“Los torpes se envanecen de su testarudez confundiéndolo todo”
El error es propio del hombre, pero permanecer en él es de torpes y soberbios a partes iguales.
No se puede ser más torpe que lo ha sido Pedro Sánchez ante Feijóo en el debate.
Que Pedro Sánchez es un soberbio lo sabíamos casi todos desde que entró en política, pero que era torpe lo sabíamos unos pocos. La mayoría de las personas desconocen que la soberbia, la mayoría de las veces, va del brazo de la torpeza. Y esto es así porque el soberbio, ególatra, narcisista lo tiene tan creído que no puede entender que él, compendio de todo lo bueno sin mezcla de mal alguno, pueda equivocarse; incluso cuando le avisan no atiende el aviso y, naturalmente, no aprende. Pedro Sánchez ha ido dejando señales claras de torpeza a lo largo de su legislatura. Han sido varias, pero quiero señalar dos muy potentes: encamarse con Bildu para seguir durmiendo en el colchón de la Moncloa y tener como único argumento en todas las elecciones en las que ha sido derrotado – recordemos que llegó a la presidencia por una moción de censura fraudulenta – el Dóberman amenazante de “¡Que llega la ultraderecha!” Tapaba su torpeza con los votos bien pagados de Bildu, PNV, ERC y Podemos, pero cuando menos lo esperaba y donde menos lo esperaba (Andalucía), el resultado de las elecciones que dieron el poder a Juanma Moreno, la cortina que tapaba sus torpezas se levantó y ya, ni siquiera los votos bien pagados, pudieron taparla.
La última torpeza de Pedro – habrá más durante la campaña electoral – ha sido convocar elecciones para el mes de julio en la creencia de que, mientras todos los votantes de izquierdas se quedarán en casa al amparo del aire acondicionado (los que lo tengan), los votantes de derechas abandonarán sus ciudades para refugiarse del calor en el mar o la montaña. La siguiente torpeza que va a cometer es creer que la emperifollada Yolanda Díaz; esa barbi de la política va a recoger con su escoba de bruja los restos desperdigados de Podemos y que se los va a regalar a él. Dicen que Pedro está pidiendo muchos debates con Feijóo en la creencia estúpida de que él, escogido de los dioses, es superior al gallego: otra torpeza derivada de su excepcional soberbia.
Ha pervertido todas las instituciones y las administraciones y se ha adueñado de ellas para su solo beneficio, ha pervertido la justicia para que ciegamente apoye los desmanes que se le han ido ocurriendo, ha evitado el Congreso y dictado leyes autoritarias desde el consejo de ministros, ha puesto en el consejo de empresas estatales a sus amigos y ha manejado a TVE y todos los medios de comunicación más potentes para que esparcieran por toda España sus mentiras de los falsos logros obtenidos, la bondad de sus decisiones y su imagen impoluta de político progresista comprometido con lo social, con los más vulnerables, con los más necesitados. Ha hecho lo que le ha dado la gana con los millonarios fondos europeos. Lo ha tenido todo a sus pies, ha hecho y desecho a su antojo, y… sin embargo, ha perdido el debate ante Feijóo, que le ha puesto a los pies de los caballos y va a perder las elecciones. ¿Se puede ser más torpe?
No debemos olvidar que la soberbia tiene como compañera a la torpeza y que esta es consecuencia de aquella, pues es la soberbia de Sánchez la que le ha impedido ver qué él no es infalible, que es un mortal con las mismas limitaciones que los demás mortales, pero revestido de una falta de escrúpulos bárbara, de una ausencia de empatía enfermiza y de una egolatría y narcisismo enormes. Y son esas taras las que, impidiéndole aprender debido a su soberbia, le conducen de modo irremediable a la torpeza, a cometer errores de bulto que un niño podría ver.
Pedro Sánchez, teniéndolo todo, lo ha perdido todo. Es imposible ser más torpe. Todos los hemos visto en el debate.
MAROGA
