Cristina García Somalo: «Por qué estoy en desacuerdo con la teoría transexual»

Cristina García Somalo: "Por qué estoy en desacuerdo con la teoría transexual"

Me gustaría comentar una cuestión que he estado considerando desde hace varios años, pero que se ha acentuado durante la semana del orgullo LGTBIQ+, cuando vi un documental sobre mujeres y hombres trans. En primer lugar debo decir que siento el mayor de los respetos por las personas del colectivo trans, debido a que puedo hacerme una idea del tipo de situaciones que han tenido que vivir con sus familias, con sus amigos, en la sociedad en general. Lo sé porque yo he vivido ciertas de ellas por mi orientación sexual, aunque reconozco que es probable que no se acerquen al número o intensidad de las suyas. A eso le sumo mi completa certeza de que cada persona es dueña de su cuerpo y cada persona verá cómo trata el suyo. No estoy aquí para censurar, sino para dar mi opinión. No se me ocurriría ser obstáculo ante lo que cada uno decide que le traerá la felicidad.

Dicho lo anterior, confieso que estoy cada vez más convencida (y creo que estoy en mi derecho de pensar así) de que la transexualidad choca frontalmente con los costosos intentos de echar abajo los estereotipos de género, además de que pasa por el aro de la tradición patriarcal en su visión de la mujer y del hombre.

Puede que me falte cierta información para dejar de opinar así… pero por ahora, todo lo que veo y escucho (con atención, porque me enfada estar tan claramente en contra de una identidad sexual minoritaria y que ya sufre suficiente sin necesidad de que yo eche más leña al fuego) me lleva a esta conclusión.

Voy a intentar explicarme: He partido de la pregunta ¿qué es sentirse mujer? O ¿qué es sentirse hombre? Y en mi caso, al hacerme la primera pregunta, no encuentro ninguna respuesta que no esté directamente relacionada con los estereotipos de género que tanto aborrezco. Es decir, ¿qué se podría contestar a eso? De verdad que me siento bloqueada cada vez que me enfrento a esa pregunta. Y soy una mujer, así me he reconocido desde siempre, nací con el sexo biológico que lo corrobora el mundo científico, es decir… no tengo dudas al respecto. De hecho, la pregunta de ¿qué es sentirse un hombre? Me haría sentir la misma confusión en el caso de haber nacido con pene.

Creo que las mujeres que responden a esa pregunta, seguras de sí mismas, están hablando más bien de lo que la sociedad y la cultura ha decidido que es una mujer. Todos esos atributos o sentimientos que por lo visto debemos desarrollar: quizás la condición de cuidadoras, ser coquetas, ser pacientes, ser dulces… No lo sé, estoy poniendo cosas al azar que yo misma pienso que no son privativas de la mujer. Lo único, uniquísimo, que se me ocurre que me haya hecho sentir mujer es un dolor horrible en los ovarios producido por un quiste y les aseguro que puedo pasar el resto de mi vida sin volver a sentirlo.

¿Y el hombre? Valiente, duro, seguro de sí mismo… ni idea tampoco.

Y no tengo ni idea, porque pienso que todo eso, lo que puse para la una o para el otro, se puede sentir con independencia del sexo con el que se nazca, otra cosa es que si eres un niño y te muestras compasivo y dulce, se ría de ti todo el que lo vea y te enseñen a ser lo que se espera de un hombre (eso es muy diferente). Así que vamos a partir de la base de que los atributos de la personalidad no son específicos de hombre o de mujer.

Entonces… vamos a estudiar ahora la apariencia física. En este país las mujeres se visten de cierta manera, los hombres de otra (por lo general es así), cada sexo tiene su dress code más o menos amplio. Y sabemos a la perfección qué prendas son de hombre y cuáles son de mujer. En las tiendas de ropa se dividen ambas categorías. También los zapatos, los de hombre vienen de unas tallas mucho mayores que los de mujer. Si eres una mujer con un 37, difícilmente podrás comprarte nunca un zapato “de hombre” y si eres un hombre con un 45, tampoco te podrán vender un zapato “de mujer” (en la mayoría de las tiendas).

Es cierto que hay una tendencia que aplaudo efusivamente que trata de combatir los estereotipos dirigidos a bebés y niños/as encontrados en la ropa, los juguetes, etc. (no vestir a las niñas siempre de rosa y a los niños siempre de azul, no comprar exclusivamente muñecas a las niñas y camioncitos o pistolas a los niños…). Sin embargo, me parece un esfuerzo que tiene sus limitaciones claras, porque lo niños, las niñas, se fijan en los adultos y la sociedad de los adultos está plagada de esos estereotipos. Un niño sabe cómo viste su padre y la diferencia con las ropas de su madre…

Pero bueno, vamos a dejar ese tema ahí. Es decir, vamos a quedarnos con la idea de que hay un intento de cambio en la sociedad por que los y las niños/as no estén predeterminados por lo que el mundo dice que debe ser un niño o una niña.

Por último, están los atributos físicos externos (porque los órganos internos no parece que molesten tanto a las personas transexuales). Pene y testículos en el hombre, vagina y pechos desarrollados en la mujer. La existencia de mi vagina me dice que soy una mujer (no es que me empeñe en ello, es como nos hemos clasificado desde hace miles de años), pero la existencia de mi vagina no me dicta cómo tengo que vestirme ni cómo tengo que comportarme. Igual que la existencia de un pene en los hombres no debería darles determinados privilegios que parecen haberse atribuido… y en ello estamos.

Cualquiera estará de acuerdo conmigo cuando digo que “ser una mujer” no es ponerse una falda u orinar sentada y “ser un hombre” no es bañarse en el mar con un pantalón corto o mear de pie. Entonces, he aquí mi pregunta ¿a qué se refiere una persona transexual cuando dice “yo me he sentido mujer desde que nací”? Porque hasta ahora, todos los testimonios que he escuchado o leído sobre la experiencia vital de las mujeres transexuales, empiezan con un relato en el que se recuerda que siendo muy jóvenes, se ponían a escondidas los vestidos y las joyas de sus madres. ¿Eso da una justificación? ¿Eso quiere decir que por dentro son mujeres? ¡Vaya! Entonces tenemos un grave conflicto en la comunidad LGTBQ+.

Llevo los 37 años de mi vida luchando por no ser menospreciada al no vestir o comportarme según me dicta esta cultura. Me niego a conceder que ser mujer tiene que ver con el modo en que una se vista. Por ahí no puedo pasar, porque he pagado un precio muy alto por ser como quiero ser. Desde pequeña me ha atraído siempre la ropa “masculina” porque está diseñada para la acción, no para la pasividad, está pensada para la libertad de movimientos y yo era una niña que se quería mover y que quería ser protagonista activa de su vida. Nunca jamás me he puesto un zapato con tacón por la sencilla razón de que son incómodos y no podría salir corriendo tan rápido como lo hago si fuera necesario. Y con cualquier zapato de hombre sí podría. ¿La teoría transexual me está diciendo que por querer vestirme con la ropa que la sociedad dice que es para un hombre yo soy un hombre? Por ahí no puedo pasar.

La teoría transexual está diciendo que “ser mujer” o “ser hombre” es algo específico que no tiene que ver con el sexo biológico… y yo pregunto ¿qué es eso específico entonces? ¿y dónde está? ¿y cómo se siente?

Como decía al principio de esta reflexión, todo eso va en contra del intento de abolición de los estereotipos de género, porque la manera en que las personas de la comunidad transexual demuestran que son hombres o mujeres es vistiéndose como la sociedad patriarcal ha decidido que nos debemos vestir los hombres y las mujeres. ¡Vaya concesión! ¡Vaya paso atrás en la evolución de la igualdad de género! ¡Es escandaloso, contradictorio y contraproducente!

Soy lesbiana, no soy un hombre. Me visto como me parece que estoy cómoda. Y hay que tener los ovarios bien puestos para escuchar a lo largo de una vida los comentarios y las opiniones no solicitadas de todo el que me rodea sobre cómo me debería vestir para resultar “más femenina”. Yo no quiero ser “más femenina” en el sentido que le atribuye esta sociedad. Me parece incómodo y poco práctico. No me gusta ni siquiera cómo me queda y les aseguro que me podría quedar bien porque tengo una hermana gemela de mis mismas dimensiones, muy “femenina” que está encantada con llevar ese tipo de ropa y le queda genial. ¡Olé por ella! No es para mí.

Ruego que alguien me saque de mi error si estoy pasando por alto algo que lo cambia todo, pero llevo años pensando en esto y no doy con qué puede ser. Me reafirmo, sobre todo, cuando pienso en un mundo hipotético, futurible, en el que una persona pudiese vestirse o comportarse como le diese la santa gana. Imaginemos que no hubiera ropa de hombre o de mujer, solo ropa. Imaginemos que no hubiera profesiones de hombre o de mujer. Ni peinados de hombre o de mujer… ni nada separado por sexos. Si a los niños no se les obligase a evitar el color rosa o el pintarse las uñas o un montón de variedad y gamas de colores que parecen estar prohibidos so pena de ridiculización; si a las mujeres no se les censurasen una serie de comportamientos, activos, aventureros, unas posturas corporales cómodas desde niñas ¿qué sería entonces sentirse un hombre o una mujer? Es más ¿Qué sería ser transexual? ¿Sentirían esas personas la necesidad de cambiarse de sexo? Si en el exterior no hubiese ninguna diferencia y tampoco en el comportamiento porque cada persona podría expresarse a placer ¿tendría algún sentido “mimetizarse” según las reglas de la sociedad? No. Ninguno. Punto.

Concedo lo que me dirían muchos a continuación. “En un mundo idílico… en esa utopía… vale… pero como este mundo no es así…”. A lo que yo respondo: No, el mundo que he pintado no es este. Entonces ¿qué? ¿pasamos por el aro? entonces ¿no luchamos? entonces ¿nuestra lucha es mediocre y contradictoria? Cada generación tiene la responsabilidad de cambiar un poco el mundo a mejor y por ello hemos avanzado desde la época de las cavernas. Siento ofender a las personas del colectivo trans, pero me parece que ese no es el camino, porque perjudica todo por lo que yo he luchado.

Para terminar, quiero ilustrar lo que opino con un ejemplo gráfico que cualquiera puede consultar en https://tejiendoredesgc.blogspot.com/2019/12/de-donde-eres-lucia-mbomio-y-moderna-de.html. Hay una viñeta de Moderna de Pueblo (a la que admiro y sigo con mucho interés) sobre el racismo en formas casi imperceptibles, algo similar a los micromachismos, que no se nota demasiado porque no lo hemos identificado como tal, pero ahí está. En esta viñeta aparece Lucia Mbomío, una conocida periodista española de raza negra a la que un chico vestido claramente con las ropas que la sociedad atribuye a los jóvenes negros le dice: “¡Yo soy negro por dentro!” A modo de comentario conciliador entre razas. Y ella permanece con un semblante indiferente. Debajo hay una explicación que dice “Que seas fan del rap, de la NBA, y de “The Wire” no te acerca a vivir lo que es ser negro. Y asumir que hay una forma de ser negro nos encasilla”.

Pues bien, del mismo modo, si eres una mujer trans y lo expresas por fuera, vistiéndote “de mujer” y adoptando los dictados de la cultura patriarcal, no te va a acercar a vivir lo que es ser una mujer, sino que te va a acercar a vivir lo que es ser transexual, y desde luego, asumir que hay una forma de ser mujer o de ser hombre, nos encasilla a todos y perpetúa los estereotipos.

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