OPINIÓN

Manuel del Rosal: «Ortega y Gasset, Enrik Ibsen, Aldous Huxley, George Orwell y Ray Bradbury lo anticiparon»

Manuel del Rosal: "Ortega y Gasset, Enrik Ibsen, Aldous Huxley, George Orwell y Ray Bradbury lo anticiparon"

“Ya no hay protagonistas, solo hay coro”.

Esto decía Ortega y Gasset en su libro “La rebelión de las masas” publicado en 1929. Hace 94 años Ortega y Gasset ya vio la deriva de la sociedad occidental hacia el hombre masa, hacia la pérdida de la individualidad.
Charles Bukowsky, escritor, novelista y poeta norteamericano estableció la diferencia entre la democracia y la dictadura con esta frase: “La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia primero votas y después recibes órdenes. En una dictadura no tienes que perder el tiempo votando”

Enrik Ibsen publicó hace 150 años su famosa obra “Un enemigo del pueblo”. En ella ya firmaba que la democracia está pervertida. Si levantara la cabeza volvería a esconderla al comprobar las cotas de perversión que ha alcanzado en este siglo XXI

En 1932 Aldous Huxley publicó “Un mundo feliz”. Un mundo alienado en el que el individuo y la individualidad han desaparecido dejando el lugar a una masa de personas alienadas adormecidas en una felicidad impuesta por un gobierno mundial mediante el reparto gratuito del soma, una droga que te hace creer que eres feliz a pesar de ser un esclavo a los intereses de los que manejan el mundo.

George Orwell publicó en 1949 su famosa novela titulada “1984”. Un gran hermano domina a los ciudadanos mediante el miedo, la manipulación y el cambio de las estructuras mentales para cosificarlos y hacer de ellos el instrumento en el que se apoyan para ejercer el poder. Para ello utilizan, si lo creen necesario, las torturas mentales y físicas. Nadie puede ser diferente a la doctrina oficial, todos deben ser masa, no individuos.

El norteamericano Ray Bradbury publicó en 1953 “Fahrenheit 451”. Novela distópica como las anteriores que abunda en la masificación del individuo mediante la amenaza y, sobre todo, mediante la prohibición del acceso a la cultura. El Estado quema todos los libros escritos a lo largo de la historia de la humanidad. Imponiendo la lectura única de las obras del régimen que contienen la doctrina oficial, llega hasta el castigo corporal para aquellos que leen o poseen libros.

Ortega y Gasset, al igual que Bukowsky e Ibsen ya vieron la amenaza que empezaba a alborear en los comienzos de las democracias que devendrían en dictaduras y autocracias amparadas bajo el paraguas de los votos de una ciudadanía reducida a rebaño de borregos. Aldous Huxley, George Orwell y Ray Bradbury, se adelantaron en la visión de un futuro en el que el individuo sería reducido a masa, en el que el diferente es una amenaza para el poder y así lo reflejaron de distintas maneras, pero con el nexo común de eliminar todo y a todos los que interfirieran en el desarrollo de un gobierno mundial con una doctrina única. Vieron como a este gobierno mundial, que se viene gestando desde hace milenios, lo único que les impide alcanzarlo es la diversidad en el pensamiento, en el conocimiento, en las ideas, en lo sagrado, en la conexión con el espíritu; en la libertad.

Hoy, estos de siempre, han visto como las nuevas tecnologías son el instrumento perfecto para idiotizar al hombre, convertirlo en rebaño y manejarlo a su antojo, antojo que no es otro que hacer de los hombres un rebaño de mansos borregos haciéndoles creer que son libres cuando están esclavizados en la peor esclavitud que la humanidad ha conocido: la que hace creer que eres libre.

Ahora en este siglo XXI, lo que estos autores de novelas distópicas veían venir ha llegado. El próximo paso está en lo que han llamado Inteligencia Artificial con la que, los que quieren imponer un gobierno mundial con una sola doctrina, terminarán eliminando al ser humano, al individuo diferente de los demás individuos, a cosificarlo y hacer uso de él como si de un objeto fuera. En eso están ahora tras la farsa de las democracias que no son tales, sino el principal instrumento para adormecer a los ciudadanos como el soma los adormecía en “Un mundo feliz”

MAROGA

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