El pacto de Estado es imposible y retórica vacua

Los estertores de la casta parasitaria

Consta la aversión del jefe de la oposición a un pacto a la alemana

Aquel acuerdo monclovita no se puede reeditar

La propuesta de un pacto de Estado hecha por el monarca en su mensaje navideño es el reconocimiento de la situación crítica en que se encuentra la sociedad española e implica el reconocimiento del fracaso del modelo político expansivo puesto en marcha en 1978 y que ha generado y degenerado en una casta parasitaria expoliadora que está poniendo en riesgo físico la supervivencia de la población.

   Al tratarse de una monarquía constitucional o bien la propuesta, como es lógico, cuenta con el beneplácito del Gobierno, y representa su pensamiento, o bien el jefe del Estado ha llevado al límite sus atribuciones de arbitraje, tomando una iniciativa básica o enteramente personal. Hay datos para avalar las dos opciones, incluso para una tercera interpretación: estamos ante un pensamiento personal del monarca lanzada con conocimiento del Gobierno como globo sonda.

   A favor de que se trata de una iniciativa personal está el hecho de que el Gobierno se ha caracterizado por el más absoluto sectarismo. La misma propuesta parece un duro correctivo a un presidente que ha hecho de la mentira y el circunloquio en el diagnóstico un instinto perverso y que, en los últimos tiempos, sin base alguna, contra los datos reales, ha venido lanzando el concepto de recuperación.

   Tampoco es una propuesta que haya podido surgir del PP, cuya estrategia se basa en la espera de que el deterioro de la situación le siga favoreciendo en las encuestas. Consta la aversión del jefe de la oposición a un pacto a la alemana, que ha resultado lesivo electoralmente precisamente para la oposición, para el SPD.

   Si se trata de una iniciativa personal, en todo o en parte, del monarca, Zarzuela ha debido de entender que el desgaste galopante que sufre la clase política puede terminar afectando a la institución monárquica, si transmite la imagen de inactividad e inoperancia que es denominador común a Gobierno y oposición, y que recibe ya una alta censura de la ciudadanía en la encuesta del CIS.

   En realidad el pacto de Estado es imposible y se convierte en retórica vacua. Tiene el precedente de los mitificados pactos de La Moncloa, pero aquel acuerdo monclovita no se puede reeditar, precisamente porque es uno de los orígenes del big bang político y funcionarial, clientelista y nepótico, prebendario, que nos ha llevado a este marasmo.

   La casta parasitaria ha llegado a sus últimas contradicciones. No tiene nada que ofrecer. Sólo subidas de impuestos para mantener su tren de vida.

   La propuesta adquiere lógica contemplada como la huida hacia delante, como los estertores del sistema, como simple acuerdo de las dos principales facciones de la casta parasitaria. Implica el peligroso mensaje de la ausencia de alternancia y el intento de evitar la alternativa regeneracionista.

   En Alemania, tomada como modelo, no hay partidos nacionalistas, sólo nacionales, mientras que aquí el mismo PSOE es una ficción que incluye la dependencia de un partido nacionalista, como el PSC. Además, el PSOE gobierna en autonomías con pacto con los nacionalistas y sólo puede aspirar a volver a tener el poder en otras con acuerdos con formaciones secesionistas. La idea de Estado se ha desdibujado hasta desaparecer para el Gobierno y el PSOE, cuyo único objetivo es sobrevivir.

   El pacto de Estado –que Juan Carlos habría propuesta hasta en cuatro ocasiones en privado a los dos principales destinatarios del mensaje- se justificaría para afrontar la devastadora crisis que padecemos. Pero para ello, para crear empleo, habría de irse a una reducción del gasto, a bajada de impuestos, a una drástica reducción del endeudamiento reduciendo el sector político y eliminando la cultura de la subvención.

   Es decir, a una política diametralmente contraria a la errática y demencial puesta en práctica por el ejecutivo. Y también distinta y distante de la que ejecutan los dos partidos mayoritarios en las administraciones que controlan (con la tímida excepción de la Comunidad de Madrid).

   Sin ese contenido, el pacto de Estado sería una pantomima (es lo que es) y no pasaría de ser la última etapa de descrédito del sistema.

   La alta posibilidad de que la conseja regia sea desatendida no dejará  de pasar factura y representar descrédito para la monarquía.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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