En los últimos años estamos asistiendo a una lluvia de advertencias, cuando no de amenazas, de quienes nos quieren hacer creer que la libertad mina la seguridad y que debemos ser sumisos a las doctrinas oficiales de obedecer sin rechistar, porque así nos garantizamos nuestra seguridad. El último envío se apoya en la amenaza de guerra mundial y sus consecuencias.
Parece ser, según una encuesta que hay por ahí, que la mayoría de nuestros jóvenes buscan seguridad, aunque pierdan libertad. No puedo entenderlos, si eso es así. La seguridad no existe, es una superstición porque la vida es una aventura atrevida o no es nada.
No busques la seguridad, busca la oportunidad y, una vez encontrada, aprovéchala inteligentemente para ganarte tu seguridad. Los gobiernos te atiborran de frases sobre la seguridad que nada te aseguran y, sin embargo, minan tu libertad.
A veces los manipuladores al servicio de quienes nos quieren manipular lanzan mensajes torticeros sobre el dilema libertad-seguridad. No hay tal dilema, es un planteamiento falso con el que buscan hacernos creer que la libertad amenaza la seguridad. Eso sí, la libertad es cara y si la quieres debes decidir entre carecer de ella o pagar su precio.
Decía Eisenhower qué si quieres seguridad total, vete a una cárcel. “No tienes que preocuparte por la alimentación, la vestimenta, la atención médica…Solo te faltará la libertad”.
Puedo asegurar que en este mundo occidental donde se enarbola la bandera de los derechos humanos, la libertad de expresión y la sacrosanta libertad individual, los gobiernos intentan por todos los medios que los ciudadanos prefieran la seguridad de una cárcel al riesgo de la libertad. Y también aseguro que millones de ciudadanos viven encerrados en la cárcel de una imposible seguridad total renunciando a su libertad.
El mundo occidental ha evolucionado de tal forma que ha puesto en manos de los ciudadanos las nuevas tecnologías, y con ellas, la posibilidad de controlar o, al menos, molestar a los poderes públicos sean de la ideología y del signo que sean. Eso no puede ser digerido por ellos que llevan siglos, cuando no milenios, controlando a los ciudadanos. Y nos ofrecen una seguridad momentánea a cambio de entregarles nuestra libertad individual; de esa forma somos más fáciles de controlar y manipular dejando de ser individuos para pasar a la categoría de rebaño. Los poderes públicos saben muy bien manipularnos para esconder los fracasos de su gestión política a lo largo de los siglos tras el velo de culpar a la libertad. Intentan, y lo logran en la mayoría de los casos, implantar en nuestras meninges la idea de que la seguridad se obtiene renunciando a la libertad. No es así, sino todo lo contrario, la seguridad es compañera inseparable de la libertad, no puede existir seguridad en la vida de las personas cuando estas pierden su libertad, la seguridad alcanzada a costa de la libertad es una seguridad con fecha de caducidad, mísera, servil, rastrera; es la seguridad de los cementerios donde todos permanecen callados; es la seguridad que te permite respirar, pero no vivir, porque vivir la vida conlleva riesgos, riesgos que, cuando los hemos superado nos reafirma en nuestro amor a la libertad.
Hoy el hombre tiende a ser gregario. La multitud le da seguridad …hasta el momento en que, de nuevo se encuentra ante sí mismo, momento en el que pierde esa falsa seguridad que da el rebaño, esa certidumbre de pancartas. Debemos recordar que el hombre más fuerte es el que está más solo y que el buey solo bien se lame, sobre todo porque se lame a su antojo y sin las normas que la sociedad le impone bajo la falsa vitola de seguridad.
Cuentan que una madre vio como su hijito de siete años intentaba alcanzar la tetera puesta al fuego. Estaba absorto contemplando como por el pipote salía el vapor de agua y quería saber. La criada se apresuró a detener al niño, pues iba a quemarse su manita. La señora la detuvo y el niño se quemó uno de sus dedos antes de llegar a tocar la tetera.
Eso es la libertad, hijo mío – Le dijo la madre mientras le abrazaba tiernamente.
MAROGA
