Kadan Navarro Yale: «Carta del día 23, al eremita Don Antonio Escudero»

Sanz Briz

Paseando por las calles de Brunete, ya acaloradas por el inicio del solsticio de verano, volvemos al movimiento de retorno para recordar aquel homenaje que le hizo Brunete a las víctimas del holocausto en la primavera del 2018. Si nos lo permiten, vamos a centrarnos en lo que de verdad importa, y sin mérito ni demérito de nadie, es preferible dejar un poco a los políticos de lado, para que brille lo que por derecho propio es columna y sostén de los verdaderos principios; corazón y cabeza se unen en la cultura.

Hay frases, don Antonio, tan capitales como reseñables en ese acto.

Eva Leitman nos recuerda la terrible persecución y humillación que recibió el pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial.

No debemos olvidar querido amigo, don Antonio, los seis millones de muertos, entre ellos uno y medio aproximadamente fueron niños.

Miguel de Lucas nos recuerda a todos el peligro del odio en una frase memorable; el Holocausto nació en un país que en ese momento era el más avanzado de Europa.

Ángela Sanz Briz, nos abre la esperanza al dar a conocer como su padre salvó a 6000 judíos de manos de los nazis, lo que le valió el nombre del Ángel de Budapest.

Ante tal crisis humana y social, don Antonio, y con este panorama de enfermedades y desacuerdos, parece que hemos olvidado que la historia es la maestra de la vida.

Parece que últimamente elegimos poco la vida y se nos olvidan las cosas más importantes; pese a la divergencia de ideas debemos proteger la vida y todas sus formas, es el tesoro más sagrado, los ángeles de todos.

Debemos siempre, pese al castigo de las bestias, defender la vida humana, recordarnos a nosotros mismos y a los demás este deber y honor, es un deber. Si la inteligencia no tiene salud no es inteligencia.

Se nos ha olvidado el espíritu de servir, de servir a los pilares fundamentales de la vida, y nuestros líderes perdidos en el bosque de los errores, se les olvida cumplir con tal servicio.

La solución no está en ceñirse el cinturón un sólo un día, sino todos,  el bien ha de ser para todos y lo contrario al bien solo es ignorancia.

Los que no valoran la vida se pierden en fantasmagóricas ideas que tienen un grave problema de salud.

Querido don Antonio, usted y yo pertenecemos a generaciones diferentes y sin embargo nos respetamos y nos queremos, como un abuelo a su nieto y un nieto a su abuelo. Cuando hay amor hay entendimiento, y cuando hay valor para decir las cosas, ese valor se torna preventivo, y a esa prevención me adhiero siempre, es mejor apoyar a las víctimas que ser un cómplice cobarde de nuestra propia ignorancia y la de unos dirigentes, que por desgracia no aprenden del ayer para construir en el mañana.

Quizá algún día se vuelvan mas humanos, solo eso, mientras tanto tengamos paciencia y la más alta misericordia con todo y con todos, al fin y al cabo es ignorancia.

Gracias siempre a los Maestros del pasado por haber sobrevivido.

En memoria de todos los pueblos y personas que han sufrido persecución.

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