En Cataluña se llama democracia a no respetar la legalidad vigente, a manipular los resultados electorales

Democracia a la catalana

Consiste en mantener actitudes victimistas, y endiscriminar a la mayoría que no está por la secesión

Democracia a la catalana
Manifestantes independentistas en Cataluña. CT

Todo pueblo tiene sus estereotipos, su patrimonio cultural y etnográfico, su «marca». Dentro de la «marca catalana» figurarían cosas como la crema catalana, el cava, el pantumaca y la butifarra, además de tradiciones como la sardana, los «castellets», y últimamente los goles de Messi.

Sin embargo, a esta colección hay que añadir lo que podemos llamar «democracia a la catalana», un engendro único en la historia humana, que causará verdadero pasmo a una posteridad incrédula ante los «poltergeists» de la República de Bacavia.

Para empezar, se habla de «presidencia coral». Yo, la verdad, nunca he visto un coro presidiendo un gobierno, pero seguro que algo desentonarán cantando «Els segadors». Y la nueva catalanada de la «presidencia rotatoria» recuerda las puertas giratorias hoy tan denostadas. El caso es que con tanta gente en la presidencia se podría hacer todo un «castellet», siempre que no se ponga en la cúspide a Oriol Junqueras, por motivos obvios.

Otro fenómeno paranormal que se le puede atribuir es que ha inventado el plebiscito sin plebiscito, ya que sí lo era previamente a las votaciones, y después, cuando perdieron por número de votos, ya no lo era, puesto que lo que importaba era el número de escaños. Total: inventaron una victoria fracasada, y un fracaso victorioso. Incluso hay comentaristas prestidigitadores que pretenden rocambolescamente demostrar que el 48 % del SÍ es superior al 52% del NO. Y eso a pesar de que el NO consiguió 190.000 votos más. Cosas veredes.

Rocambolesco y grotesco es también que Mas no haya dimitido ipso facto. Alex Salmond, el líder independentista escocés, no tardó ni un minuto en dimitir tras perder las elecciones. Pero en esta democracia de pantumaca se mantiene en el poder a un personaje que ha fracasado, que ha llevado a su partido a la mayor hecatombe de su historia, entregando sus votantes tradicionalmente burgueses a la izquierda radical… y que ha formado parte de la cofradía del 3%.

Porque esa es otra, ya que Cataluña presenta actualmente una «Democracia Nostra», fundada como mafia por el padrino Jordi Pujol, quien, ejerciendo de maestro Yoda de los caballeros Jedi -con el cual tiene, como habrán podido advertir, un asombroso parecido-, hacía levitar con sus superpoderes naves cargadas de de bolsas de basura repletas de euros, al estilo Julián Muñoz, para hacerlas aterrizar en clandestinos aeródromos andorranos, y suponemos que no era para comprar tocadiscos. De este clan mafioso salió Mas, como el «pequeño saltamontes», aprendiz de brujo y maestro del 3%.

Y este energúmeno, además de saltar montes, también se salta las leyes que es un primor, como si fueran vallas campestres o charcos embarrados, y se las pondría por montera si no fuera antitaurino. En eso sigue fielmente a la musa de la democracia catalana, el Hada Colau, que llama sin ningún pudor a desobedecer las leyes injustas, que son precisamente las que no les gustan, que para eso esta chusma se cree en posesión de la verdad absoluta

Esta democracia catalana igual te pone urnas para jugar a una especie de «monopoly» de la independencia, en contra del Tribunal Constitucional, que te monta un plebiscito igualmente fuera de la ley, llamándolo «rebelión democrática». O sea, es democracia lo que le conviene y se ajusta a sus intereses, y no lo que respeta la legalidad vigente.
Y, ¿qué decir del bananero modo de valorar los votos, al estilo de un auténtico «pucherazo» caciquil? Barcelona, la provincia menos independentista, tiene 4 millones de electores, y las demás solo suman algo más de 1,5millones entre todas.

Sin embargo, a Barcelona solo se le asignan poco más de la mitad de los escaños de un total de 135, con lo cual cada escaño le cuesta 2,4 veces más que a Lérida y a Gerona, provincias claramente independentistas. Para más irregularidades, se convocan las elecciones en el megapuente de la Mercé en Barcelona, con la intención de favorecer la abstención en la provincia más constitucionalista. Ni Hugo Chávez lo hubiera hecho mejor.

Y corre el rumor de que las barretinas serán sustituidas en breve por el «pakol», el gorro de los talibanes, con el cual se podrá aplicar la «sharia» catalana con más rigor. ¿Y cómo se aplicará? Pues con la hoz típica de las degollinas que tan bien manejan los segadores catalanazis, con técnica aprendida de los antiguos almogávares. Ya lo dice la letra de «Els segadors»: «¡Buen golpe de hoz! ¡Buen golpe de hoz! -¡Defensores de la tierra!- ¡Buen golpe de hoz! ¡Afilemos bien las herramientas! Que tiemble el enemigo al ver nuestra bandera: como hacemos caer espigas de oro, cuando conviene segamos cadenas».

Quizá no lleguen a tanto estos talibanes filonazis, pero lo que sí es seguro es que, de haber una cadena humana constitucionalista en las Ramblas, le echarían cabezas de cochinillo desde los balcones, y buscarían a un Sansón -que podría ser el «Katalán» de los almogávares, monstruoso y gigantesco, sediento de sangre, que es un verdadero ogro para tantos niños balcánicos y griegos- que, en vez de una quijada de asno, blandiera una cabeza de cochinillo como arma de destrucción masiva y la emprendiera a cochinillazos con los catalanes españolistas. Aunque, si la cadena se efectuara en los campos, pondrían en marcha los aspersores, por supuesto, aunque con agua, nada de cava para esa chusma.

Y, visto el panorama, a la hoz le seguirá el martillo de ERC y CUP. Al tiempo.

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