Carta al Director

Miedo

Siento miedo por mis hijas, miedo de que salgan hasta tarde, miedo a que conozcan algún desaprensivo, machista, salvaje que me las maltrate y las haga sufrir o peor aún, que acaben con ellas para siempre

Siempre recordaré como el momento más feliz de mi vida, cuando vi la carita de mis niñas al nacer. Cómo las miré, comprobando sus cuerpecitos, asegurándome de que todo estaba bien.

Y su olor, qué maravilla, tan dulce, permanecerá en mi memoria para siempre. El amor hacia los hijos, es tan grande… Sería capaz, si hiciera falta de entregar mi vida por ellas. Supongo que todos los padres sentimos lo mismo, menos algún caso que te enteras por ahí, pero «esos» no son padres.

Te desvives, en su sueños, en sus fiebres, las ves crecer sin darte cuenta, se hacen mujercitas y te sigues desviviendo… Quieres que su futuro sea lo mejor, que sean personas de provecho, y poco a poco intentas convencerte de que cada vez debes dejarlas que sean más independientes y libres.

Siento miedo, miedo de que salgan hasta tarde, miedo a que conozcan algún desaprensivo, machista, salvaje que me las maltrate y las haga sufrir o peor aún, que acaben con ellas para siempre. El mal, cada día está más cerca, a la vuelta de la esquina, en un transeúnte que pasa o tal vez peor, en la persona que se supone «enamorada» de ellas.

Ahora mismo no hay Justicia, ni leyes. Vivimos desprotegidos e indefensos y ante esto: ¿Qué se hace? ¿Cómo educas a tus hijas para esta vida? Para esta realidad que a diario nos golpea el corazón. Ridículas órdenes de alejamiento que no respeta nadie. Leyes pusilánimes con las que estamos expuestas a lo que quieran los, cada vez más locos que andan sueltos por ahí.

Ya lo único que se me pasa por la cabeza, es que vivo en un país en el que el protegido es el delincuente, el criminal, el extorsionista, el terrorista, el pirata, el político, el ladrón, el pederasta… Todos estos tienen más derechos que las personas decentes, que son las únicas que verdaderamente tienen mucho que perder.

Dicen que la ley es ciega, pero en mi país también es muda y sorda

 

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