El título de este artículo podría prestarse a confusión con la película hispano- mexicana «El laberinto del fauno», cuyo genero se sitúa entre el drama y la fantasía oscura, está producida, escrita y dirigida por Guillermo del Toro y estrenada el 11 de octubre de 2006. Fue la película de mejores críticas a nivel mundial durante ese año y también con más candidaturas a los premios Óscar –entre las de no habla inglesa– no ya debido a esa ficción fantástica ambientada en un mundo mítico, con elementos del «realismo fantástico», si no por incluirlos en ella para asi reflejar mejor, el horror de un régimen trasnochado «autárquico y fascista», en franca referencia al histórico»Franquismo».
Era de esperar, conociendo los ambientes de ideología «woke» en la que se desenvuelven los habituales componentes de la farándula «cultureta» española.
Hoy, la película –salvando la clara intencionalidad y las diferencias de su autor– podría interpretarse como una visión distópica, aunque real, del actual Gobierno de Sánchez inmerso en un profundo y oscuro «laberinto» político del que cada vez le cuesta más encontrar la salida más correcta y honrosa, pues suele perderse continuamente en los imbricados pasajes y corredores de su nefasto, ineficaz y antisocial laberinto político. Cada vez que se adentra por uno de ellos nos conduce a situaciones que no van a ninguna parte, salvo a la total perdición.
La solución –no es reconocer su error y desandar esos falsos caminos– sino que recurre a su remedio habitual: al omnimodo «fetiche-talismán» preferido y nos amenaza con la presencia del viejo fantasma del difunto «Caudillo», el «Francomodin», como el único y omnipresente culpable de todos sus errores, chanchullos , mercadeos y chantajistas cesiones a los partidos que le sustentan y, que en definitiva son los que intentan desunir y destruir España con su tácito consentimiento y negligencia.
Por eso en el polémico y antisocial affaire del decreto- ley «Ómnibus» –ese decreto «trampa», «troceado» o «macedonia», calificativos que (según el nuevo argot de Sánchez y su panda) iban repitiendo a troche y moche por todos los pasillos del Congreso, del Senado y de todos los Ministerios, cada uno de las cacatúas parlantes que configuran su equipo ministerial– en el que, de un modo avieso e intencionado, no han mezclado «churras con merinas» que, al fin y al cabo son ovejas aunque de distinta raza, sino a «churros»(los de mojar en café con leche o chocolate) con «merinas»,(esas ovejas de lana abundante y fina) sin que se le caigan los palos del sombraje– mientras afirmaban que los únicos culpables de no haberse aprobado el polémico decreto «entero» (con todos sus puntos y comas) son Feijóo (como es ya habitual desde que está al frente del PP) y, también Franco, (pese a que ya han transcurrido 82 años de su muerte).
Pero claro está,en España siempre que algo no guste ni beneficie ni convenga a la férrea dictadura socialcomunista del «puto amo» Sánchez (Puente dixit), siempre los únicos culpables y responsables de todo son: Franco y el PP de Feijóo o el PP de Feijóo y Franco. El orden de «culpables» no altera para nada el resultado de esta sempiterna y trasnochada responsabilidad. Por cierto, Sánchez — según las propias palabras del expresidente Aznar y con las que estoy muy de acuerdo […) » es el soldado más fiel que ha tenido nunca Franco, ya que lo necesita para todo y a todas horas».
Y por si eso, de por si, no fuera suficiente para tildarlos de «tontos del haba», encima tienen el cinismo y la desvergüenza de llamar a este totum revolutum , «escudo social», pese a que en el se incluyen unas medidas esencialmente antisociales y discriminatorias, como: la “subida del IVA, de la luz y de los alimentos, la protección a los inquiokupas, una peor financiación para todas las autonomías, excepto para Cataluña, y regalar al PNV un palacete en París» –a tiro de piedra del Arco del Triunfo– para que el alquiler que le cuesta mensualmente al «Instituto Cervantes» el estar ubicado allí, sea a nuestra cuenta, se lo paguemos a los nacionalistas y les convirtamos en «rentistas» del Estado y, todo a pesar de que 3 sentencias de la Justicia francesa de los años 1943, 1947 y 1951 hayan reconocido la titularidad y propiedad al Gobierno de España, pero esto, para los contumaces «aprovechateguis» vascos del PNV, no cuenta para nada, por aquello de «a caballo regalado, no le mires el diente». Sánchez con este «voluntarioso» y «desinteresado» regalo intenta ocultar que sigue siendo su rehén a cambio de esos 5 interesados y miserables votos.
¿Que mente en su sano juicio iba a votar a favor de esas incongruentes medidas? ¿Como pretendían que se aprobaran esas antisociales y anti económicas propuestas bajo un «social» y «moral» chantaje al PP, dejando fuera del mismo al molt honorable Puigdemont y a sus 7 nois (votos) como si ellos no hubieran votado también en contra? ¿Por qué han montado todo este vodevil…? si sabían que a los pocos días Sánchez iba a pactar con Junts para sacar adelante algunas de las medidas –incluidas en ese decreto «ómnibus» que ni Sánchez ni ninguno de sus papagayos ministros querían «trocear»– y dar salida a aquellas que quedasen pendientes, ante la posibilidad de que el PP y VOX aprobasen las propuestas tendentes a revalorizar las pensiones, la renovación de los descuentos en transporte público,las ayudas a las personas afectadas por la DANA e incluso la prohibición de corte de suministros básicos y desahucios a personas vulnerables, entre otros. Así ha sido y así lo proponía desde el minuto cero el PP de Feijóo, aunque el «pagafantas» y «cerbero» ministro de Transportes y «valido» del «Puto Amo» Sánchez haya tildado a la ejecutiva nacional del PP de ser «pollos sin cabeza». Pero hasta el más tonto sabe que «perro ladrador es poco mordedor».
Cómo es un gran experto y astuto estratega en toda clase de felonías, chapuzas y aranas, sabe muy bien que aunque –la mejor defensa de su ineptitud e incapacidad para «seguir» en el Gobierno– es atacar al PP, debería hacer dos cosas: primero, emular a Diógenes, el «Cínico de Sinope», llevar un candil encendido para buscar mucho mejor los «votos hasta debajo de las piedras y evitar encontrarse con mortales «escorpiones» (Page dixit) bajo las formas de un «procès», de una «amnistía» o de un golpista y profugo «Puigdemont» y, segundo, hacerle caso a Feijóo, cuando le recuerda que «los votos no están escondidos debajo de las piedras, sino en el Congreso de los Diputados». Así de sencillo, pero ni por esas.
A pesar de las múltiples ofertas de Feijoo –de presentar un nuevo decreto ley «troceado en el que solo figurasen las mejoras sociales y económicas para así ser apoyadas y votadas por el PP– Sánchez y su chirriante e hilarante corifeo de cotorras ministeriales seguían replicando y preguntando ¿qué parte del «no es no» no entendían los del PP y qué pensaban hacer ahora con el «juguete roto»(decreto ómnibus)? como vociferaba –casi a ritmo de seguiriya– «Marisu», la Farruquita de Triana y la nueva secretaria general del PSOE andaluz, elegida por una amplia mayoría «democrática» y libremente.
Conociendo su obsesiva tendencia patológica a la mentira, sabíamos que, «más pronto que tarde» , donde dijo «digo», ahora diría «Puigdemont» y, que por tanto, cambiaría de opinión (como el llama a sus frecuentes mentiras) y volvería a dejar sus personales vergüenzas al aire, tras una nueva bajada de pantalones «bicomunitaria : a la vasca y a la catalana.
Su desorientado zigzaguear por el «laberinto político» iniciado el pasado verano cada vez se le está complicando más y no parece que vaya a encontrar la salida adecuada en que ha metido a España –al no tratarse del Laberinto de Creta ni ser él el mitológico héroe Teseo ni disponer de la astuta ayuda de Ariadna a través de su famoso ovillo de «hilo»– al ser este laberinto puramente político e ideológico y estar apoyado, sustentado y conformado por partidos de ideología distinta que no comparten ni sus mismos intereses ni sus necesidades.
Contentar a unos implica que otros se nieguen a seguir colaborando con él en el Parlamento y su permanencia en su monclovita sillón cada día se nos presenta más difícil . Y todo esto sin añadirle los últimos escándalos de corrupción que le afectan muy directamente en sus tres principales esferas sociales: «la personal», a nivel de partido, «la familiar», a nivel de su mujer y su hermano y «la presidencial», a nivel de su Ejecutivo.
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.
