La Marea de Pérez Henares

La voz de las estaciones. Mirlo, el otoño. Petirrojo, el invierno.

El mirlo, el otoño. El petirrojo, el invierno

El canto del mirlo

Quedos son en los parques los sonidos del otoño. Se va apagando la luz , los trinos y el verdor. Tiempo de humedad y de hojas secas. Otros colores , no por menos vibrantes y luminosos menos bellos, se apoderan de los árboles . Se han ido ya muchos pájaros y casi no ha venido ninguno. Puede que un día pasen ya altas y lejanas, rumbo al sur, las grullas. Pero aquí en el suelo quedan los de siempre. Y entre ellos el mirlo , al que otras voces taparon en la primavera , es quien , amigo y siempre, cercano, quiere seguir cantándonos.
La canción del mirlo, del viejo mirlo conocido, en el crepúsculo es nuestra propia canción de los otoños. Tiene melancolía, si, pero tiene también un dulce regusto de lo próximo, de lo querido, de lo que abrazamos con cuidado y con ternura.
Canta el mirlo en cualquier seto o posado en aquella rama del madroño y mientras cae la luz parece que nos dice que no tiene porque ser áspera la noche.

El pequeño vencedor del invierno

Cuando nadie canta, cuando todo calla, y hasta la nieve silencia la tierra y la pisada, el pequeño petirrojo, el txatxangorri, el saltitos , “txan,txan,txan, de pechuga alegre , como si con el no fuera el mal tiempo es cuando canta.
Es un tiempo duro ¿y que?. El sabe bajarse a la ciudad desde la sierra cuando el hielo le amenace el corazón . Pero no puede ser que le congele la garganta. Con la primera luz inicia el concierto matutino, en el que a veces se deja acompañar por el colirrojo tizón y por el mirlo. Por el día se dedicara, que no es poco a buscar comida, que en esta dura estación no es cosa menor y hay que aprovecharlo todo, si una araña, pues una araña, y si un insecto, pues insecto. Y si hay un copo de avena, o una miga de la mano del hombre, pero a eso habrá que hacerse. Saltito a saltito , desafiando al frío, con el pecho bravío y rojo por delante, hasta llegar al atardecer y entonces desafiarlo aún mas desde un cobijo cantando hasta bien entrado ya el crepúsculo.
Es un pajarillo valiente y simpático el petirrojo. Y sin pretensiones de tenor resulta ser su canto uno de los mas variado, pausado y placentero que escucharse pueda. Pero ojo con el , si un congénere al oírlo no comprende de inmediato que el territorio ya tiene dueño, el petirrojo hincha el pecho y como si de una bandera de guerra se tratara se lanza al ataque. Es un pajarillo valiente, el petirrojo. Es todo un vencedor del invierno.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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