El núcleo duro pretende borrar la huella de dióxido de carbono que ha dejado el falcon y su falta absoluta de empatía durante cinco años, sin lograr proyectar más que la tenue luz de un quinqué sobre la pobre y mezquina superficialidad de su persona.
Escondido en su madriguera para que el batacazo autonómico y municipal no se asocie a su imagen, Sanchez ha preparado su penúltima perversidad y su salida desesperada a los medios.
Y qué va a hacer estos dias sino mentir, lo que mejor sabe hacer. El primero elegido ha sido Alsina, «estos son mis principios y si no le gustan tengo otros» y mientras afirma que va explicar sus mentiras encantado, y apela a razones de estado hasta ahora no explicadas, desde fuera de la pecera su «núcleo duro» dice, por orden suya, que se ha acabado.
El marketing socialista llama «núcleo duro» a defenestrados de Sanchez, vueltos a llamar, que no tienen influencia ni capacidad de decisión, envuelven maniobras políticas y chorradas con lazos de celofán y cuando el señorito ordena repetir una frase se vienen arriba y «la cavan». La fosa del sanchismo, digo, para evitar la ordinariez.
Son en realidad felpudos bien pagados para blanquear pero maltratados, que vuelven a agachar la cerviz y cuyo grado de peloterismo hacia el líder es muy superior a la media. Seres tan contentos y agradecidos cuando les nombra como decepcionados el día que los devuelve al ostracismo. Gente que se disgusta mucho un día y al otro se presentan de nuevo voluntarios para ser maltratados.
El déspota se ocupa de que nadie pueda hacer sombra al Sol que nos ilumina de día y al Faro de Occidente que nos guía en mitad de la noche en ésta conjunción de astros que sólo sucede en España cada billón de deuda.
Se va apagando el quinqué y tras los últimos coletazos del tirano, quedarán las sombras en las que los españoles hemos vivido sumidos, mientras nos sobrevuelan multitud de Ovnis, perfectamente identificados, en los que el fantasma de Sanchez sigue vagando inútimente de aquí para allá avivando los incendios de los peores episodios de nuestra Historia.
Pero el tirano no se debe preocupar por legislar la memoria. Porque de él, y de algunos más, nos vamos a acordar, no sólo por el merecido escarnio y el general vituperio que les espera, sino porque con ellos vamos a estar en perpetua Deuda.
La noche se cierne sobre el tirano y con ella la oscuridad, la penumbra, la umbría, la negrura, las tinieblas, la negra nube, mientras su imagen contoneándose se desdibuja camino del horizonte del 23 de julio.
Victor Entrialgo de Castro
