Los presos de ETA.

MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Siempre he pensado que es un error estar demasiado pendiente, casi analizando con lupa, cada uno de los movimientos, declaraciones, comunicados de la banda terrorista ETA o de su entorno. De todo ese sórdido mundo lo único que cabe esperar es lo peor, es decir, lo único que saben hacer: sembrar odio, destrucción y muerte. Los que estamos a este lado de la raya que separa a los demócratas de los violentos, lo que tenemos que hacer es exigir al Gobierno y a las instituciones del Estado que apliquen la ley, solo la ley, pero toda la ley para acabar con esta lacra que tanto nos ha hecho sufrir en los últimos cincuenta años.

Viene esto a cuenta del comunicado de una parte importante de los miembros de ETA que se encuentran en prisión, en el que sin condenar la violencia de la que ellos mismos han sido responsables y en muchos casos sujetos activos, parecen apostar ahora por lo que denominan una «solución democrática al conflicto». Lo primero que habrá que recordarles a estos presos es que si están en la cárcel no es porque robaran un kilo de manzanas en un supermercado o sustrajeran la cartera a una viejecita en un autobús. Están entre rejas por haber asesinado fría y cruelmente, o ayudado a hacerlo, a seres inocentes a través del tiro en la nuca o del coche bomba. Y la justicia que exigen sus víctimas conlleva que cumplan íntegramente sus penas en la cárcel.

Porque una de las peticiones que hacen estos presos en su comunicado es el de una amnistía total. Se olvidan, o al menos eso aparentan, que ya hubo una amnistía en nuestro país cuando la transición democrática por la que salieron a la calle todos los presos de ETA que en aquel momento estaban en la cárcel. Pero la banda terrorista siguió asesinando. Concretamente, de los 858 asesinatos cometidos por ETA, 46 fueron perpetrados entre 1960 y 1975, año de la muerte de Franco. Desde ese momento y hasta la actualidad, la banda terrorista ha asesinado a 812 personas. Es decir, el 95 por ciento de los atentados mortales de ETA han sido cometidos en democracia. ¿Y ahora quieren una nueva amnistía?

La foto de uno de esos presos de ETA, Jon Aguirre Aguiriano, responsable del asesinato en marzo de 1980 en Azpeitia de un niño de trece años, firmando el denominado Acuerdo de Gernika produce sencillamente repugnancia. Este individuo, que ha estado treinta años en la cárcel, no se ha arrepentido de nada, no ha pedido perdón a nadie y ahora pretende hacernos creer que apuesta por una solución no violenta a lo que ellos denominan «el conflicto vasco». Me temo que las víctimas del terrorismo y los ciudadanos vamos a tener que tragarnos en los próximos tiempos muchos sapos similares a este. Todos queremos el final de ETA, pero no a cualquier precio. Sobre todo, no al precio de ver mancillada la dignidad del Estado de derecho y de quienes han sido los directamente afectados por la sinrazón y la locura del terrorismo.

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