Excepto si uno es un Boris Izaguirre, algún personaje de la telebasura , un Nobel mediático o como poco ha vendido medio millón de libros de una tacada, el escritor que acude estos días al Retiro, mienta luego como quiera lo hace, con una mezcla de esperanza y miedo , que es más bien lo segundo y la esperanza que resulte lo más infundado posible.
Lo de ir a firmar a las casetas de la Feria del Libro en la capital de las Españas no es para nada un invento beatífico y placentero, salido del literario Parnaso sino del Infierno de las Letras , cocinado en las maquiavélicas calderas de algunos editores . La cosa no podía fallar porque apelaba a la vanidad del autor y si de algo no carece ninguno (y ahí estamos) es de ella. El talento habrá de suponerse, pero la vanidad es segura.
Así que cuando la editorial o una librería invitan al autor a firmar no hay uno sólo que se resista. Es más, lo reclaman. No firmar en la Feria es ser menos que nadie. Así que lejos de recelar de la trampa se acude a ella alborozado y si no la han dispuesto se exige su colocación con grandes voces.
La Feria del Libro de El Retiro está situado donde en tiempos estaba la famosa Casa de Fieras. Y tiene mucho que ver. Sólo que en vez de monos hay colocados escritores en las jaulas. Pasa el personal y los mira, los señala con el dedo o hasta les dirige algún gesto mientras come pipas, pasea al perro o monta en patinete. Algunos compran quizás algún libro. En los stand donde está “Copito de Nieve”, claro, hay aglomeraciones para el autógrafo.
Pero en los centenares de casetas donde el simio es digamos de a pie, lo que más suele haber son desencantos. Al autor, menos pedirle la firma, le preguntan por casi todo: desde donde puede encontrar un “Mortadelo” a donde están los urinarios más cercanos.
La vanidad del autor se resquebraja según pasan las gentes y se consume lentamente el tiempo de estancia . Y ahí es donde caben dos diferentes respuestas. Como en los monos. Los hay que se ponen a hacer monerías buscando desesperadamente una atención o los que se retraen hacia el rincón aguantando con toda la dignidad posible la soledad y las miradas . Hay quien recurre a la familia y toca a rebato a las amistades más cercanas. Incluso puede pedirse a la novia que compre dos o tres libros, que luego ya se los paga.
Ese es el momento esperado por el editor. Es cuando , con las ínfulas del escritor por los suelos, y tras consolarlo con toda falsedad y alevosía es cuando le pone ante su penosa realidad y le saca las mantecas. Si vienes a firmar y ya ves ya me dirás lo que tengo que hacer yo para venderte el libro, es su mensaje.
En fin, todo ello va porque me toca. Todo el fin de semana. Serán bienvenidos cualquiera que por allí se pase, compre o no, y de un poco de conversa y compañía. Da igual si es por motivo de paisanaje, de afición común e incluso en el improbable caso de encontrarse entre los lectores. Pero absténganse los críticos en tan crítico momento. Ya tiene bastante el escritor con los que pasan comiendo pipas y lo señalan con el dedo con gesto unas veces sólo displicente en ocasiones despectivo.


Nota: Si alguno en su infinita misericordia quiere hasta un libro estos dos mios son los más recientes y que podrá encontrar con facilidad . El viernes (de 6 a 8) estare en la caseta de «Libreria Blanco», el sabado de 12 a 14 en la de «Diálogo» y el domingo, tambien por la mañana, en «De Viaje».
