Juan Antonio Cordero Alonso

Canicie, calvicie y sapiencia

Canicie, calvicie y sapiencia
Juan Antonio Cordero. PD

Nací en el 54, o sea que 62.

A punto de entrar oficialmente en la tercera edad, de la que los síntomas más visibles, canicie y calvicie, por este orden, se pueden disimular pero no ocultar.
Elena, a la que siempre escucho aunque no siempre hago caso, dice que las canas hacen al hombre muy interesante. Yo estoy de acuerdo con ella, sino por otra cosa, porque aún no soy calvo… aunque prefiero no presumir de ello.

Cuando llegas a los 65, este estado de bienestar que nos hemos dado nosotros a nosotros mismos (no hay ni redundancia ni plural mayestático!!!), nos permite vivir de una pensión a cambio de pasar a ser tercera edad, vamos a no pintar nada dentro del engranaje social… si bien nos va permitiendo según que cosas, como derecho al voto, no sé si muy bien si es porque no vale para nada… o para que no nos deprimamos demasiado y gastemos demasiado en farmacia.

Primero canicie, después calvicie (puede ser primero calvicie y después nada… pero es más raro), como síntomas más visibles -simulados o indisimulados-. También lumbalgias, colesterol, aumento de azúcar en sangre, perdida de reflejos, desmemorias y un etcétera tan largo que daría para una tesis doctoral… y no es esta la pretensión.

El caso es que comienza el deterioro y que esta impertinencia no nos pasa desapercibida. Intentamos, como podemos, llevar una vida saludable en alimentación y ejercicio prudente… pero, como la pena de Hernández, es un «perro que ni me deja ni se calla, siempre a su amo fiel, pero importuno».

Bueno, pues a esto, ahora, hemos de añadir una especie de efebocracia emergente recién instalada en política, que de malas maneras nos hace culpables de ser viejos a partir de los 40 o 50. Y nos hace responsables también de que las cosas no salgan como ellos desean porque existimos los viejos.

Claro que no tenemos ni tuvimos melena ni coleta, ni nuestra cara muestra la piel tersa y tampoco usamos nenuco como colonia habitual, pero hemos vivido, hemos trabajado, hemos hecho posible esta democracia para que vosotros, líderes jóvenes de partidos jóvenes o viejos estéis ahí, donde estáis… pero no haciendo lo que hacéis, o mejor dicho no haciendo alguna cosa que hacéis.

No estáis ahí de forma providencial. Es solo coyuntural porque vuestros partidos os han propuesto y, sobre todo, porque vuestros votantes os han votado. ¡Dad respuestas a vuestros votantes, y si puede ser, que estas sean creíbles, ilusionantes y esperanzadoras! Y si no puede ser, ¡callaros!.

Porque, podréis engañar a algunos durante algún tiempo, cierto. Pero nunca, a todos, siempre.

No insultéis la inteligencia de los que somos mayores, ni despreciéis su voto, ni deseéis su muerte… porque después de estos viejos vendrán otros viejos, con su vida a cuestas, su cara arrugada, sus achaques… y su sapiencia vital, concepto, éste, desconocido aún por vosotros por pura biología. Incluso vosotros, si no tenéis mala suerte, podréis llegar a viejos y seguramente vuestra dignidad exigirá el respeto y comprensión que ahora os falta.

No somos culpables de que no nos gusten los cuentos de hadas porque hace muchos años que dejamos de contarlos y también de creerlos. Tampoco somos culpables de pediros algo menos de soberbia prepotencia e incluso chulería, y algo más de humildad con mayores dosis de realismo.

Dejad de manosear palabras y conceptos muy serios (pueblo, democracia, igualdad, representación…) para esconder vuestro ego sobredimensionado, vuestra incomprensión de la realidad real, no la virtual…, la de la redes sociales, que en esa estáis muy puestos…

No se cambian las cosas cambiándole el nombre y ya está. No. Eso es puro maquillaje, que sabemos que solo es útil para el que se maquilla.

Primero se cambian las cosas y después el nombre. Así funciona la Realidad y su enciclopedia, que es la Lengua. Y no al revés. Porque cambiar la realidad exige analizarla rigurosamente. Analizarla para aprender de ella. Pero aprender es un acto, sobretodo, de humildad, de reconocimiento de que hay algo que puedes mejorar. Que diferente de «¿Qué parte del NO, no ha entendido, Sr Rajoy?».

Creo que es la soberbia, en este caso fundamentado en la ignorancia, la que está detrás de la negación autista de la asunción de responsabilidad, de la indefinición y ambigüedad calculada y de la prepotencia… y que ya va pasando factura en votos.

Los análisis «ad hoc» exculpatorios del propio fracaso, supongo que serán muy buenos como consumición interna, del «prietas las filas…» de los partidos.

Pero los votantes somos otra cosa. Y muchos, creo que cada vez más, podemos cambiar del PP al PSOE o a Ciudadanos sin ningún tipo de problema moral que nos quiete el sueño. Con pragmatismo, alejados de la divisoria buenos/malos o derecha/izquierda o progres/liberales o conservadores… justamente porque esos conceptos a base de manoseo han perdido su significado original para convertirse en poco más que vallas estabulares para el ganado.

De vez en cuando deberíais dejar la demoscopia y los asesores a un lado y escuchar lo que dicen los caminantes que ya han pasado por el lugar donde vosotros estáis ahora. Deberíais tomar alguna nota referente a las curvas, las piedras, las fuentes, las sombras y los engaños del camino, a las caídas y a las remontadas. Deberíais saber que a veces caminar significa renquear y que renqueante, en este caso, puede ser un buen antónimo de soberbio y arrogante. Tendríais que estar dispuestos a aprender alguna cosa y no desdeñar y detestar cuanto ignoráis como el castellano viejo de Machado.

Temerosos, ajados, cansados, con goteras…, sí. Pero mantenemos la dignidad de poder ver con nuestros ojos, hablar con nuestras palabras, de ser ajenos a facebook y twiter, no porque no podamos acceder a la tecnología, sino porque la vemos banal, insustancial, inconsistente y manipulable, y sobretodo porque no nos aporta gran cosa.
Esa es nuestra aportación y experiencia, la perspectiva. Sabemos lo que se puede perder… porque tenemos como referente el que alguna vez no lo tuvimos.

No os representéis a vosotros mismos sino a los votantes que os han votado. Sois vosotros los que tenéis que asumir la realidad para cambiarla, poco a poco, sin revoluciones, porque la realidad no os asumirá a vosotros porque sí. Os volatilizará si no les sois útil.

En 1609 Locke dijo que «Si la realidad no coincide con mis palabras, peor para la realidad». Las variantes de la frase son tantas como necios con pretensiones que en el mundo han sido.

Hace tiempo leí a un preboste socialista a propósito de una importante ley de Educación: «Si la realidad no coincide con nuestras leyes, peor para la realidad». Es casi imposible imaginar más condensación de soberbia en menos palabras. El PSOE, creo, tenía 204 escaños. Hoy, 85. Pero sigue actuando como con 204. Es posible que así comenzara la inflexión y el declive socialista.

¿Analizamos realidad? ¿Qué realidad? La realidad es lo que yo digo que es la realidad… dice el Secretario General.
Y así nos va… De Secretario en Secretario General, de victoria en victoria hasta la derrota final.

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