CARTAS AL DIRECTOR

Razones para una censura

Razones para una censura
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, felicita al recién investido presidente el socialista Pedro Sánchez, tras ganar en el Congreso de los Diputados la moción de censura presentada por el PSOE. EF

Soy uno más de los antiguos simpatizantes y votantes del Partido Popular, actuales detractores del mismo a causa del comportamiento de sus élites que, a lo largo de estos últimos años, cifran su estrategia política en el viejo aforismo ibérico de «defendella y no enmendalla» huyendo hacia ninguna parte, por lo que les ofrezco estas reflexiones antes de que cometan más errores que pueden resultar irremediables y de consecuencias no deseadas.

La estrategia de afianzarse en las propias posiciones es de recibo cuando se está en posesión de la razón, siendo totalmente censurable cuando se apoya en la prepotencia y la soberbia frente al rechazo generalizado a la gestión del Gobierno que, confiando estar en posesión de la verdad y lejos de corregir sus evidentes errores, ha persistido tozudamente en ellos aumentándolos en cantidad y calidad ignorando las justas reclamaciones de la población, de su electorado y de sus militantes.
Tratando de no cansar al lector me limitaré a señalar algunos errores entre los que destaca con luz propia la falta de respeto al ciudadano en sus relaciones con el Gobierno, traducida sistemáticamente en el silencio, indiferencia y negativa a sus justas y legales reclamaciones y solicitudes, «virtudes» que cuentan como abanderados a los señores Zoido Alvarez y su pupilo político Nieto Ballesteros, las señoras Sáenz de Santa María, Cospedal y Dancausa, y los señores Méndez de Vigo, Hernando, Maíllo, Casado, Merino y Martínez-Sicluna..

La lista de errores continúa con la permanente y obsesiva preocupación del Gobierno por la Economía en detrimento y olvido de sus principios básicos; no supone acierto alguno la creación de riqueza ignorando seguidamente las justas y razonables peticiones para su distribución.

Al DEBE pepero se suma el exasperante inmovilismo en su acción de gobierno, traducido en confiar que el tiempo resuelva los problemas sin mover un solo dedo, permitiendo la vulneración de la ley y la intervención en la vida política de los enemigos de España sin promulgar la normativa que lo impida ni aplicar la vigente contra ellos en lugar de una censurable tolerancia.

La ciega prepotencia de los dirigentes populares, creyendo que La Tierra no gira alrededor del Sol sino a su alrededor, ha llegado a dedicar una cerrada ovación en la Convención Nacional del partido en Sevilla el pasado 7 de abril a quien, días después, ha dimitido del cargo que ocupaba por encontrarse investigada en un procedimiento judicial.

Igualmente, la estulticia desplegada por las élites peperas llega a que, hasta ahora, han sido incapaces de realizar una oportuna, serena y justa autocrítica con el público reconocimiento y solicitud de perdón por sus errores en los que, por el contrario se han ratificado, presentándolos como aciertos achacando los errores al vecino al que, para facilitarle su labor de oposición y censura, han entregado los medios de comunicación.

Los dirigentes políticos populares han cometido el tremendo error de creerse los amos del cortijo: a los españoles no se les puede decir al día siguiente de unas elecciones que «si te he visto no me acuerdo». Las más elementales normas de educación prescriben que hay que atenderles y escuchar cortésmente sus planteamientos, reclamaciones y solicitudes, puesto que durante una legislatura hay que hacer méritos para ganarse el voto en las siguientes elecciones.

El Partido Popular no ha obtenido ninguna respuesta que no haya merecido, ni cosechado nada que sus dirigentes no hayan sembrado con la soberbia de la que públicamente han hecho gala y que, como decía Francisco de Quevedo, «nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió».
Los resultados de los sondeos de opinión sobre intención de voto no difieren del resultado de la censurada gestión gubernamental, no pudiendo extrañar que al igual que cualquier ex gobernante anterior o posterior, los cesados altos cargos populares tendrán que hacer frente a cuantas responsabilidades les sean requeridas, entre las que pueden contarse las explicaciones que la ciudadanía les exija sobre su gestión política en plena vía pública.

Es obvio que el Partido Popular debe soslayar cuantos riesgos se derivan de la censurada gestión de sus ex altos cargos cuya continuidad en el partido parece incompatible con la buena imagen del mismo, siendo su militancia el elemento principal y el motor de arranque para su regeneración.

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