Una escena frecuente en los ambientes laborales es ver a un empleado experimentado enseñando o guiando a otro más joven o con menos experiencia sobre las particularidades del trabajo. Y a veces no queda claro si se trata de un mentor o un patrocinador. Suele pensarse que ambos desempeñan el mismo rol dentro de una organización, cuando no es así.
La mentoría y el patrocinio son relaciones profesionales en las que cada persona tiene un papel claramente definido y debe comprometerse a desempeñarlo. La principal diferencia entre los dos es que la mentoría se refiere principalmente a alguien que le brinda consejos y comentarios, mientras que el patrocinio involucra a alguien que lo defiende directamente porque cree en su capacidad y potencial.
De manera que en el entorno laboral la mentoría es una relación entre alguien que comparte conocimientos y brinda orientación (el mentor) y alguien que aprende de la experiencia y el ejemplo de esa persona (el aprendiz).
El mentor es el líder, jefe o trabajador veterano que enseña al recién ingresado o aquel con poco tiempo en la empresa que requiere preparación en un área específica de interés para la compañía.
Esta práctica de formación y adiestramiento es lo que denomina mentoring o mentoría, cuya filosofía se basa en que todo empleado tiene un potencial profesional o técnico que en ocasiones esta inexplorado y/o no lo suficiente desarrollado. Esto les permite a las compañías identificar y mantener el personal más idóneo.
En el intercambio entre el mentor y el aprendiz se da una relación personal, más estrecha, haciendo que este último se identifique no solo con el conocimiento, sino también con los valores y cultura de la empresa. Pues, al fin al cabo, la intención de las compañías con el mentoring es retener al empleado que le resulta esencial para la buena marcha de la organización.
Las empresas también deben tener claro que, aunque pueden percibirse como parecidos, el mentoring y el coaching tampoco son lo mismo. La mentoría se basa en relaciones y el coaching en las tareas, mientras que la visión del primero es a mediano y largo plazos y la del segundo a corto plazo. El mentoring persigue la transformación personal; el coaching la del comportamiento o habilidades.
Y el mentoring mucho menos tiene que ver con la figura del patrocinio que, como mencionamos anteriormente, es referida a la defensa por parte de líderes senior de los talentos emergentes. No obstante, se ha convertido en un tema candente dentro de las compañías porque no está funcionando tan bien como debería. ¿La razón? Los patrocinadores no entienden realmente su rol y cómo hacerlo bien. Muchos de los que se consideran patrocinadores actúan más como mentores.
De allí que en el mundo empresarial se haya buscado definir claramente lo que significa ser un mentor y un patrocinador de los talentos más jóvenes. Si bien guardan ciertas similitudes –a través de ambas modalidades se busca apoyar y promover a los profesionales junior– no son lo mismo.
De que eso quede claro dependerán los beneficios que no solo obtenga el novel empleado, sino también los líderes o gerentes que establezcan este tipo de relaciones en las empresas, tomando en cuenta que la mentoría y el patrocinio son herramientas poderosas para el éxito personal y la creación de fuerzas de trabajo más sólidas.
A la larga, el mentoring y el patrocinio traerán un cúmulo de beneficios para las empresas, al contar con profesionales jóvenes mejor capacitados, con más habilidades y mayores conocimientos, gracias a la experticia y la experiencia que líderes, gerentes y empleados veteranos han compartido con ellos.
Cuando se maneja bien, una relación de mentoría o patrocinio ayudará a todos a crecer y prosperar. Ambos ofrecen beneficios únicos y pueden desempeñar papeles claves en el desarrollo personal, profesional y empresarial.
