La corrupción como arma arrojadiza

Del periodismo de trinchera al de cloaca

Se banaliza el deterioro moral mediante el recurso del "y tú más"

La trinchera se ha llenado de fango y podredumbre, y la soldadesca chapotea en la mugre y dispara basura igual que los políticos profesionales, pues son su remedo: tú más, tú partido más.

Esa nueva profesión de tertuliano se ha hecho previsible. Tan previsible como la política de la que es eco. Es sencillo de prever lo que dirán unos y otros: lo que toque ese día en el argumentario del PSOE o del PP.

Los cambios de criterio se hacen al ritmo que marca el partido de referencia, Así, los voceros del PP, en el caso Gúrtel, empezaron cerrando filas frente al acoso del PSOE y la utilización del Estado de Derecho para eliminar a la oposición. Criterio que luego se ha ido cambiando, aunque no le faltaba parte de razón. Luego elevando la puja a la existencia de una mano negra que movía los hilos en una conspiración general. Luego que se trataba de casos aislados, que no afectaban al partido en sí. Y más tarde que el partido debía tomar medidas cuanto antes, con exigencias histéricas de cabezas de turco ya señaladas, por cierto, por la dirección de ese partido. Y en cada etapa de tan zigzagueante deambular han ejercido un contumaz dogmatismo.

No ha dejado de ser chocante que el empresario leonés Ulibarri, referencia omnipresente de la coyunda ladrillo-mediática, favorecido por el PP, haya sido presentado, por la misma Génova, como hombre de Zapatero, que también lo era, porque, a la hora de hacer negocios a la sombra del poder, las siglas no importan tanto.

Sobre el chivatazo a ETA o caso Faisán, los voceros del PSOE han seguido la estrategia dictada por Ferraz de utilizar Gúrtel como cortina de humo para pasar de rondón la infame pretensión de la Fiscalía de dar carpetazo a tamaño escándalo de Estado como es la colaboración con banda armada de policías a las órdenes de las más altas instancias del Gobierno.

Para unos voceros, sólo existe Gúrtel. Para otro, sólo el chivatazo. Unos utilizan Gürtel para esconder el chivatazo. Y otros el chivatazo, para minimizar Gürtel.

El periodismo de trinchera, de partido, ha degenerado en periodismo de cloaca pues ya no para, en su sectarismo, en su condición mercenaria, ni ante la corrupción, ni ante el delito. La trinchera se ha llenado de fango y podredumbre, y la soldadesca chapotea en la mugre y dispara basura igual que los políticos profesionales, pues son su remedo: tú más, tú partido más.

La respuesta moral a la pregunta de si es más grave el caso Faisán o el caso Gürtel es que ambos son graves, y en ambos se percibe la hondura de la corrupción moral de la clase política devenida en casta parasitaria.

Sin duda, en Gürtel está actuando la Justicia. Y en el chivatazo a ETA la Justicia es la cómplice necesaria, enfangada en la prevaricación, en la ocultación de unos hechos que una somera investigación hubiera aclarado en poco tiempo, haciendo estallar al Gobierno. Tan grave traición no puede quedar impune.

Pero la gravedad de un caso no puede servir como estratagema torticera para minimizar la del otro.

El periodismo se ha corrompido hasta ser mero espejo de la política. Como los políticos no son creíbles, utilizan ahora a los periodistas como intermediarios. La gente pronto dejará de creer en los periodistas, travestidos, por la sencilla razón de que practican la estafa y el engaño.

No es que el periodismo haya dejado de ser contrapoder -cosa que sucedió hace mucho tiempo- es que el espectador, el oyente o el lector han dejado simplemente de importar.

No se les sirve a ellos, sino a la facción de la casta que paga o incluso a la facción de la facción.

De hecho, los ‘casos’ sirven a la causa más profunda, y más abyecta, de ocultar los problemas reales, entreteniendo a la gente. Incluso se echa a la arena y a los leones a algunos miembros de la casta para que el público ruja, pero teniendo buen cuidado de no entrar en los debates a fondo, ni abrir fisuras en el sistema, como sería cuestionar la financiación a costa del contribuyente de los partidos o la ausencia de división de poderes.

Mientras, la gente sufre y es llevada a una situación de colapso económico y social, sin que tal situación sea reflejada por periodistas que no son más que ecos fieles de los partidos.

Apenas si hay reportajes sobre el sufrimiento de las gentes, sobre las penurias de los mileuristas, las familias, los autónomos y los empresarios (los auténticos, los emprendedores, no los mercantilistas, los ulibarris, del pelotazo a la sombra oscura del poder).

El periodismo, al servicio de sus auténticos clientes, podría ser parte de la solución, pero el periodismo de cloaca lo invade todo, al servicio de sus amos: la casta parasitaria.

Enrique de Diego

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