Carta abierta a Mariano Rajoy

Carta abierta a Mariano Rajoy
Mariano Rajoy.

Sr. Mariano Rajoy:

Le dirijo estas letras, por si acaso llegara a comandar el gobierno de nuestro país, según nos avisan las últimas encuestas habidas.

Conste Señor, de que un servidor, ni es político ni lo sería jamás en España, ni aunque me empalaran. Hoy día, y tras la experiencia adquirida a través del indeseable mandato político establecido, se puede hablar de un tremendo asco y verdadera repulsa vomitiva, ante la desvergonzada e insolente actitud de todos los políticos que participan en el indeseado establecimiento y porvenir de nuestra Patria.

Y me estoy refiriendo a todos los políticos. Tanto a los que denigran a esa clase con mentiras, falsedades y trinconeo económico, como a los que callan las pertinentes felonías.

Señor, por haber nacido un poco antes de que comenzara la última guerra civil española, no tuve la ocasión de conocer y vivir en un sistema al que llaman democrático. Por consiguiente, me pasé los casi cuarenta y cinco años de mi vida, sin conocer al llorado y añorado sistema de convivencia cívica, llamado Democracia.

Aunque a decir verdad, nada más que comenzó a funcionar el añorado trajín político, me quedé «pasmao». Por lo que a fuerza de preocuparme y maldecir al pegote impuesto en nuestra increíble España; logre mantener una ruda conversación mental muy severa, con la llamada Democracia -ya la hice pública- que me respondió con los siguientes razonamientos:

-Mira a tu alrededor y encontrarás a los culpables de todo cuanto me achacas. Qué puedo hacer yo, si los mismos que me parieron ya fueron los primeros que mancillaron mi nombre.

Al poco de nacer de manos de Pericles, cuando aún no me mantenía de pie, ya apestaba toda Grecia. Los primeros gobernantes ya habían hecho de Atenas -ciudad Estado- el primer gran estercolero político de la democracia. Y desde entonces me he pasado la vida dando tumbos. Me han llevado y traído toda clase de vivales, advenedizos y sinvergüenzas; gentuza que en mi nombre han mentido y mienten, han robado y roban, han corrompido y corrompen todo cuanto tocan.

¿Qué puedo hacer? ¡Pobre de mí! No olvides que yo, la democracia, no soy la solución política de nada. Ofrezco la posibilidad de que, ateniéndose a mis postulados, los hombres vivan en libertad y en el respeto mutuo en un Estado de Derecho representado por la soberanía popular; pero nada más.

La solución son ellos. Que, por descontado, han de ser demócratas. Y eso es algo que no se adquiere por decreto. Hay que mamarlo desde niño: en las familias, en las escuelas…
¡Dime! ¿Qué respuesta y rendimiento democrático puede dar ese revoltijo que se ha formado en España de comunistas, socialistas, derechistas y los del cuento centrista; cuando en la mayoría anida y late un sentimiento dictatorial de tres pares de cojones, y en otros muchos un nazismo que tira de espaldas; acomodados, todos ellos, plácida y gustosamente en un fascismo que les sale por los poros?
Tú no desconoces que las pandillas de políticos que os gobiernan han hecho del Parlamento -legislador- un muladar; un foco infecto de intereses particulares y partidistas supeditado al dedo fascistoide del jefe.

Y un fraude, ya que los diputados, peleles han de entregar su conciencia a cambio de un ignominioso puesto en la lista electoral, que les da el dictatorial y podrido partido político, de acuerdo con el cabeza de esa misma lista. Tampoco ignoras que este Parlamento -la voz del pueblo- ha sido y es cobijo de delincuentes. Entonces, ¿qué razón te induce a culparme?

¿Y qué decir del desdichado y politizado Poder Judicial que tenéis? ¿Crees que no me duele el que mi piedra angular haya perdido su imprescindible independencia y su integridad por mor de los políticos corruptos y haya devenido en podredumbre, que produce desconfianza, escarnio y vergüenza a los ciudadanos que, como bien sabes, son obligados a contribuir con sus impuestos al mantenimiento de ese pútrido tinglado?

¿Y qué me dices de los partidos políticos que se cobijan a mi sombra? Auténticos enemigos capitales del pueblo, refugio de arribistas en busca de tocar poder por la vía dedocrática y llenarse los bolsillos; que jamás obran pensando en mí ni en el beneficio de los ciudadanos. Sólo los entretiene sus bajunos y rastreros problemas internos: lamidos de culos, zancadillas, puñaladas traperas, traiciones y demás facetas de la miseria humana.

Proceder que trasladan a la sociedad, como es natural, en cuando ligan cargo y sillón. Y todo ello en mi nombre. Ten en cuenta que son los golfos; la gentuza ladrona y corrupta quienes más me reclaman y defienden, porque soy el sistema de libertades que mejor les cuadra a sus actos punibles. Auténtica fabrica de canallas.

Señor Rajoy, por ser usted -a mi entender- una persona digna de crédito -jamás hemos oído de sus feroces enemigos políticos la acusación de un vejatorio proceder- le voy a confiar mis inquietudes y desconcierto ante los indeseables hechos que nadie parece ver y por tanto ni mentar siquiera.

Como es sabido, Su Majestad el Rey pertenece a una dinastía francesa llamada los Borbones, y que el Generalísimo Franco, recuperó, contraviniendo el mandato judicial republicano, que desterró a toda su familia del suelo español.

Repasando la historia del Franquismo y sus relaciones con la monarquía, 1936 guerra Civil, Juan de Borbón Escribe al General Franco del Bando Nacional alabando el «Alzamiento» Golpe de estado y pidiéndole poder combatir en su bando. Franco se lo agradece pero le dice que no puede poner su figura en peligro.

1947 Se declara que España es un Reino y Ley de Sucesión que decía que era Franco quien tenía derecho de nombrar al sucesor.

1948 acuerdo Franco y Juan de Borbón para traer al joven príncipe (todavía no oficial el titulo en la dictadura) para que estudiara en España y realizara su formación militar.

En 1962 se caso con Sofía que recibió la condición de alteza real y fijaron su residencia en el Palacio de la Zarzuela.

El 22 de julio de 1969 don Juan Carlos fue designado sucesor del general Franco en la jefatura del Estado a título de rey y con el título provisional de príncipe de España con base en la ley de sucesión de 1947, en la que se decía que «la jefatura del Estado corresponde al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde» (art. 2) y que a él le estaba reservado el derecho de designar al sucesor.

Al día siguiente fue ratificado por las Cortes Franquistas ante las cuales juró su nombramiento y la defensa de las Leyes Fundamentales. El dictador aclaró que se trataba de una «instauración, no una restauración». Asumió interinamente la Jefatura del Estado durante el franquismo (19 julio a 2 septiembre de 1974 y 30 octubre a 20 noviembre de 1975).

El 20 de noviembre de 1975 moría Francisco Franco. Tras ésta, Don Juan Carlos fue ascendido a Capitán General de los tres Ejércitos y dos días después, proclamado Rey ante las Cortes orgánicas y el Consejo del Reino, palabras del presidente del Consejo de Regencia que entonó la fórmula final de proclamación:

«En nombre de las Cortes Españolas y del Consejo del Reino manifestamos a la nación española que queda proclamado Rey de España don Juan Carlos de Borbón y Borbón, que reinará con el nombre de Juan Carlos I»; y a continuación añadió un párrafo no previsto:

«Señores procuradores, señores consejeros, desde la emoción del recuerdo a Franco, ¡Viva el Rey! ¡Viva España!

Por lo que Su Majestad el Rey Juan Carlos 1, juró en las Cortes Españolas exclamando:

«Juro por Dios y sobre los santos evangelios, lealtad a su Excelencia el Jefe del Estado, cumplir las leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que Informan del Movimiento Nacional». Acción que originó un ¡Perjurio! Por no responder a ese juramento.

Cambio que agradó a los políticos trincones, cuando vieron la manera de utilizarlo en beneficio propio; aprovechando la insignia de Capitán General; que es el más alto grado de mando en los Ejércitos Españoles. Con el fin de que tuviera subordinado a todo el digno Generalato Español. Y verse ellos libres para administrar nuestros impuestos, llevándose lo que quieran y haciendo lo que les de la gana, una vez desaparecido el posible susto militar.

Por todo esto se han dado y se dan casos aberrantes de imposible aceptación como acciones democráticas. Yo no he podido entender todavía que clase de democracia es la que tenemos en España. Conociendo el funesto y desastroso proceder del Señor Zapatero a lo largo de dos legislaturas, no es posible entender, el que Su Majestad el Rey nos dijera:

«El Señor Zapatero es «un hombre muy honesto», «muy recto», «un ser humano íntegro», «con profundas convicciones», «que no divaga» y que «sabe muy bien hacia que dirección va y por qué y para qué hace las cosas» «que el rechazo que recibe de los españoles es por culpa de la forma de sus cejas». ¡Ojú!

Por lo que también vemos, con pena y dolor, la libertad de que goza el señor Zapatero -trasto inútil- para destrozar todo el ímprobo trabajo y dedicación exclusiva del Generalísimo Franco, en bien de nuestro País. Así como la libertad de hacer desaparecer sus estatuas representativas, sin que nuestro Rey Juan Carlos I, haya movido un solo dedo en defensa del que lo sacó de la indigencia; procurándole el altísimo bien material del que goza en la actualidad, sacado del bolsillo de los contribuyentes de este más que desgraciado País.

Igualmente es de locos ver como nuestro Rey abrazó y besó a Santiago Carrillo, en el día recordatorio del 23 F, que se celebró en Las Cortes Españolas. Repelente personaje, responsable de todos los que murieron fusilados -niños incluídos- en Paracuellos del Jarama. ¿Es posible?

Señor, aprendimos tiempo ha, que «la democracia es una doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Régimen político en el que el poder pertenece y es ejercido por el pueblo, directamente o por sus representantes.

Que Locke definió los principios del parlamentarismo moderno; Montesquieu contribuyó con el desarrolló de su fundamental teoría de la división de poderes como garantía frente al abuso de autoridad y la tiranía y Rousseau introduciendo el componente netamente democrático de la voluntad general como única fuente legítima del poder, y de la soberanía popular como garantía principal de los derechos humanos».
Y resulta que en nuestro Parlamento -la casa donde se paren las leyes que han de acatar los ciudadanos o ir a la cárcel- la mayoría parlamentaria gobernante se rige no por el principio de controlar al ejecutivo -Gobierno-, como es la obligación del poder legislativo, sino en obedecer sus ordenes que son los intereses del partido político a que pertenezcan.

Órdenes dictatoriales dictadas mediante contraseñas digitales. Ya que existe la prohibición de votar en conciencia, so pena de perder la manduca que tan generosamente les ofrece el pesebre con nuestro dinero. Y, por supuesto, el principio de ponerse el sueldo que se les ponga en los cojones y el abuso de cobrar la pensión máxima si repiten legislatura. Es decir, estamos hablando del mayor estercolero del País.

Por lo que tratar de sistema democrático a lo que tenemos en España es un insulto a tan noble opción de convivencia. Ni en la llamada dictadura Franquista, tuvimos una convivencia trincona, tan de baja ralea, acanallada, traidora y dictatorial, como la que tenemos en la actualidad.

Repito, una vez más, que el General Francisco Franco Instituyó la mejor Institución médica del mundo, llamada Seguridad Social; estableció las dos pagas extras anuales para ayudar -sobre todo- a los más humildes; un Tribunal para la defensa de los trabajadores españoles y un sinfín de medidas benefactoras, entre la que se encontraba el no pagar impuestos-que estos golfantes las han mandado al rincón del olvido.

En la actualidad democrática, de cada 100 euros que gasta un ciudadano español en todos los artículos que necesita adquirir para subsistir; alrededor de 80 euros son para pagar los impuestos que van incluidos en todos los precios de venta al público.

Por lo que no es de extrañar que tanto el Parlamento como el Senado sean unos estercoleros desechables para la convivencia feliz de los sufridos y explotados contribuyentes.

Señor Rajoy, tiene la obligación, si es que, en su momento, fuera Presidente de nuestro País, de que todos los diputados vivan de su trabajo y acudan al Parlamento un número de días salteados y equivalentes a un mes. Que serán los días necesarios para legislar todo lo conveniente. Por lo que el Parlamento estará cerrado once meses del año y sin gastar luz.

El Senado -ese vivero de vagos y maleantes que nos cuesta un montón de miles de millones de euros- ha de desaparecer ipso facto. De igual modo han de pasar al olvido todas la Autonomías, con sus pandillas de trincones. Nombrando a un único gobernador por provincia.

Igualmente es necesario que ningún político cobre más de cuatro veces el salario mínimo acordado para un trabajador Español, 641,40 euros mensuales. Ahorrando de inmediato el montón de miles que se llevan las legiones de mindundis que entran en la política para trincar, lo que no está en los escritos. Cada político en función -como poco- se lleva al mes, diez o más veces el salario mínimo establecido.

De igual tenor, se acabaron las listas cerradas con el dictatorial guaperas del encabezamiento. Al macarras de la lista se le acabó la chulería mandona. Siendo los ciudadanos los que nombren con su voto al que ha de ser diputado. Y no la costumbre tiránica de listas cerradas. Auténtica dictadura.

Igualmente han de desaparecer los cientos de coches blindados que han adquirido los servicios del Estado Central, así como las dilapidadoras autonomías de este insólito y desquiciado País.

Por último Señor, es para llorar a moco tendido cuando se acuerda uno de los sindicatos tragones que tenemos en España. Sindicatos que subsisten, no de las cuotas de sus afiliados sino de los impuestos del contribuyente. Por lo que se las ven y se las desean a la hora de congraciarse con los trabajadores que representan.

Y que pasa con los asesores -seiscientos se dice que tiene el presidente del gobierno a su servicio- que se supone sean amigotes, familiares y coleguillas del partido, con un sueldazo.

En fin, Señor, esta es mi súplica en beneficio de todos las personas que viven y trabajan en nuestro País; y que me gustaría fuera atendido, por considerarla una muy justa reclamación.

Reciba un cálido y afectuoso saludo.

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