La veda de las promesas electorales está abierta. No es que permaneciera cerrada ¡qué va! Llevamos meses de feria electoral, pero es ahora qué se ha dado el pistoletazo de salida, cuando la feria electoral se llenará de tómbolas en “las que siempre toca, cuando no es un pito, una pelota”, o las que pregonan a voz en grito: “qué alegría, que alboroto, otro perrito piloto”. A las tómbolas hay que añadir los mercachifles copleros de: “Pero no se va a quedar en solo la manta que nunca se gasta, ni se apelmaza, ni se deshilacha. Si me compran la manta, les regalo un juego de peines para el tocador y, ¡atención! los cinco primeros compradores, además de la manta y el juego de peines, por el mismo precio se llevarán añadido ¡una sartén de revestimiento antiadherente!
En eso, en mercachifles copleros han devenido nuestros políticos que ya llevaban meses recorriendo la piel de toro como aquellos vendedores ambulantes de la manta, los peines y la sartén, pero que a partir de ahora mismo y tras la pegada de carteles, convertirán todos los rincones de España en una interminable feria con las consabidas tómbolas políticas en las que te ofrecerá un mundo feliz por tan solo un mísero voto que no va a ninguna parte.
¡Qué pena de esta España! Hemos pasado de la España de toros y pandereta a la España de las ferias electorales cuyas tómbolas te ofrecen los subsidios, las subvenciones y las ofertas interminables para que puedas vivir – aunque sea un mal vivir – por un puñado de votos. Es así que, en este mes de mayo, las ferias recorren nuestras tierras, no por las fiestas de San Isidro – que también – sino por las ferias que están montando nuestros políticos repletas de perritos pilotos, pitos y pelotas en forma de promesas electorales de lo más variado, de lo más surrealista. Buscan nuestros políticos que los ciudadanos compremos boletos que nos ofrezcan un premio, uno de los muchos que ofrecen por un puñado de votos y que en la algarabía de ruidos y músicas estridentes de estas ferias de las vanidades electorales, no percibamos que los únicos que van a sacar premio son ellos, premio pagado por nosotros con nuestra estupidez y nuestra confianza en quienes, como seductores de angélicas jovencitas, antes de meter nos prometen y después de metido se olvidan de lo prometido.
De aquí hasta la jornada de reflexión, nuestros políticos, tal como mercachifles copleros, imitando los patios de Monipodio de la Sevilla cervantina prometerán, ofrecerán, aconsejarán e intentarán convencer a los ciudadanos de las bondades de sus métodos para, a partir del momento en que alcancen el poder, hacer que las vidas transcurran sin problemas de ningún tipo y sean felices como en el país de la abeja Maya. Pero que para ello es necesario que sus votos sean depositados en las urnas que estén revestidas de los colores del partido al que pertenecen. Y ya han sido muchas las convocatorias electorales a lo largo de nuestra llamada democracia, tantas como para que los ciudadanos hayamos aprendido. Pero no, los ciudadanos seguimos comportándonos como adolescentes a los que se les promete antes de meter para olvidar después de metido. ¡Parece mentira! Sin embargo, es tan poderosa la maquinaria de la feria electoral que obnubila nuestro entendimiento hasta hacernos olvidar que las promesas de las últimas elecciones están aún por cumplir y, como toros encelados, entramos al trapo del engaño del todo gratis. Somos tan estúpidos que entramos una vez y otra para ser engañados a la entrada de la feria electoral y desengañados a la salida tras cuatro años de incumplimientos varios para, como en un bucle diabólico, estar condenados a repetir los mismos errores y sufrirlos de continuo.
La feria electoral ha empezado. Les puedo garantizar que sea cual sea el resultado, el día 29 los problemas que asolan a los pueblos y ciudades de nuestra geografía seguirán siendo los mismos.
MAROGA
