Ojo a Galicia, al Bloque Nacionalista Galego y al separatismo que de la mano del PSOE conduce a la balcanización de España, para quien no se acuerde de la guerra de la antigua Yugoeslavia.
Ojo a Puigdemont y a Rusia, a estas «repúblicas separatistas» y ésta izquierda irresponsable y sinsustancia que, con un comportamiento incongruente como el de las relaciones tóxicas, está pretendiendo avocarnos en Cataluña, País Vasco, Galicia o Canarias, a la inestabilidad política permanente.
Ojo a los indolentes que, despues de pensarlo unos segundos, encuentran siempre la disculpa, «es que si no, llega la derecha”, mensaje de los comunicólogos sanchistas que millones de españoles se han tragado sin masticar con la demonización de Vox como estrategia política fundamental de Sánchez y advertencia al PP para que no se arrime, cuando lo que está haciendo Vox no es más que una resistencia incuestionable de la física al alarmante proceso de degradación de España sin las ambigüedades de cuarenta años de intereses creados del Pp.
Ojo con este no argumento «del caos antes de que llegue la derecha», porque es el reverso de la envidia y la negación histórico-republicana de la democracia.» ¿O es preciso recordar cómo llegó Sánchez al poder haciendo circo con las payasadas de su patológica personalidad y los equilibrios en la cuerda floja de sus exiguas mayorías?
Ojo a la actuación del fiscal general y la amnistía, porque si no se distingue entre el Estado y el partido es que ya estamos en Rusia, Cuba o Venezuela y no nos hemos enterado, porque es evidente la estrategia histórica e ideológica de Rusia con la Europa Occidental aprovechando esta vez al tonto útil de “Pus de Mon”.
Ojo al Estado fallido de partidos, que habiendo sufrido un golpe de Estado continuado que aun no ha terminado, convocan manifestaciones contra la amnistía el día después de negociar indultos, mientras con el dinero que cuestan las lanchas para luchar contra traficantes, no habiendo transcurrido 24 horas del asesinato de guardias civiles en Barbate, llega Sanchez en Superpuma a Valladolid para ver «los Subvencionaos», cierra la ciudad con 1.500 policías para que no le linchen, y se vuelve en Falcon.
No hace falta tampoco ser Poirot para ver que Sanchez ha entregado las actuaciones del CNI a los separatistas catalanes y las gravísimas consecuencias que ello tiene, empezando por la seguridad del país en la lucha contra el yihadismo. Porque ni España puede renunciar a su legítima defensa cuando el enemigo está dentro ni Europa, como ha revelado la reciente votación del Parlamento Europeo, puede pasar por alto las conexiones, cooperación y financiación del terrorismo para la seguridad occidental, ni puede tolerar las actividades de muchos agentes de inteligencia que andan por ahí al servicio de una potencia extranjera, empezando por la eurodiputada letona, ni tampoco, por supuesto, que después de una larga preparación y a través de la violencia, el separatismo intentara en España en 2017 subvertir el orden constitucional, aterrorizar al Estado, al Gobierno y a la ciudadanía en general.
Ojo a la degradación de las instituciones, TCo, CGPJ, incluída la «guardería» del Congreso, que no empezó con la llegada del bebé sino con quienes lo llevaron para utilizarlo y continúa ahora con el último taxi de Podemos que no quiere volver al colegio de donde nunca debió salir.
Porque si los que nos representan no distinguen entre la manifestación del sector primario, de agricultores y ganaderos y la violencia inconstitucional en 2017, es que confunden deliberadamente el terror iletrado de unos charnegos disfrazados de separatistas como el sindicalista de Somiedo y Palestina que quieren ganar su identidad, no la de Cataluña, demoliendo una Constitución, y unos agricultores y ganaderos independientes que como los autónomos, han sido siempre ignorados por los sindicatos paniaguados y las sectas de los partidos.
El gobierno mismo con su continua provocación es el que ha creado la violencia que pueda venir de ahora en adelante. El que ha generado la Resistencia. Entre tanto, si se cumplen las expectativas de la derecha y entra Vox en Galicia, significará que, después de tanta fanfarria partidista, la que acierta una vez más es la inteligencia profunda y natural del campo por encima de una urbanita estudiada e indolente cada vez más «sin vergüenza» que, con estudios inventados y sin haber trabajado nunca, quiere vivir del cuento de la política diviendo para ello España en Repúblicas independientes.
Víctor Entrialgo
