Reunión de Gernika.

MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Nergar lo evidente es tan absurdo como leer lo que no está escrito. Es evidente que ETA ya no es lo que era. Hoy tiene menos apoyo social que hace apenas cinco años, las FSE les pisan los talones todos los días y hoy en el País Vasco el clima social no es el que era. Es obvio que hoy estamos mejor que hace un tiempo. No es necesario ningún viaje en el tiempo para recordar a la perfección aquellos años en los que las víctimas se contaban a decenas y ETA campaba a sus anchas al otro lado de la frontera con Francia.

No se puede negar lo evidente pero tampoco leer lo que no está escrito. Ni en el Acuerdo de Guernika, ni en el documento de los presos conocido ayer se pide el fín de ETA. En ningún momento los firmantes exigen a la organización terrorista que desaparezca. No. Lo que se hace es apostar por el fín de la violencia a cambio de contrapartidas como es la amnistía, el derecho a decidir y la apuesta por el llamado «proceso democrático» que es como se denomina en los últimos tiempos a lo que todos conocemos como negociación pura y dura. Primero, el Acuerdo de Guernica y ahora los presos piden lo que la propia ETA ofreció el 10 de Enero.

Ni Bildu ni ahora los presos exigen a ETA su final, su desaparición como organización terrorista. Unos y otros hablan de conflicto «político y violento» que, en última instancia, solo quedaría resuelto si se concretara ese «proceso democrático»_es decir, la negociación_para abordar la amnistía de los presos y el derecho a decidir. Con otras palabras, con frases más o menos alambicadas es un poco más de lo mismo.

Sin duda es mejor que los presos hagan este comunicado que uno llamando a la violencia pero los que con entusiasmo casi adolescente hemos creído en muchas ocasiones estar tocando la paz con los dedos nos asiste todo el derecho del mundo a ser profundamente escépticos. Bildu gobierna en Guipuzcoa, sus representantes hablan de democracia, de derechos y, como no, de paz. Pero Bildu no se siente incómodo con una ETA aletargada y vigilante. Su «compromiso con la paz» ha tocado techo. Ni han pedido ni pedirán nunca que ETA se vaya, que desaparezca. Dirán que hay que arreglar el «conflicto» y aquí no hay más conflicto que el generado por unas personas que se resisten a entregar las armas. Si son demócratas ¿qué es lo que les impide exigir a los terroristas que dejen de serlo?. En lo que se está es en la pretensión sutil de que aquí no ha habido ni víctimas ni verdugos, que todo parte de una situación ex novo y que si hablamos como si nada hubiera ocurrido, como si todos hubieran sido iguales, el «conflicto» se acaba.

Desde hace un tiempo se está produciendo un lento desplazamiento de la presión. Hasta las elecciones, esta se dirigía, aunque con matices y timideces hacia los terroristas. Ahora se desplaza hacia los gobiernos francés y español para que tomen decisiones y apliquen ya mismo «y sin contrapartidas de ningún tipo los derechos que nos corresponden», que no son otros que la amnistía y un proceso de negociación_el de toda la vida_con el Gobierno. Si como auguran las encuestas, Rajoy será el nuevo inquilino de Moncloa ya puede ir sumando a su lista de problemas la persistencia de ETA y la consiguiente reclamación de una negociación política. Hoy Domingo la izquierda abertzale conmemora en Guernika el primer aniversario de la declaración que toma nombre de la emblemática localidad vizcaína. Hablaran de violencia, de paz, de derechos, de «todas las víctimas» pero ya verán. Nadie va a decir lo que todos deseamos oir: «ETA, kampora. ETA, fuera».

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