Seguro que las medidas tienen ahorro energético pero coste político, también

Las escasas luces del Gobierno Zapatero

Las bombillas de bajo consumo que alegremente van a ser costeadas por unos ayuntamientos con bastantes aprietos

Las escasas luces del Gobierno Zapatero
Alfredo Pérez Rubalcaba. EFE

Cambiar el alumbrado de ciudades y carreteras cuesta 2.100 millones

El anticipo era la reducción de velocidad a 110, el grueso de las medidas van mañana al Consejo de Ministros dónde posteriormente serán cantadas por Rubalcaba como si fueran premios de la Lotería: «¡seis mil señales… 240.000 euros!», y así hasta completar la pedrea de las bombillas de bajo consumo que alegremente van a ser costeadas por unos ayuntamientos con bastantes aprietos.

Modernizar el sistema de iluminación no saldrá barato. El cambio de luces a nivel estatal, autonómico y local supondrá un gasto de unos 2.100 millones de euros, cifra que se obtiene de multiplicar los 4,2 millones de luminarias que hay en el país por los 500 euros de media que cuesta la actualización o el cambio de cada farola para adaptarla a los nuevos tiempos.

Y escribe Rafael Martínez Simancas en ABC que es una pedrea en su estricto sentido porque en caso de no ser sustituidas Blanco amenaza con lanzar piedras a las farolas y dejarlas tuertas.

Vienen tiempos de escasas luces. Olvídense de aquellas avenidas iluminadas con la lujuria del neón, el único consuelo poético es que algunos callejones coronados por una bombilla pelada se convertirán en rincones de tango y gatos.

Truffaut rodó una película basada en las dificultades que tiene el cine para imitar la noche en pleno día, «La noche americana», (película en la que Jacqueline Bisset brillaba a pesar de los filtros).

«Algo de noche americana» se nos viene encima cuando los edificios oficiales apaguen sus luces, recorten el termostato, y las farolas pasen a ser una especie en extinción que a su vez emiten la luz tenue de una estrella moribunda.

Personalmente la idea de caminar con un candil me parece un toque de distinción de la época victoriana pero no vamos a ganar en tropezones y sustos.

Agarrados a nuestras últimas bombillas de cien watios que compramos sin tener en cuenta a Gadafi, aguardamos la resolución del Consejo de Ministros como el que asistió al cambio del milenio, sin pestañear.

Pero no olviden que en el fondo (en la base de los recortes) está el efecto permanente de las pegatinas que se van a poner en las carreteras.

Nunca un gobierno dependió tanto de un bote de cola. Seguro que las medidas tienen ahorro energético pero coste político, también, ¡a todas luces!

 

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