerlas suyas, les hace creer al pueblo, este esperpéntico pueblo al que, para estar satisfecho le basta el fútbol, la cerveza y las relaciones sociales a través del móvil, que – ¡por supuesto! ¡faltaría más! – son rebajas “progresistas”, selectivas y solo para los pobres. El relato del gobierno sobre la bajada de impuestos es un esperpento más en la larga lista de esperpentos de este gobierno esperpéntico que, para mantenerse en el poder, pernocta en la cama gubernamental con los esperpentos independentistas, nacionalistas y comunistas.

Si valle Inclán levantara la cabeza y se encontrara en la calle Álvarez Gato, al mirar en los espejos deformadores vería que la España actual es una deformación grotesca y absurda de aquella España ya grotesca y absurda, pero con los cambios de las nuevas tecnologías; cambios que, en vez de haber desterrado la ignorancia, la ha aumentado exponencialmente hasta hacer de España un país en el que el gobierno es un esperpento de gobierno y la sociedad un conglomerado de ciudadanos esperpénticos que viven en una esperpéntica realidad virtual que, si la miras a través de los espejos de la calle Álvarez Gato, saldrás huyendo al comprobar la verdadera realidad de España y de sus ciudadanos.

MAROGA

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