Pablo Iglesias abomina de muchas cosas de España. Entonces, ¿por qué aspira a gobernarla?

¡Váyase, Señor Iglesias!

Así le va en las encuestas: no se comerá el Turrión en Navidad

¡Váyase, Señor Iglesias!
Pablo Iglesias haciendo el indio en un mitin. EP

Nuestra todavía breve historia democrática nos ha dejado frases para el recuerdo, que algún día figurarán en antologías al uso. Por ejemplo: «Puedo prometer, y prometo…», «¡Todos al suelo!», «¿Por qué no te callas?» etc… Pero confieso una especial predilección por aquella que dice «¡Váyase, seorsáles!», que Aznar le espetaba a Felipe González cuando estaba en la oposición y tenía bigote.

Y me gusta porque puede aplicársele perfectamente al Sr. Pablo Iglesias Turrión, aunque alguna de las demás también le cuadran, en especial la de la llamada juancarlista al silencio al mismísimo Hugo Chávez, del cual el Sr. Turrión es un pertinaz y pesado ventrílocuo. Veamos.

A usted, Sr. Iglesias, no le gusta la monarquía, pues dice que el Jefe del Estado debe pasar por las urnas. Pues déjeme que le diga que usted comparte con el Sr. Rajoy el lugar más bajo de las valoraciones de los líderes políticos, asunto en el cual Felipe VI le gana por goleada. También me resulta chocante que usted quiera hacer de España una socialdemocracia al estilo nórdico, sin caer en la cuenta de que, menos Finlandia, todos esos países son monárquicos.

Para usted la monarquía puede ser un «Juego de tronos», pero seguro que al Rey le gustaría regalarle la serie «Juego de soviets», solo que con tantas purgas, gulags, chekas, revoluciones culturales y esas cosas la sangre salpica demasiado, a lo «300», y hay tanta evisceración, que la serie queda un pelín «gore», y por educación Felipe VI no se decide a regalársela.

Tampoco le gusta nuestra bandera, que jamás se exhibe en sus «manis», ni en sus mítines, ni en sus asambleas… A usted le pirra más la bandera griega, el «sirtaki» más que la jota, el Partenón más que la Alhambra. Otra de sus banderas es la del orgullo gay, que ondea aparatosa y desafiante en las balconadas oficiales de Madrid. Y, por supuesto, la bandera morada feminazi.

Y, ¿qué decir del himno español? Para usted es una «cutre pachanga fachosa», solo apta para comparsas carnavaleras, para pitadas de libertad de expresión de los catalanazis. Seguro que usted tendrá en su móvil como sintonía la música clásica de la «Internacional», que nada más oírla se le levantan a uno los puños en gesto reflejo, himno que cuando lo oye le entran ganas de invadir Polonia.
Siguiendo con esta lista de descartes, para usted nuestra Constitución es un simple «papelito», que vaya usted a saber para qué se puede usar.

Para papelón, el de la Constitución venezolana, que, al parecer, permite machacar las disidencias, y también el papelón que a usted le gustaría desempeñar en nuestra Patria, con ese «por el cambio» que a mí me da auténticos escalofríos. Porque admítalo, Sr. Turrión: usted, en el fondo, no es sino un actor secundario metido en un papelón que usted mismo se ha otorgado, un presentador barato de telebasura que ha creído oír en una parte del pueblo español algo así como «¡Sálvame!».

Usted también ha dicho que tampoco le gusta la Transición del 78, ya que era la perpetuación del franquismo -¿otra marca blanca?-. Ha llegado a decir que hay que hacer saltar el candado del 78, como si fuera a reventar una caja fuerte, lo cual no sería extraño, dada su afición a las tuerkas.

Tampoco le gustan los toros, no sabemos muy bien si porque es una fiesta -y a ustedes los podemitas no le van mucho las zarabandas, a no ser que las organicen los okupas en sus patios alternativos, o los gays en Malasaña-, o porque es «nacional», y por eso hay que cargársela. Sin embargo, le confieso que no sé si a usted le gusta la paella, la tortilla de patatas, la sangría, o Manolo Escobar. Algún día nos enteraremos.

Pero le confieso que lo que más me horroriza es que usted defienda el derecho a la autodeterminación, como buen republicano, que manifieste que cada comunidad tiene derecho a decidir cómo quiere estar en España, que proteste por las acusaciones a Juana Chaos, que sea el contacto en Madrid de «Herira», el colectivo de ayuda a los presos de la ETA. Me da repeluzno que usted, al que no parecen gustarle tantas cosas de nuestra Patria, no haya dicho todavía de manera rotunda y clara que condena sin ambages el terrorismo etarra.

En fin, que ante todas estas cosas, se me ocurre hacerle una pregunta muy simple: Sr. Iglesias, ¿por qué quiere gobernar un país que no le gusta nada? ¿Por qué no se busca otro? Puede usted irse, por ejemplo, a su amada Venzuela, donde podrá usted hacer el papelón de indio en plenitud con el decorado de fondo de su selva amazónica.

Es más, podría usted retransmitir desde allí en directo su programa de «Fort Apache», y además podría ponerse al frente del movimiento de «Resistencia indígena», con su coleta llena de plumas coloridas. También podría usted irse a apretar tuerkas a alguna fábrika de Corea del Norte. O, puestos en plan cósmico, tiene usted Marte por descubrir, así que podría animarse.

Pero me da igual lo que haga, porque lo que deseo es que usted se vaya, y que se lleve consigo a toda su patulea roja. Lo que le aseguro es que usted no se comerá el Turrión en Navidad, porque el equipo de «haka» que usted entrena no va a conseguir ningún título en las urnas de diciembre.

Así que váyase a dar la brasa a otra parte: «¡Váyase, seÑor Iglesias!»

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