CUANDO EL DIABLO NO TIENE NADA QUE HACER

CUANDO EL DIABLO NO TIENE NADA QUE HACER

 

 

Hay a quienes les cuadra el apellido,

Y a quienes no; a la gran mayoría,

Con su ser no tiene ningún parecido;

 

Por citar alguno, el más común: García,

Que nada dice de quien lo tiene o lo lleva,

Ni en pro ni en contra, ni pena ni alegría,

 

Como a los peces que escampe o que llueva,

O, para cambiar de tercio e ir al grano:

Si hay apellidos que importan una breva,

 

Los hay, hasta con un cierto olor a ano,

El sentirse muy orgulloso de ellos,

Tal y como le pasa al Soberano

 

De la Coleta, el que con sus destellos

Constantes, día y noche, de ser ateo,

Se apellida Iglesias … Otros atropellos,

 

Que si no desazón, sí dan mareo:

Ser malvado y apellidarse Bueno,

O ser guapo con el apellido Feo;

 

Un caso que a mí me tiene al sereno,

Es el del periodista Jesús Maraña,

Quien con un discurso claro y ajeno

 

Tanto a la falacia y a patraña,

Tiene su apellido toda la apariencia

De los mosqueos y de la telaraña;

 

Pena que a veces le lleva su impaciencia

A perder el rumbo y a morder esquinas …

Y ya, sin más rodeos, la indigencia

 

Mental de ese tal Carmelo Encinas,

Que hace que le cuadre como las bellotas

Su apellido … Y acabo sin inquinas:

 

¡Mejor hozas, amigo, sin más pelotas,

Con los tuyos a la sombra de las encinas,

Para que te sigan pagando tus cuotas,

Que ahí es donde … tu seso atocinas!.

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Autor

Salvador Monzó Romero

Salvador Monzó Romero cuenta la feria según le ha ido y según le va, siempre ante la pantalla de la Televisión, reivindicando desde su sillón-bol, un tanto escorado a la derecha, su derecho a la crítica mordaz y ácida, pero con carácter moralizante.

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