TERRIBLES PESADILLAS

TERRIBLES PESADILLAS

 

El darle a la Calvo carretera y manta,

Se quitó el Sánchez un peso de encima;

Inculta, cuando no enojosa grima,

Solo verla y oírla causaba tanta

O más angustia que un día de calima;

 

Lo que se dice saber, era muy poco

Lo que sabía de lo que en su zoco

Se perpetraba, o qué trigo en sus eras

Se venteaba … Salía por peteneras,

Si le preguntaban, tal que viene el coco;

 

Tanta paz encuentre en su pueblo, Cabra,

Como al largarla el Sánchez, hallamos

Cuantos, viéndola punto en boca, no la abra

Ya más para asustarnos … Lo esperamos,

Pues para expresar más gozo no hay palabra.

 

La Celaá, la otra que el mismo asfalto

Pisa, es harina de otro costal;

Por suerte, hay que decirlo claro y alto,

Siendo, tal que es, la reencarnación del mal,

Comer el pan que amasaba era letal;

 

Más fea que Picio por fuera, por dentro

Culta, pero perversa, su tiempo como

Ministra de Educación, en el encuentro

Con la enseñanza lo ocupó, y en centro

Vil la convirtió, como quien cambia un cromo;

 

Tal como si los hijos fueran cabestros,

Quienes los han criado no son los maestros,

Somos sus padres, más que el Estado diestros

En esta tarea, como sus ancestros

A ella, porque nuestros hijos son nuestros

Y no del Estado … Si el amo al corral

La mandó, … ¡es lo poco que no ha hecho mal!

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Autor

Salvador Monzó Romero

Salvador Monzó Romero cuenta la feria según le ha ido y según le va, siempre ante la pantalla de la Televisión, reivindicando desde su sillón-bol, un tanto escorado a la derecha, su derecho a la crítica mordaz y ácida, pero con carácter moralizante.

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