El lamento Inútil.

MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Es lógico que los socialistas estén perplejos y que su candidato, en una inteligente decisión comparezca como «responsable» del partido socialista para afirmar que el tener deuda no es de izquierdas. Como el malestar es obvio, mañana lunes hay cónclaves socialistas. Por la mañana, la Ejecutiva y por la tarde-noche, el grupo parlamentario. Zapatero, una vez más, ha sorprendido a los suyos que parecían haber olvidado que el Presidente, continua siendo Presidente y además secretario general del PSOE, aunque el «responsable», al parecer sea el propio candidato. En todo esto hay bastante de esquizofrenia, pero los socialistas tienen lo que han querido tener.

Cosa distinta es la decisión, ya consensuada con el PP, de reforma de la Constitución. Son muchas las voces, de izquierda y de derecha, que no sólo muestran su sorpresa– ¡quien, no¡– sino que se lanzan a poner de manifiesto las lagunas de esta reforma. Lagunas de forma y de fondo. Que se ha debatido poco, que limita una forma de entender la política económica, que defrauda a la izquierda más izquierda, que debe ser sometida a referéndum y que ya que se habla de reforma pues hablemos de reforma y propongamos, como va a hacer el PNV, el derecho a decidir del pueblo vasco. Total, dirán algunos, se ha visto que cuando se quiere la reforma se hace en un «plis-plas».

A nuestro Presidente siempre le ha gustado la sorpresa, coger a los demás a contrapié, jugar en el límite, asomarse al abismo. En otros tiempos lo hacía mirando a su proyecto, a su idea de la política y siempre y en cualquier circunstancia con autentico desdén hacia la derecha representada en el Partido Popular que no a la derecha–¡vaya si lo es¡– representada por el PNV.

En época de crisis y después de un mes de Agosto para recordar, bien hubiera estado que el Presidente, no en el Congreso, sino en comparecencia en televisión se hubiera dirigido a todos los españoles para exponer y tratar de explicar este copernicano giro que sólo se entiende y se justifica porque la alternativa de no hacerlo hubiera sido terrible. Merkel y Sarkozy ya no están para muchas bromas y nosotros, los españoles, ni para una sola.

Formo parte de las sorprendidas. Creo que, efectivamente, las cosas se hubieran podido hacer de otra manera y en el tiempo que queda para que esta reforma sea aprobada por las Cortes se hace imprescindible una ingente labor pedagógica alejada de todo partidismo, de medias verdades o de medias mentiras. Lo que viene por delante, al igual que todo lo que ha quedado por detrás, requiere de un amplio consenso nacional.

Lamentarse por lo que hubiera podido ser y no ha sido es legítimo pero muy inútil, sobre todo cuando el presente, el ya mismo, acecha en forma de posible recesión y va a requerir esfuerzos comunes y compartidos aunque nada de lo que haya que hacer sea de nuestro gusto. Cuando las cosas vienen mal dadas el margen para el capricho se esfuma.

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