CARTA AL DIRECTOR

Una vez visto, todos somos muy listos

Una vez visto, todos somos muy listos
España: Elecciones generales del 28 de abril de 2019. EP

Hay una frase que resuena desde que este domingo viésemos los resultados electorales tras una precampaña plagada de encuestas y una campaña inusual en España. Y es que «una vez visto, todos somos muy listos».

Ahora surgen gurús que avisaban de los resultados pero con una voz enmudecida al parecer o quizá tirando de alfabeto rúnico.

Los resultados del Partido Popular son pésimos, es algo indudable, y algo que como dice Feijóo, debe ser, al igual que las victorias, compartido por todos.

En las anteriores citas electorales de 2015 y 2016 Rajoy no se enfrentaba a una derecha tan dividida pero si se enfrentaba a una extensa sombra de corrupción sobre España. Una sombra con nombres propios como Gürtel, Púnica, Bárcenas… Y ahora mismo, estoy convencido de que cambiaría ese panorama electoral por el actual con una derecha tricéfala, que aunque no lo parezca puede ser más fácil de torear que una campaña con la corrupción sobrevolando.

Las campañas son fáciles de analizar a toro pasado y muy complicado de ver errores de mensaje estando inmerso en ellas y puede que así haya pasado. Mientras nos afanábamos en ganar terreno a un VOX con un techo que ellos no esperaban y que estaba embriagado de cariño digital y likes, estábamos dejando libre un centroderecha falto de cariño en estos tiempos tan polarizados para la política en los que algunos partidos levantando la bandera ya consiguen 200 votos.

Y llegó Rivera; que con una disimulada ansiedad por encontrar un lugar después de que la salida de Rajoy lo dejara KO y por arte de algún sagaz jefe de campaña, encontró en el centroderecha un bastión – para él inexplorado- de votos que se sentían náufragos sin nadie al timón en medio de un océano con verdaderas y voraces fieras en busca de escaños.

Y así se consumó. Aquel partido surgido en el centroizquierda de tinte europeísta, pasaba a ser de centroderecha reformista y liberal.

La resaca electoral aún debe ser palpable en algún que otro rostro de esos fichajes estrella de Rivera. Si, me refiero a Ángel Garrido. Para él, estas elecciones han supuesto un triunfo superior que para el mismísimo Rivera. Porque después de dejar colgado al partido por el que ha ocupado cargos públicos ha visto como un ínfimo 1% le separa a nivel nacional de su viejo hogar. Pero yo por si acaso no cantaría victoria y miraría a VOX de reojo. Aquellos que pregonaban 60 escaños han visto sus deseos dañados con un golpe de realidad con 24 escaños en el congreso. Escaños que son igual de representativos que «inútiles» en cuanto al objetivo con el que se presentaban a las elecciones: Echar a Sánchez.

Echar a Sánchez, si. Esa era la premisa de esta campaña para todos los partidos de centro y centroderecha. Un mensaje negativo con el que se pretendía movilizar a los españoles para que votaran contra un presidente que está en las nubes, y no en sentido figurado.

Los ciudadanos parecen cada vez más cansados de mensajes negativos y dan la espalda a campañas que les dicen lo que deben hacer en vez de mostrarles lo que van a hacer por ellos.

Ha faltado mucho contenido por parte de todos los partidos en estos 15 días y ahora tienen por delante mayo. Un reto en el que ya trabajan para que no quede todo en un simple cambio de eslogan. Las estrategias empiezan a entreverse con virajes que no llegan demasiado tarde y con cambios en el discurso que llaman a estar pendientes de lo que está por pasar.

Sea como sea, los pactos están silenciados hasta el 27 de mayo igual que la subida de impuestos lo ha estado hasta el 29 de abril.
Conclusiones sacadas del 2017 y que hay que tener presentes:

Que nadie de nada por perdido ni a nadie por muerto. Susana Díaz cometió ese error con Sánchez y este domingo él, demostró lo contrario.

Luis Quiles

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído