Que Dios nos ampare estos 54 días

MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Cómo se nota que aquí, el que más o el que menos, tiene los días contados porque cuando el final se ve cercano, aumenta la íntima libertad y hasta se verbalizan los sentimientos con una dosis de sinceridad que los intereses reprimían en los días luminosos de gloria, poder y el éxito. Y es que ese octosílabo que el fiscal general del estado -Cándido Conde Pumpido- ha dicho algo sorprendente y claramente distanciado de lo predicado por el candidato Rubalcaba y por el en funciones Rodriguez Zapatero.

Resulta que los presos de ETA ahora quieren una salida pacífica al «conflicto» y suscriben el pacto de Guernica en el que, por cierto, no se contemplan, claro, ni vencedores ni vencidos. Convendría recordar las biografías de quienes ahora piden paz, los asesinatos que jalonan sus «buenas» intenciones, las cosas que han dicho y hecho en la sala de la Audiencia Nacional, los arrepentimientos que nunca han existido, cómo no han tenido piedad ni con ellos mismos como el caso de Yoyes. Pero es que estos tipos que ahora se suman a una «salida pacifica» -imagino que por imperativo legal de ETA para beneficiar la política del Bildu- y que son los que brindaban con champán en los atentados, ponen condiciones para seguir lo que ellos llaman «el proceso»: quieren nada menos que una amnistía general, que se les perdone todo sin que ellos tengan nada por lo que pedir perdón y que, cómo dije antes, se haga tabla rasa del pasado sin vencedores ni vencidos.

Claro, esto lo escucha un ciudadano normal y se le disparan los pulsos. Pues para sorpresa general, Rodríguez Zapatero decía en su despedida que semejante barbaridad «es un paso decisivo hacia el final de la violencia fruto de una tarea colectiva de todos los demócratas». No daba crédito cuando lo escuchaba. Porque cierto que Rubalcaba estuvo más comedido aunque también le pareció una buena noticia este cambio de actitud de los presos etarras. Y es aquí cuando el fiscal general del Estado se descuelga -creo que por primera vez- con la rotundidad con la que habría de haber ejercido todo su mandato; sobre el asunto, Conde Pumpido ha dicho sencillamente esto: «es intolerable» y no quiso hacer más comentarios porque la pantomima no se merece una sola reflexión más: es, efectivamente, intolerable. Pero si la puesta en escena, la falsa adhesión de los presos terroristas a un hipotético proceso de paz, sus exigencias, todo, resulta intolerable y humillante para las víctimas y los demócratas, no se comprende cómo Rodríguez Zapatero lo puede interpretar sin rubor como «un paso decisivo hacia el final de la violencia». ¿No ha aprendido nada en dos legislaturas desastrosas? ¿Sigue sin haber nadie a su lado que le diga que hay cosas que conviene no decir? Dios nos ampare en estos 54 días que nos quedan

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