La Marea de Pérez Henares

Un tiempo que medirá la talla de quienes suponemos nuestros líderes

Llevamos tanto tiempo colgados de un mitin, cuatro años sin tregua y en la trinchera, que no nos damos cuenta de que de donde de verdad empezamos a estar colgados es de la brocha.

Tiene el país tal indigestión de política, se ha atrincherado de tal manera en partidismos y está tan pendiente de los constipados nacionalistas que apenas parece darse cuenta de que todo ello es ya escenario y sonido de un pasado. Que lleva tañendo ya meses otra campana que nadie quiere oir pero ya no puede dejar de escucharse porque si su clamoreo no inmuta a los escaños parlamentarios está llevando un temor creciente y cada día mas cercano a todos los españoles.

Ha salido huyendo el dinero, el gran dinero, pero el pequeño se esfuma en los bolsillos humildes. Lo que viene no es matemática política, perfectamente cuadrada para las huestes de Zapatero. El asunto, con serlo y grave, no es el viejo y enconado problema del terrorismo ni el arrastrado empeño de privilegios y poderes independientes de quienes siguen obcecados en romper la soberanía del conjunto del pueblo español sobre España y trocearlo en cachitos. Ello seguirá allí y sobre ello se seguirá vertiendo el discurso. Nos herirá, nos crispará, nos dividirá como nos ha herido, crispado y dividido en el pasado. Pero lo nuevo que viene y que no queremos afrontar es otra cosa. Es crisis, , es paro, es vaca flaca, es tensión social y es un tiempo para el que, tanto tiempo asentados en la buena leche de la vaca gorda, no parecemos saber afrontar con la seriedad y el rigor que hace falta.

En la cáscara de la almendra siguen las viejas monsergas, que si Carod se va y viene Urkullu y retorna quien nunca se marchó, CiU, que si los nacionalistas se atemperan o siguen en su raca-raca aunque con disimulo, o que si ZP aguantará o cederá parcelas de un Estado cada vez más raquítico en su vieja teoría de encuadernar el libro desencuadernado sus páginas. Esa es una. La otra, necesaria y quiero creer que inevitable, será la recuperación de los consensos que nunca debieron arrumbarse y la recuperación de la certeza de que al terrorismo o se le derrota o es el terror quien nos derrota a todos.

Pero la almendra que ahora esta en flor, la de la cosecha propia del 2008 será amarga. Y hay que decirlo cuanto antes. Hay que avisar y dejar de decir que con ella se seguirá haciendo el mejor de los turrones. El Gobierno tiene la perentoria obligación y la responsabilidad ante los ciudadanos de informar a la ciudadanía de cómo está el patio y de cual es el horizonte real que nos espera. Y que no será nube pasajera ni que va a escampar en un suspiro.

Zapatero no ha de tener problemas de mayorías, ni de poder, ni de partido, ni de oposición (que tiene bastante con lo suyo). No es un problema político al que ha de enfrentarse en la legislatura que ahora empieza. Lo que tiene por delante es un problema mucho más serio, es un problema de un país acostumbrado a la bonanza y al que hay que despertar del sueño de que no pasa nada y que todo irá viento en popa pasado mañana. A ver quien empieza a ser el guapo que le dice a España de que es llegada la hora de apretarse colectivamente el cinturón, apretar los dientes, rebajar sueños, posponer alegrías y ponerse a sudar la cuesta arriba. En ello hemos de ver al verdadero hombre de Estado, si es que acaso queda alguno digno de tal nombre en el país.

El éxito no es el momento de medir a los líderes. Es en la adversidad cuando se hace patente su verdadera talla. Y el tiempo que viene nos va a dar la exacta medida de todos.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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