¿Esta muy mayor Felipe González?

Francisco Reyes Domínguez
Sevilla

Sr. Director: Felipe González se ha puesto modelo de sí mismo y ha querido calificar la actitud de María San Gil, Dolors Nadal y Rosa Díez. El vestusto expresidente dice que es un valiente político que aguantó sin llorar ni lamentarse cuando fue abucheado no como las tres féminas. Es evidente que este señor se ha parado en el tiempo, pero en su propio tiempo, cuyas realidades nos obliga a rememorar.

A Felipez González también lo abuchearon en la Universidad, pero él presidía un Gobierno, por lo que tenía el privilegio -lógico – de unos buenos servicios de seguridad, y a él le abucheaban españoles abochornados precisamente por la realidad de aquel Gobierno de corrupción y GAL. En el caso de María, Dolors y Rosa estamos ante mujeres que desde la oposición y con las manos limpias tratan, tan sólo, de desarrollar sus campañas en un ambiente de normalidad democrática.

La gravedad de la prepotencia de González está sobre todo en la justificación del boicot electoral y de la radicalidad de la extrema izquierda. No es tolerable, de ningún político y de ningún signo, y ni siquiera en aras de la deseada «tensión» y «drama» que imploraba ZP a su amigo Gabilondo. Tales prejuicios acerca de las mujeres generan violencia.

Además el locuaz González no se ha parado aquí. Recientemente ha dicho que “sólo a un imbécil” se le ocurre decir de sí mismo “soy más inteligente, más moderado y más no se qué que Zapatero”, en referencia al candidato del PP a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy. Y dice que insulta porque «se siente libre desde hace mucho tiempo». Altos cargos del Gobierno socialista no pueden jactarse, como su antiguo jefe, de sentirse libres «desde hace mucho tiempo».

Por Soto del Real y otras prisiones españolas han pasado José Barrionuevo, Rafael Vera, Miguel Planchuelo, Ricardo García Damborenea, Julián Sancristóbal, Luis Roldán, Aida Álvarez y José María Sala, ente otros dirigentes y cargos de confianza de Felipe González que no pueden decir con el mismo orgullo que disfrutan de una «antigua libertad» para decir lo que quieran, como la de su viejo jefe de filas.

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