“La esperanza ha contribuido a perder al género humano” Henrik Ibsen, dramaturgo noruego
“De todas las formas de desesperación hay una, quizás la más lamentable de todas, que se disfraza de esperanza” Charles Dickens, escritor inglés
En el siglo XVII, Baltasar Gracián escribía esto en su libro El Arte de la Prudencia: “La esperanza es una gran falsificadora de la verdad. La cordura debe refrenarla, procurando que el disfrute de lo real supere al deseo de lo imaginado”.
“No des golpes en la pared con la esperanza de que aparezca una ventana, construye esa ventana”
Los españoles vamos a ser consultados en pocos días para elegir a quienes gobernarán nuestros pueblos, provincias y regiones. No esperemos nada de quienes nada pueden ni quieren ofrecer, tapando esas carencias ofreciéndolo todo. No esperemos que quienes son incapaces de solucionar sus propios problemas, sean capaces de solucionar los problemas de todos, no esperemos que las palabras melifluas, fáciles y pervertidas de unos políticos que tan solo buscan un pesebre donde comer, solucionen los problemas de nuestros pueblos, provincias y regiones; no esperemos que quienes han demostrado a lo largo de sus vidas que para nada sirven, sirvan para todo. No depositemos la esperanza en las manos de quienes tan solo quieren manipularnos; si por sí misma la esperanza es una falseadora de la realidad, imagínense lo que será si nuestra esperanza la ponemos en manos de quienes usan nuestros votos para medrar a costa de ellos. Seamos prudentes y votemos con el cerebro, ese órgano que está por encima de nuestras ingles y de nuestro corazón. No participemos en las ceremonias de la vanidad, la prepotencia, la falsedad, la manipulación y la perversión que a lo largo de estos días y hasta el 28 de mayo nos esparcirán todos los medios de comunicación; no depositemos en esas ceremonias nuestra decisión de voto. Votemos, no desde la esperanza baldía, hueca, imaginada; sino desde lo verdaderamente sustancial. Ya, ya sé que esto es difícil porque en estos tiempos de estupidez y deseos sin base, de esperanzas fundamentadas en la nada, la virtud es escasa mientras la maldad y el engaño han tomado las calles y los hogares. Hoy, desgraciadamente, entre la ciudadanía el necio está de moda; ese ciudadano que ni conoce ni distingue lo bueno y, como no lo conoce ni lo distingue, elige lo peor.
Como digo más arriba, los españoles nos veremos ante las urnas en dos ocasiones en los próximos meses. Es importante nuestra elección porque de ella dependen, al menos, el futuro de los próximos cuatro años. Olvidemos lo personal, no nos dejemos dominar por la pasión y no nos dejemos llevar por una esperanza que nace de la imaginación, no de la realidad que es la que, indefectiblemente, manda y mandará. La mayoría de nosotros da importancia a lo que no la tiene y deja olvidado lo que realmente si la tiene, nos importa poco lo que debería importarnos mucho, entronizamos lo banal y enterramos lo fundamental. Y esto es así probablemente porque es costoso y necesita esfuerzo el analizar profundamente el problema antes de abordarlo y es más facilón dejarse llevar por lo que no necesita de nuestro esfuerzo. Cuidado con confiar en los que no sirven para nada, pero más cuidado aún en confiar en los que se arrogan servir para todo. Desconfiemos de los que nos ofrecen el paraíso, hablan como los voceros de las tómbolas de ferias que nos aseguran que siempre toca, cuando no es un pito es una pelota. Nuestros cálculos deben prescindir del temor o la esperanza si no quieren salir errados.
La esperanza en los que te ofrecen el paraíso para mañana es la hipoteca de lo que el presente te ofrece.
MAROGA
