El tiempo y las corrientes hacen la luz, y la luz los paisajes, y los paisajes la forma de ser, porque no es lo mismo que la mirada se pierda en el horizonte que se tenga que detener en los valles, porque estar expuesto a todos los vientos, rodeado de montañas puede hacer al hombre más o menos cauteloso o confiado, reservado, sociable o desenfadado. La variedad es el viaje.
El problema es el paisaje de una España secuestrada por el poder infame de Pedro Sanchez, un ser acartonado sin emociones que no puede ver nada de eso porque, aunque no para de moverse en Falcon de aquí para allá a sitios equivocados para huir sin éxito de sí mismo, no ha estado en realidad nunca en ningún sitio.
Así pues, el clima, la familia y, por supuesto, la Historia que los separatistas pretenden ignorar por sentimentalismo económico, dan al personaje su circunstancia. Ese contexto con el que no se puede dejar de contar para entender la Europa que se pretende es, desde el siglo XV, el Estado-Nación, sin los que dificilmente se pueden entender hoy los lugares, los países y los sitios.
Y aunque todo esté en permanente cambio, Inglaterra aun sigue siendo musgo, pompa y parlamento, Francia nostalgia y grandeur, Italia calle y desgobierno, Alemania chukrut y organización, Portugal bacalao y saudade y la España que nos sigue doliendo, alegría, envidia, emoción desaforada, cabreo y desorganización, aunque se admiten opiniones y matices sobre una nación indigna que se va de vacaciones sin reparar un segundo en que está secuestrada por el poder político.
Sin embargo, aunque no viaje ni procesione, para las que estos días quieran sobrellevar los excesos de esos Estados-nación siempre nos quedará la medio verdad de Hollywood cuyo gran logro es su impagable contribución a la imaginación y, de paso, al alivio del dolor, pero cuya diferencia con la realidad radica en que en esas historias y representaciones maravillosas falta el proscenio, la profundidad de la realidad.
Porque dentro de esas extraordinarias representaciones del séptimo arte falta, lógicamente, la química, la electricidad, el mapa psíquico y el contexto de los protagonistas de la vida real, que es lo difícil de conllevar. Aun así, hay algo maravilloso en Hollywood. Su maravillosa virtualidad para evadirte del cabreo que producen en la vida de una nación secuestrada las insoportables y diarias provocaciones del poder.
Víctor Entrialgo
