OPINIÓN

Manuel del Rosal: «A ver si nos enteramos: el sexo no es el amor»

Manuel del Rosal: "A ver si nos enteramos: el sexo no es el amor"

“El sexo es el consuelo para los que no tienen amor” Gabriel García Márquez

Comencemos por diferenciar el sexo del amor según la RAE

Sexo: Actividad sexual

Amor; En su primera acepción: Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca su unión con otro ser. En la segunda: Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da alegría para convivir, comunicarnos y crear.

Como verán hasta la lengua sabe diferenciar entre el sexo y el amor. Sin embargo, nos hemos empeñado en llamar amor al sexo cuando nada tienen que ver. Otra cosa es que el amor entre dos personas lleve al sexo, pero ese sexo ha sido precedido del amor, es el amor el que ha conducido hasta el sexo. El sexo que nace del amor no es el sexo mecánico, acordado y de intercambio de fluidos corporales que, una vez acabado nos deja más frustrados que antes de practicarlo. El sexo por el sexo como fin en sí mismo no se parece en nada al amor.

El amor es complicidad, es felicidad compartida, es la entrega de uno en el otro y viceversa, es sentir como los dos corazones laten al unísono, es la unión de los dos amantes por el amor, no por el sexo. Es sentir como dos seres se funden en uno solo, como dos almas son una sola.

Gustavo Adolfo Bécquer lo definió maravillosamente en sus versos:

“Dos rojas lenguas de fuego / que, a un mismo tronco enlazadas, / se aproximan, y al besarse / forman una sola llama; / dos notas que del laúd / a un tiempo la mano arranca / y en el espacio se encuentran / y armoniosas se abrazan; / Dos olas que vienen juntas / a morir sobre la playa / y que al romper se coronan / con un penacho de plata; / dos jirones de vapor / que del algo se levantan / y al juntarse allá en el cielo / forman una nube blanca; / dos ideas que al par brotan, / dos besos que a un tiempo estallan, / dos ecos que se confunden, / esas son nuestras dos almas.

Porque el amor es eso: la fusión de dos almas.

Cuando el mundo debería estar lleno de amor, lo está lleno de sexo por todas partes porque el hombre y la mujer han confundido el amor con el sexo, al ser manipulados haciéndoles ver que la felicidad cabalga sobre los lomos de una yegua en celo. Y para ello han utilizado desde hace años y utilizan todas las armas que las nuevas tecnologías han puesto a su alcance. Sobre todo, utilizan la televisión a través de la cual se banaliza la relación de pareja con la emisión de programas cutres en los que el sexo impera sobre todo lo demás presentándolo como la puerta que abre la habitación de la felicidad. La pantalla catódica pone ante los televidentes los objetos de “juego sexual” como útiles para alcanzar el amor. Los escarceos previos al enamoramiento han sido sustituidos por citas a través de portales ad hoc, por First Dates, por clubes de relaciones para intercambiar sudores y babas. El amor de este siglo XXI consiste en el roce continuo, en el uso de elementos fabricados en plástico, en citas a ciegas para ciegos que no quieren ver. No importa lo de dentro y, a veces, ni lo de fuera; ni el continente ni el contenido, tan solo aquello que va a producir el orgasmo que, no lo olvidemos, a veces tan solo se trata de un instrumento con variados nombres según la parte del cuerpo donde se aplique. No digamos del amor de las revistas del corazón, de los programas rosas de la televisión en los que a los “enamorados” les dura el enamoramiento el tiempo justo de encontrar al nuevo hombre o mujer “de su vida” para tratar de vender el encuentro a los medios de comunicación pertinentes. Y no digo que en ocasiones no aparezca ese amor de comunión entre dos seres, de dos almas entregadas la una a la otra y la otra a la una, de dos corazones que se sienten uno; ese amor del que Bécquer nos habla en sus versos. Pero ese amor que trasciende lo físico, ha sido desterrado en su mayoría de este mundo dominado – desgraciadamente – no por el amor, sino por el sexo, un sexo, en ocasiones, pervertido.

MAROGA

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído