La comida nuestra de cada día
Es la Política sin duda alguna,
Raras veces servida sin porfía
Y casi siempre con poca fortuna,
Más bien con más penuria que excesos…
Cuando en ella, si se halla una
Cierta abundancia, ¡coño!, es de huesos;
Lo cierto es que andamos un tanto flacos
Los comensales… Y más que obesos
Los Políticos… ¡vaya pajarracos!;
Por servirnos sudan la gota gorda,
Dicen, y acaban ebrios como Bacos,
Nuestros ahorros echando por la borda;
Y aquí no hay tan solo un mulero,
Aquí son más los de la mula torda,
Más los novios que en el abrevadero
De la Política llenan el vientre…
¿Qué es lo que pinta sino el Zapatero
En el Consejo de Estado que, entre
Necio o inútil, quien viva tal que él,
Como un rajá, no hay quien otro encuentre?
Hecho este inciso, es tal el panel
De Políticos que viven del cuento,
Que no hay en el monte bastante laurel
Para coronar a tanto jumento…
Resulta por tanto ser el oficio
Estéril de la Política, -miento
Si me desdigo,- este artificio
De vivir como Dios… ¡un gran invento!
II
Cuando al Gran Wyoming en la Tele veo,
No sé si le veo la cara o el culo,
Pues lo suyo es cocear como un mulo
Y de Las Boñigas ser el Gran Museo;
Tiene con la Derecha tal aperreo
Y con la Iglesia, sin ningún disimulo,
Tal rencor, que ni siquiera el más garrulo
Le da con su boca mayor ajetreo
Al insulto, tan solo por ser El Chulo
Más blasfemo, a pesar de ser ateo:
Tal siendo ¿a qué viene tanto cachondeo?;
Y para más INRI, siendo El Cachirulo
Mayor de la Izquierda, -no es ningún bulo-,
En su honor … ¡Joder, qué tío más feo!
