La Marea de Pérez Henares

El pais del voto cautivo

(insisto en la reflexión, ahora más aquilatada, sobre un tema que me parece de trascendetal importancia en nuestro devenir como sociedad y nuestro comportamiento político)

Cautivos de la sigla

Somos un país de voto cautivo. Sentimentalmente cautivo. O sea, cautivos por voluntad propia que es el cautiverio del que resulta más difícil salir puesto que se asume como parte de la propia existencia, del propio ser y del propio presentarse y actuar ante los demás. Los españoles no valoramos la acción política o gubernamental en función de hechos y resultados sino de pertenencia a una sigla. Son los “nuestros” y por tanto a ellos les queda entregada voluntad y voto de por vida en función de una cuestión no de razón sino de entraña.

Buena parte de la ciudadanía española- aunque tal vez sea lo más contrario al concepto de ciudadano y tenga que ver mucho más con arcaísmos tribales o caudillistas-se comporta así en sus decisiones políticas. Porque para poder emplear una metáfora divulgativa tal vez haya que afirmar que la mayoría del cuerpo electoral español se manifiesta más que como reflexivos ciudadanos como enardecidos hoolingans de un equipo de fútbol. Son de este o del otro y con eso vale. Los que hagan los suyos esta bien y lo seguirán siempre y hasta la muerte y los otros serán siempre los culpables.

El resultado para los beneficiarios, tal vez incluso el conjunto de la clase política, con especial intensidad en las siglas socialistas y todavía más definitivamente en los nacionalistas, es magnifico. Un verdadero cheque en blanco. Sobre todo si se tiene el poder. Porque si a un Gobierno la población no le responsabiliza de los hechos de Gobierno porque siempre va a estar con el al considerarlo “suyo” ya puede dormir tranquilo. Con dedicarse a la publicidad le sobra. Y a ello se dedica, claro.

En esto quizás se base esta notoria y escasa capacidad de respuesta de buena parte de la sociedad española ante hechos evidentes, situaciones de emergencia y sobre todo de critica a sus lideres. Aún más, pobre de aquel que pretenda, por encima de las siglas, aplicar criterios de cierta objetividad e independencia. Será tachado de débil o , aun peor, de traidor y de chaquetero. Aquí hay que estar con los “nuestros” aunque estos nos lleven a todos al barranco y nos vayan tirando a rebaños por el. Y al pobre que se le ocurra decir que la sigla no da patente de corso ni menos de bondad y que se puede con ella incluso conculcar los propios principios y cometer las mayores barbaridades será definitivamente expulsado a las tinieblas exteriores y considerado un repulsivo felón ya de por vida.

No es la primera vez que hago tales, parecidas y muy pesimistas reflexiones normalmente contestadas con cierta y santa indignación por algunos mas «creyentes». Pues bien, quiero completarlas ahora con otro añadido. Este comportamiento está mucho mayor asentado en lo que se conoce como izquierda y al menos como tal sigue siendo venerada en el imaginario popular. De todo siempre serán culpables los “otros”.
No hay razón, parece, que pueda remover tal sentimiento. No deja de ser muy lógico. El sentimiento es mucho más difícil de variar que el pensamiento. Por la esencial razón de que no admite razones. Ya lo decía Shaekespeare: el corazón tiene razones que la cabeza no entiende. Y esto no dejar de ser, en el fondo, una cuestión de amor y enamoramiento.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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