Hasta ahora callados,
Ya sus propios barones
A cada cual lo llaman por su nombre;
Se oyen por todos lados,
Con un par de cojones,
Repulsas, sin que ya nadie se asombre;
Señor Sánchez: ¡oído
Al son y ojo al parche!,
Que hay señales de humo en el horizonte,
Y es tanto ya el ruido,
Que, como no se marche
Por su pie, si la cabra tira al monte,
Ya sabe su destino,
Puesto que de rumiante
Mamífero doméstico es su pelo
Por fuera, y su intestino
Por dentro, semejante
En lo demás por más que haga el canelo;
Sin el menor recato,
Incluso a su pesebre,
Como un fiel idólatra de sí mismo,
Intenta darles gato,
-¡ya el colmo!,- por liebre …
Viendo que por ahí se van al abismo,
Para que se dé cuenta
De que no está el horno
Para bollos y juega ya con fuego,
Que es tal ya la tormenta
Que levanta y el bochorno
Que causa, que, poniendo en ascuas su ego,
De veras, no un adorno,
Mutando está en ¡para siempre!, su … ¡hasta luego!.

