La Vanguardia se ha unido a la campaña de fumigación de los grillos que molestan la siesta a los señores de Barcelona.
¡Qué listos es el Imperio Progre! Para repartir los mandobles a los medios de comunicación de la derecha emplea no sólo a sus pretorianos, sino, también, a legionarios de-derechas-de-toda-la-vida que están buscando un salvaconducto progre o que quieren hacer negocios. Así, La Vanguardia de la familia Godó -que tantos negocios hizo durante el franquismo y tantas portadas dedicó al caudillo- ha sustituido al ABC como punta de lanza del ataque termonuclear contra Losantos y la COPE.
El último cañonazo lo ha disparado Enric Juliana:
Son valientes estas palabras de De Prada, por una razón principalmente: hay mucha gente en Madrid que teme y vive con angustia las descalificaciones e insultos de la denominada emisora episcopal; personas cuya vida política y profesional puede verse negativamente afectada por el matonismo dialéctico; una sistemática agresividad que -ahora sí-, se ha convertido en seria preocupación para la Conferencia Episcopal Española. «Un dolor de cabeza», como dicen algunos obispos.
Conviene subrayar este punto. Oído desde Barcelona (o desde Bilbao, o desde Santiago) el fenómeno COPE tiene algo de pintoresco; de grotesco, incluso. Es la más vistosa de las exageraciones madrileñas. Hay bastante gente en España que escucha la Cope matinal para divertirse.
No sé si Juliana cree que a los madrileños que no escuchan la COPE se les agrede como se agrede en Cataluña a los militantes y cargos del PP y de Ciutadans y a disidentes del régimen nazionalista, hecho de los que su periódico ex franquista no suele informar. ¡Qué sería de nosotros sin el tono de superioridad de los señoritos catalanes! No me digáis que no tiene bemoles que una empresa de comunicación pida el cierre o la censura de otro medio de comunicación.
Juliana nos podía explicar qué le pasó a Eduardo Goligorsky, un argentino que llegó en 1976 a España, perdón, a Cataluña, huyendo de la Junta militar y que fue columnista de La Vanguardia durante muchos años, hasta que le echaron porque escribió un artículo especialmente duro contra la política lingüística de Pujol. También nos podía explicar cuántas portadas dedicó La Vanguardia a Franquito y cuántas audiencias pidió el señor conde al generalísimo. Yo ya le anticipo que el señor conde, el padre del actual titular, fue designado por Franco procurador en Cortes ¡dos veces!
¡La Vanguardia, el periódico del régimen, de éste, del anterior y del que venga!
CODA: Muy aconsejable esta columna de Luis Fernando Pérez Bustamante sobre las estrellas de la COPE y los católicos puros molestos por mezclarse con liberales.
