OPINIÓN

Manuel del Rosal: «La conjura de los necios»

Manuel del Rosal: "La conjura de los necios"

“Los hombres son dioses muertos / De un tiempo ya derrumbao / Ni sus sueños se salvaron / Solo su sombra ha quedao.

Se vuelve cruda mentira / Lo que fue tierna verdad / Y hasta la Tierra fecunda / Se convierte en arenal”

A sí cantaba Athualpa Yupanquí  en versos premonitorios de lo que el mundo ha llegado a ser; un arenal desértico donde de los hombres, devenidos en necios, solo ha quedado su sombra.

“Dios aborrece a los necios”

Proverbios 12:22-23 “Del corazón de los necios solo, brota necedad…El necio hace gala de su necedad”

Según está el mundo, una mente medianamente razonable debe hacerse esta pregunta: ¿Estamos gobernados por necios que han sido elegidos libremente por necios? Que cada uno reflexione antes de contestar.

John Kennedy Toole se suicidó al no haber podido editar su novela La conjura de los necios. Estaba muy lejos de intuir que se editaría y que se vendieran millones de copias, además de ganar un Pulitzer póstumamente. John nunca sospechó que Ignatius J. Reilly, protagonista de la obra y su cáfila de necios, pasados unos años, conquistarían el mundo.

Ortega Y Gasset si sospechaba ya, cuando escribía su famosa Rebelión de las masas, que la necedad y la estupidez dominarían el mundo.

“Buena parte del carajal en el que está metido el mundo viene de la incongruencia entre la perfección de nuestras ideas y conocimientos sobre la ciencia, técnica y tecnología y el atraso monumental y escandaloso en las ciencias morales y en la sociología” Entresacado de una frase de Ortega y Gasset

Una de las frases de Ignatius J. Rielly dice así: “En un mundo donde la cordura ha sido desplazada por la necedad, la locura es la única vía de escape”. Por eso la sabiduría es peligrosa en un mudo de necios. Si no la gestionas bien te llevará a ser un necio más o a refugiarte en ti mismo.

Kennedy Toole en 1963 vio claramente como el mundo marchaba a paso ligero hacia la necedad en los hombres del común y – esto es especialmente grave – en sus dirigentes

El hombre sobre el que escribo, el hombre de hoy y desde hace años, todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, es lo que yo llamo el hombre necio, al que pertenecen todas las clases sociales y, en contra de lo que generalmente se piensa, abunda más, mucho más, entre los que visten de traje y corbata que entre los que visten mono de trabajo. Por eso el mundo es un carajal al estar en las manos de los que visten de traje y corbata, Este hombre está arropado por una masa de congéneres estúpidos y necios que comparten el desconocimiento de la historia, carecen de tuétano y, por lo mismo, dóciles y maleables a todas las doctrinas y disciplinas que son emitidas por los centros que ostentan el poder – sobre todo a la última que llega – sin el más mínimo análisis; basta que sea la que está en boca de todos. Este hombre está dominado por sus apetitos, cree que tiene todos los derechos y ningún deber. La sociedad, la masa formada por estos hombres no actúa en base al conocimiento, basta que todos emitan estúpidamente y, sin saber el motivo, el mismo sonido al unísono, para sentirse cada uno reflejado en cada uno y todos identificados en todos constituyendo, “no un grupo de hombres, sino un grupo de gramófonos” (Ortega y Gasset)

“La ignorancia, la negligencia y la estupidez siempre están conjuradas para triunfar” decía Ignatius J. Rielly. Hoy comprobaría que, no solo están conjuradas, sino que han conseguido que el mundo – al menos el occidental, sobre todo Europa – esté en manos de necios de manual. La ignorancia, la negligencia y la estupidez conjuradas, han triunfado.

El tipo humano hoy dominante – al menos en Europa – es el que yo llamo hombre necio. La razón de llamarle así es esta: el ignorante sabe y asume que es ignorante y por ese conocimiento y desde la humildad intenta saber, aprender; el necio no sabe que es necio y, desde la soberbia que caracteriza la necedad, si alguien se lo dice no lo admite ni como sugerencia. En su desconocimiento de ser un estúpido, un necio y, caso de vislumbrarlo en alguna ocasión, lo desecha de inmediato, sin ni siquiera imaginar el daño que hace a los demás. Ya, Carlo María Cipolla lo dice en su ensayo Allegro ma non troppo. “La estupidez ha causado más desastres a la humanidad que las catástrofes naturales y que las guerras, siendo estas consecuencia de la estupidez humana” Los estúpidos y la estupidez, los necios y la necedad han aumentado exponencialmente desde que el progresismo y lo woke aparecieron para dominar las costumbres y relaciones – al menos aquí en Europa – y este hombre estúpido, vacío por dentro, se ha enganchado a la ola de estupidez y necedad para llenarse de algo, se ha crecido y se ha rebelado y cree que tiene el derecho y el deber de imponer las leyes que se gestan en sus tertulias deportivas, en sus ensoñaciones compartidas, en sus entregas a las últimas doctrinas con las que son adoctrinados, en sus estúpidas charlas de café o cerveza, según qué hora del día. Y esta conjura de los necios, desde su atalaya sustentada en la estupidez se impone en las urnas para formar gobiernos necios y estúpidos. En su vulgaridad afirman y reafirman su derecho a imponer gobiernos elegidos desde la vulgaridad, la estupidez y la necedad Y así llegamos a la situación en la que el mundo occidental – sobre todo Europa – se encuentra: Una sociedad formada en su mayoría por estúpidos y necios gobernada por unos gobiernos necios y estúpidos elegidos libremente por esa sociedad. Como bien dice Carlo María Cipolla en su “Allegro ma non troppo”: “Cuando una sociedad está formada en su mayoría por necios y en el gobierno el número de necios supera al de inteligentes, la catástrofe está garantizada”

MAROGA

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