Jose Andrés Mayo

Jose Andrés Mayo: «¿Qué futuro nos espera después del confinamiento?»

Jose Andrés Mayo: "¿Qué futuro nos espera después del confinamiento?"

Hay un montón de frases hechas: “Ya nunca será igual”, “Esto marcará un antes y un después”, “Será como partir de cero” o incluso el dramático “Será como volver a nacer”.

Cada uno que aplique aquella con la que se sienta más identificado, pero lo que nadie podrá discutir es que nuestro estilo de vida va a cambiar radicalmente dentro de unas pocas (o muchas) semanas.

Mi perspectiva es que cada uno de nosotros teníamos un camino más o menos establecido en el medio plazo, a nivel laboral, social, recreativo…, y de repente, nos han cambiado la carretera.

Algunos viajaban por autovías de tercera generación, otros por nacionales, algunos comarcales y los más desfavorecidos por locales, pero a partir de ahora, el problema es que no sabemos si habrá carretera.

Tampoco vamos a ser alarmistas, existirá, pero no sabemos cómo estará de señalizada, si tendrá arcenes, el número de baches o si los peajes serán demasiado frecuentes y a precios abusivos.

Para empezar, en ese futuro próximo vamos a olvidarnos por un tiempo de las aglomeraciones, concentraciones y reuniones masivas que tanto daño nos han hecho.

Y tendremos que considerar a las mascarillas como un elemento más de nuestro vestuario. Porque hasta que los investigadores no den con la vacuna definitiva, el miedo no saldrá de nuestras cabezas.

Las reaperturas serán parciales que nadie se lleve a engaño. Los paseos serán como en la época de los serenos, manteniendo la distancia.

Y los partidos de baloncesto, cines y playas serán nuestras últimas conquistas. Lo leí ayer en redes sociales: “El día que abran Pachá sabremos que hemos vuelto a la normalidad”.

Será el verano más extraño del mundo, pero vamos a ser optimistas y esperar que se produzca el levantamiento de la mayoría de las restricciones (salvo las excepciones obvias), eso sí, manteniendo el distanciamiento social, con aforos no superiores a un tercio (tiendas incluidas) y colegios abiertos para el que quiera o necesite. Raro no, rarísimo.

Este sería el orden lógico. Que la normalidad empiece en junio y acabe en diciembre.

Pero nadie tiene la bola de cristal, en especial, porque se desconoce hasta dónde puede llegar esta pandemia.

O el grado de avance de la vacuna. Ni cómo afectará en otros continentes.

También dependerá si en verano el virus no es capaz de sobrevivir o si a finales de otoño tendremos un nuevo brote mutado o sin mutar.

Ya nada volverá a ser como antes. No es una frase hecha, pero sí el título de una canción.

Jose Andrés Mayo

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