El odio al rico es odio al fin y al cabo, con todo lo que eso conlleva. Pero raramente viene sólo. Utilizando la demagogia del odio indiscriminado al rico, el gobierno socialcomunista ejerce y utiliza la envidia, el pecado capital español, en provecho propio.
La envidia, vestida de justicia social es repetida por ministros esbirros, mientras multiplican sus sueldos. Lo que prueba que su «justicia social», «no bajamos el IVA de alimentos a los pobres porque así se lo bajaríamos a los ricos», aparte de una memez es un disfraz de Robin Hood para Halloween.
Y así, con el dinero que, gracias a la inflación, están quitando a los pobres han hecho, sin justificar, «el Ala Déste» de la Moncloa blanca, a la vista de las encuestas negras.
Ahora vienen curvas, pero por mucho que ordeñes la vaca no vas a sacar más leche, dice la curva de Laffer. Sólo conseguirás que la vaca salga corriendo y cruce incluso la frontera.
Pero con la inflación además, segun otra curva, la de Philips, el desempleo debiera bajar, por lo que el gobierno de España ha logrado la cuadratura del círculo. Ser campeones de inflación, tener los peores datos educativos y el mayor desempleo del mundo conocido. Con tanto desquicie pronominal, acaban confundiendo «las curvas».
Con este «populismo Robbin Hood» y otras demagogias obtienen de «los ricos» 3.000 millones mientras gracias a la inflación, recaudan 30.000 más, todos ellos al servicio de su campaña, incluida la serie de los Kennedy, la limosna para pensionistas y la propina para los funcionarios, ante las encuestas negras.
El poder del pueblo, al contacto con la sosa cáustica del sanchismo, se va evaporando en interés del líder, que llama «sherpas» a los «trepas» y los okupas hippies aburguesados a nuestra costa, hasta convertir la soberanía en gas licuado.
Desactivadas las instituciones por este sanchismo sinsustancia, el Estado lleva el mismo camino que la Nación y en ese proceso de delicuescencia de soberanía, igual que hacemos con la despoblada España interior, debieramos empezar a hablar de «Estado vaciado».
El Estado se vacía convirtiendo las instituciones en estatuas, confundiendo e impregnando de odio la relación entre los géneros e invitando a la pederastia.
El comunismo y el separatismo necesitan vaciar la Nación para hacerse con el Estado, repitiendo la palabra «fascista» como conjuro. Y para escandalizar repiten sus mantras y disolventes. Pero cuando todo es fascista, nada lo es.
Delante de las colas del hambre la Belarra juega con las muñecas y los despachos y pone el acento en los derechos de los perros.
Van a por los colectivos, sean animales vegetales o minerales dejando claro que, el día que haya una plaga de piojos crecidos irán a por los piojos. Y habrá más piojos. Y los piojos serán ministros. Ya hay ministros animales y vegetales. Sólo nos quedan los minerales, aunque hay piedras que estorbarían menos.
Enfrentar a la Nación y convertir el Estado en un decorado. «El estado vaciado». Ese es su programa. El odio al rico, disfrazado de justicia social, es otra manifestación de la envidia. La envidia puede conducir al odio. Y aun peor. A que Sanchez, vaciando el Estado con su inmarcesible sinsustancia, esté cumpliendo la profecía de la madre de Joseba Pagazaurtundua:
¡Haréis cosas que nos helarán la sangre…!
Víctor Entrialgo
